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40 Festivales, y recapitulando…

Palabras del dramaturgo Norge Espinosa, publicadas en su perfil de Facebook, a propósito de la edición 40 del evento

Mi primer Festival del Nuevo Cine Latinoamericano fue, por supuesto, el de 1989. Quiero decir, que fue el primero en el que formé parte de ese estado de ánimo que incluía irse de un cine a otro, conocer La Habana, a la que había llegado en septiembre como estudiante, a través de sus cines, para acumular, en una competencia que solo puede ser alentada desde la juventud, cuantas películas pudieran ser visionadas en una misma jornada.

Como todos los que fuimos parte de ese tiempo, emulábamos en visionar todo lo que se pudiera, falsificamos credenciales, discutíamos sobre lo que a algunos podía parecer una obra maestra y a otros un soberano clavo. Vimos pasar a Harry Belafonte, Huésped Eterno del Festival, y a otras celebridades como quien llega a su casa. En aquel Festival de 1989, el gran premio fue para Últimas imágenes del naufragio, de un Eliseo Subiela que ya empezaba a poetizar ciertas obviedades. El segundo Coral fue para Papeles Secundarios, de Orlando Rojas, que pude ver antes de su exhibición en el evento por pura casualidad, en la antigua sede de El Caimán Barbudo, junto a Bladimir Zamora. Muchos recordamos cuánto se habló de la película cubana, y cuán polémicos fueron los premios de actuación: Ernesto Tapia por el filme cubano (lo que se dio en llamar “la tapia al pomo”) y Noemí Frenkel, de Argentina, por la cinta de Subiela. El Karl Marx se vino abajo cuando la favorita para ese galardón, Beatriz Valdés, protagonista de La Bella del Alhambra, salió a entregar otro lauro. Agradeció la ovación que la compensaba del chasco con aquella frase que pasó a la memoria colectiva: “Todos ustedes son mi Coral”.

El Festival culminó con el estreno en Cuba del Conciertoratorio de Michel Legrand, retardado por la rotura del célebre telón de concha del coliseo. Bajo el mismo techo, en esa velada, estuvo el compositor, y Gabriel García Márquez, Alan y Marilyn Bergman, y muchos más, mientras Zenaida Romeu dirigía a los intérpretes de la ambiciosa pieza, entre los que recuerdo a Argelia Fragoso y a Linda Mirabal. En los recesos de la Escuela Nacional de Teatro, jugábamos Laura de la Uz, Lester Hamlet Veira Rodriguez y otros a parodiar las escenas preferidas de La Bella del Alhambra; sin imaginar que un año más tarde ella ganaría el Coral de actuación por su debut en Hello, Hemingway, o que el propio Lester acabaría dirigiendo cine. El Festival llega a sus 40 años, elegante manera de decirnos que hemos envejecido con él. Envejecido, sí, pero también crecido y acumulado vivencias y recuerdos. A ver quién se atreve a quitarnos lo visto. Y lo bailado.

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