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A medianoche el miedo es más oscuro

El asesino serial o serial killer, uno de los personajes icónicos del cine, resulta constante aglutinadora de la selección de películas que esta edición 42 del Festival de Cine de La Habana destinó para la sección A medianoche, dedicada tradicionalmente al campo del miedo y el terror en todas sus variantes y géneros afines.

Este año, el cine Acapulco acogerá el domingo 13 de diciembre a partir de las 10:00 pm, el programa integrado por los cortometrajes Del otro lado (Facundo Nuble, 2019), Ophidia (Lucía Granda, 2019) ambos de Argentina, Rumor (Maykel Pardini, 2019) de Cuba, y el largometraje uruguayo-argentino Al morir la matinée (Maximiliano Contenti, 2020). Otro rasgo definitorio de estas obras son las conscientes apropiaciones y referencias nada disimuladas al cine de terror contemporáneo occidental y asiático, sin que cierta sana ironía no sea añadida en algunas de las aproximaciones.

Los cortometrajes se decantan por la vertiente sobrenatural de la monstruosidad mítica (Al otro lado), el caníbal inmortal (Ophidia) y el fantasma vengativo (Rumor). Mientras que el largometraje remonta una vertiente más realista, a la vez que más grotesca, hasta desembocar en el más sanguinolento festín slasher y gore.

Del otro lado propone una concisa historia que se ancla en los tabúes comúnmente empleados por los mayores para normar las conductas descarriadas, desobedientes o demasiado atrevidas de los niños, como el clásico “Coco” latinoamericano o el Boogeyman norteamericano, en sus miles de variaciones etiológicas, de aspecto, rutinas y poderes.

En una época indefinida, quizás de la primera mitad del siglo XX, un grupo de niños decide desobedecer las reglas que prohíben traspasar un terreno prohibido, presumiblemente bajo los dominios del “Hombre de las ramas”: un ser misterioso y terrible a medio camino entre The Babadook (Jennifer Kent, 2014) y Slender Man (Sylvain White, 2018). La supresión de orígenes conocidos o explicaciones lógicas expanden en seres como estos sus dimensiones terroríficas. Son perversiones de la naturaleza racional, fallas en el modelo de la realidad, variables inesperadas y espontáneas que irrumpen dentro de la misma gran ecuación de la existencia. Pues el miedo es eminentemente inexplicable, y se ceba de lo desconocido.

Ophidia traslada su relato al entorno urbano contemporáneo. El principal escenario es una privilegiada mansión de sofisticado diseño donde, a la espera de presas que garantizaran su supervivencia y lozanía, se oculta un ser entre vampírico y caníbal, que sus creadores relacionan con las implacables grandes serpientes —de ahí su ilustrativo título—, demonizadas en la imaginería judeocristiana como monstruos insaciables y embajadores plenipotenciarios de Satanás. A la vez, se enhebra una sutil alegoría clasista que dialoga con cintas como Get Out (Jordan Peele, 2017), donde el racismo cimienta el relato de terror.

Con Rumor, Maykel Pardini suma un nuevo título al aun escaso cine cubano de horror, abrazando plenamente las fantasmagorías japonesas estilo la saga Ju-On (cuyo remake dio lugar a la saga occidental The Grudge) y Ringu —que también cuenta con el conocido remake intitulado The Ring—, protagonizadas respectivamente por las despiadadas almas en ardiente pena de Kayako y Sadako, rebautizada Samara para la versión estadounidense.

La asesina ineludible y vengativa de Pardini, que sacia sus cuentas pendientes con la abundante sangre de sus deudores, deviene brutal tributaria de estas melenudas vengadoras. Un leve detalle estilo Sé lo que hicieron el verano pasado (I Know What You Did Last Summer, Jim Gillespie, 1997), completa la cámara de horrores que el cubano abre de par en par durante unos intensos minutos.

Por su parte, Al morir la matinée es un gozoso, sangriento y satírico homenaje al cine slasher, splatter y gore, con abiertas referencias a momentos puntuales de obras claves del género como la independiente The Evil Dead (Sam Raimi, 1981), y a creadores uruguayos empecinadamente serie B y Z como Ricardo Islas.

De la autoría de esta suerte de Lloyd Kaufman o Jairo Pinilla uruguayos, es la cinta Frankenstein: Day of the Beast (2011), que se proyecta anacrónicamente en el cine donde Contenti despliega el relato del asesino “come ojos”, cuya diégesis se localiza en un tal vez nostálgico 1993, en pleno ocaso del cine ochentero de terror. El propio diseño del título remite a películas aún más añejas como las de William Castle, y la apabulladora banda sonora se alza como todo un Himno de la alegría fílmica B.

El propio Islas es a quien Contenti escoge para encarnar al demencial homicida que toma como prendas y manjares los globos oculares de sus muertos, durante la tanda nocturnal del ficticio cine Ópera: bautizado como la película homónima dirigida en 1987 por Dario Argento, cuyo poster puede divisarse en las paredes del lobby. Pues al final, un cineasta es un acaparador de miradas, todo un metafórico devorador de ojos.

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