2.056 visitas

Alfredo Guevara, intelectual cubano y la globalización: “Vivimos la era de la desorientacion”

Doctor en Filosofía y Letras, fundador del Instituto de Cine Cubano -ICAIC- y del Nuevo Cine Latinoamericano, ex Embajador de Cuba en la UNESCO y actual Presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, analiza la crisis del pensamiento de la izquierda, hace un balance de tres décadas al frente del ICAIC, y rescata la lucha por preservar la autonomía del pensamiento intelectual.

Es el hombre que luchó junto a Fidel cuando ambos eran estudiantes universitarios. Vivió la persecución, clandestinidad y la cárcel como líder estudiantil opositor a Batista, y luego del triunfo de la revolución, optó por la cultura. A sus setenta y tantos años, Alfredo Guevara sigue siendo una personalidad en América Latina y Europa, y un referente obligado en la autonomía y libertad creadora del cine de su país. No en vano encabezó la resistencia de los cineastas cubanos a los intentos de censura de los burócratas de turno a quienes no duda en calificar de “burros”, en sus alusiones barrocas y cargadas de críticas que abrieron y cerraron la última versión del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, realizada en diciembre último en la capital cubana.

Ávido lector y pensador agudo que aboga por la preservación de la autonomía intelectual en esta impronta bárbara de la globalización, hoy está volcado en sus memorias, ratificando la urgente necesidad del cruce de la política con la cultura porque sólo pueden ejercer la política aquellos seres cultivados, y no se puede ser un político ignorante, concluye con esa sonrisa irónica de quien viene de vuelta  pero que no opaca la mirada del soñador irreductible que sigue dando batallas.

-La globalización no es nada nuevo desde Alejandro y Marco Polo hasta la llegada de la revolución francesa, has dicho en un artículo. Sin embargo, agregas, la globalización tiene hoy un nuevo rostro que es el de la desorientación. ¿Qué significa vivir en la era de la desorientación?

Se trata de un fenómeno que no es nuevo. En ese artículo señalo todas las veces que se ha intentado globalizar el mundo, desde Alejandro que llegó tan lejos, por lo menos el mundo de su época casi lo globalizó. Pero desde tiempos más recientes—los que se corresponden con mi generación—venimos hablando de ese desmedulamiento de la conciencia que supone el dominio silencioso de los medios de comunicación. Se alcanzó un nivel de desmesura con las nuevas tecnologías, con la sabiduría que tienen los que pueden utilizarlas de un modo aplastante en que prácticamente no queda espacio para la autonomía intelectual. Es decir, la autonomía intelectual se ha convertido casi en un acto heroico. No creo yo que sean sólo decenas o cientos o miles, por supuesto que es seguro que en el mundo hay cientos y cientos de miles de personas que conservan su autonomía y la preservan y luchan, pero es terrible tener que luchar por conservar un mínimo de autonomía intelectual.

-¿Es por el peso de los medios de comunicación o de la circulación de un pensamiento  único?

Uno de los elementos es el peso de los medios de comunicación, la imposición efectivamente de una uniformación del pensamiento que se ha dado en llamar pensamiento único. Pero es también por la extenuación de una izquierda, un pensamiento no neoliberal, sino liberal, abierto, que no acaba de encontrar el camino y que no logra ser una oposición coherente a este fenómeno de globalización bárbara. Porque la globalización no es bárbara per se. La globalización es un fenómeno ineluctable además, pero no todo lo que no se puede eludir debe ser aprobado por nuestra conciencia. Y no creo que sea un fenómeno negativo. Yo creo que una interrelación más rápida y más factible entre los hombres y las mujeres de todo el mundo, entre los países, aún en el comercio, es positivo. Pero lo que horroriza es el manejo bárbaro, no al servicio de la autonomía intelectual o del enriquecimiento del ser humano, sino del enriquecimiento material de los que ya son ricos.

En este marco que calificas de desorientación, destacas a una izquierda que no logra encontrar el camino, que no logra articular un discurso. ¿De qué se está alimentando entonces el pensamiento de la izquierda y  la autonomía de los intelectuales?

En gran medida y por desgracia, de oposición. Y hay que crear. Pienso que hay que  oponerse y  entregarse a la reflexión. Tenemos la oportunidad de apreciar que esa reflexión existe pero la respuesta es la que no está. Esa respuesta no es fácil, eso lo comprendo perfectamente. Cuando hablo de la izquierda no hablo del socialismo real, del socialismo establecido en los países del Este. Ese se deformó demasiado pronto desde el mismo instante en que en la Unión Soviética comenzaron las luchas intestinas y los asesinatos.  Ese proyecto ya está lastimado. No es a eso a lo que me refiero, sino al pensamiento de los primeros que soñaron y elaboraron toda una teoría alrededor del sueño socialista en el Este pero también en el Occidente, Europa. Es decir grandes pensamientos, por supuesto no sólo Gramsci, pero Gramsci principalmente. Ellos vieron al socialismo muy distinto a como se puso en práctica. Pero ya no se trata del pasado sino de la urgencia del presente. Tiene que surgir una opción, yo soy socialista, no voy a renunciar a mis ideas, pero tiene que haber una opción  y  hay que limpiar el socialismo. Si el socialismo no hace un acto de contrición y rechaza como espurio todo lo que no fue socialista y sigue usurpado ese nombre, ese nombre que podía traducirse en solidaridad humana, en respeto al individuo, en la capacidad de entrar en la piel del otro para comprenderlo, que es un modo de amarlo. Si no somos capaces de restablecer ese clima ético, no podemos construir nada.

POLITICOS IGNORANTES

En el rescate a Gramsci estás reivindicando a la vez el rol de la cultura ¿Juega ella un papel destacado en esta búsqueda?

-La cultura tiene un rol fundamental y por eso no termina en mi la esperanza. Y si lo tiene en todos los campos, en el primero que tiene que irrumpir es en la política y en los políticos. No debiera estar permitido que alguien ejerza en política, en dirigente, ni intermedio, ni mediano, ni de ningún nivel, si no es un ser cultivado. Ser un ser cultivado no quiere decir ser un ser de calidad, pero debiera ser una condición de los políticos. No se puede ser político ignorante. La cultura no es sólo el ballet o el cine. La cultura es la memoria histórica, es el aprovechamiento y la superación de toda la experiencia. Es decir, la capacidad de elaborar esa experiencia para poderla superar no por la voluntad de superarla, sino por la necesidad de que la vida siga su curso, y eso exige un desarrollo intelectual. Creo que Platón se adelanto a todos nosotros con un gobierno de sabios, eran sabios que estaban por la esclavitud, no me importa porque no se trata de seguir a Platón, se trata de aprovechar siempre la experiencia y la reflexión. No se puede gobernar sin sabiduría, y claro, generalmente no se gobierna sin sabiduría, pero a veces la sabiduría termina muy cerca de algún protosabio y empieza la ignorancia primaria. Por eso en casi todos los partidos políticos, de izquierda, de derecha y en muchos países, hay un papel en la política que seguramente es necesario, y que son quienes se asumen como correas de transmisión. Pero cuando las correas de transmisión invaden los aparatos políticos de tal modo que hay más correas de transmisión que pensamiento, la esclerosis puede llegar.

-¿La reflexión  en torno a los partidos incluye a Cuba?

 – Por supuesto que en Cuba hay demasiadas correas de transmisión y creo que hacen daño.

Hay una metáfora en tu discurso inaugural del Festival Internacional de Cine , y que tiene que ver con los burros ¿A qué te referías?

-¡¡A los burros¡¡. La palabra burro es muy dura, se podía haber edulcorado, pero no quise hacerlo porque estoy harto. Hay demasiados personajes que son correas de transmisión, que cumplen con todos los requisitos, que ganan todas las posibilidades de llenar el pecho de medallas y que sin embargo no aportan nada. ¡Eso no puede ser! Es necesario repletarnos de pensamiento autónomo y éticamente bien formado de modo tal que esa autonomía no sea la del rebelde sin causa, sino sea la de quien quiere entregar su mensaje y está dispuesto a perder parte de esa autonomía, porque en la vida política como en la religión, los que creen y los que participan deben ceder un poco de su libertad para con esa suma de libertades cedidas llevar adelante un proyecto… ¡Pero un poquito…¡¡Lo que no se puede perder es la facultad creadora!

¿Esa es la lucidez? Te lo pregunto a propósito de tu libro “Revolución es Lucidez”, editado hace poco también en Chile. ¿Cómo lograr esa lucidez?

Creando, siempre creando, y reflexionando en torno a la eticidad. No basta con ser culto, no basta con enriquecerse ni cultivar el espíritu ni la sensibilidad. Tiene que haber una reflexión a fondo sobre la relación entre la cultura, el rigor intelectual, el enriquecimiento espiritual de la persona y su conducta ética. No vale la pena de otro modo. Tú eres periodista, no sólo periodista, pero ejerces el periodismo. Periodismo sin eticidad significa contribuir o la banalidad, al embrutecimiento, a la confusión.

-¿Y si la revolución es lucidez como se es lúcido hoy en Cuba?

La primera pauta, la premisa primera para alcanzar un mínimo de lucidez es conocer la realidad tal y cual es. No edulcorarla, no admitir tamices que puedan o embellecer o afear la realidad. Hay que conocerla con exactitud. No se puede transformar la realidad sin conocerla a fondo. Eso exige ante todo cercanía a los seres humanos, porque la realidad de las paredes que se están cayendo o que surgen esplendorosas no es la realidad. La realidad es el ser humano, uno a uno, no convertido en grupo sino uno a uno. Sólo así la estrategia que se trace pudiera ser que  dé resultados, porque la realidad es más fuerte incluso que la voluntad, e impone a veces sorpresivas soluciones o sorpresivos resortes. Para querer influir en la realidad, lo primero es conocerla sin edulcoramiento alguno, sin hacerse ilusiones, con pasión amorosa pero también con frialdad científica.

BIN LADEN Y EL FASCISMO

Hay un tema que se debate hoy día en EEUU a propósito de la guerra, que es la libertad versus la seguridad. Y entonces la detención por sospecha y entonces los inmigrantes pueden ser detenidos durante tantos días e incluso se está torturando. Siempre hay un enemigo real o inventado que permite coartar la libertad ¿Qué ocurre en Cuba, a propósito de esta ecuación libertad-seguridad?

No se da en los mismos términos.

Hagamos ese paralelo.

Los EE.UU enfrentaron una situación extrema, monstruosa, y realmente el mejor servicio que ha prestado Bin Laden no es a su causa, sino al fascismo. El ha fortalecido a la derecha del gobierno norteamericano y le ha puesto en bandeja de plata la oportunidad de aplicar una política de extrema coerción. No creo que sea incorrecto que los EEUU luchen y que ese gobierno de derecha se vuelque inicialmente en función de alcanzar un mínimo de seguridad, porque realmente comprendieron que su extrema fortaleza tenía flancos muy débiles, y que con métodos inesperados el Estado quedaba muy fragilizado. Pero los EE.UU  no son un bloque, aún cuando en un primer instante vi por CNN a algunos líderes demócratas declarar: “ahora es los EEUU. Somos uno sólo”. Pero precisamente porque no son un monolito, pasado este primer período empiezan las voces reflexionantes, comienza una reflexión que parte por la intelectualidad pero que va avanzando hacia replanteárselo todo y situar los riesgos. Este tipo de reflexión, este tipo de pensamiento no se abre camino rápidamente, pero una vez que surge va lentamente expandiéndose y yo creo que puede llegar a ser un freno al delirium tremens de la seguridad. La seguridad no puede ser un delirium tremens, pero tampoco puede ser ignorada ante riesgos tan terribles.

Tú dices que lo vuelque sobre Cuba. Bueno, Cuba es un caso que no creo que se pueda comparar con esto. Por eso es necesario el conocimiento y la cultura y también el conocimiento histórico. Cuba es un país, es una identidad, es una cultura nacional que siempre ha estado en peligro no sólo por razones implícitas de carácter geográfico, su cercanía al país más poderoso de la tierra, a un país fascinante donde se da este fenómeno horrible de la cultura de masas y de la banalidad, y también se da una cultura verdadera, auténtica, valiosa, que no puede ser rechazada y sería una torpeza rechazar. Pero ella tiene una estrategia política de asimilación. Desde el siglo XIX, se está planeando la anexión de Cuba a los EEUU. Está en sus políticos, está en sus resoluciones, está en sus documentos.

Nuestro destino era el de Puerto Rico. Como teníamos un ejército en armas, un pueblo en armas decidido a luchar no pudo ser aplicado. Nosotros tuvimos muchos años vigente la enmienda Platt, que permitía la ocupación de Cuba por derecho por el gobierno norteamericano ante cualquier situación que se produjera en el país. No podemos olvidar tampoco que los revolucionarios que llevamos a cabo la lucha contra la dictadura de Batista, pero que era también una lucha por la independencia, por la soberanía, y que sabíamos muchas de las cosas que se estaban planeando, después pudimos conocer, ya con el poder en nuestras manos, detalles de cómo la mafia había repartido el territorio norteamericano, y parte del territorio norteamericano era Cuba, y nosotros seríamos no ya Puerto Rico. Si esa situación hubiera continuado seríamos Colombia. Es decir, seríamos territorio de tráfico, prostitución, casinos, etcétera. Nuestro destino estaba entre Puerto Rico y Colombia, y la revolución logró evitarlo. Es verdad que hemos tenido que tener una estrategia de país cercado.

Esto explica en gran medida la voluntad de estar organizados en un criterio de unidad muy estricto. Y en Cuba nunca ha surgido, después del triunfo de la revolución, una fuerza o un pensamiento político que disienta del equipo dirigente y de Fidel con una alternativa que no fuera la que nosotros defendemos. Por eso es que cuando se habla de disidencia yo por lo menos tengo el criterio porque conozco los personajes que es una disidencia que aparte de ser minúscula, es un instrumento manejado directamente por los norteamericanos. Puede haber alguna excepción, pero muy minoritaria y aislada.

Sin embargo, me imagino que el espíritu libertario, crítico de un intelectual como Alfredo Guevara, debe pensar que esos disidentes tienen derecho a manifestarse, a expresarse…

Pues te equivocas. Me importaría un bledo y me sigue importando un bledo que se manifiesten porque no significan nada, pero cuando el instrumento de la política norteamericana se convierte en un instrumento de peligrosidad momentánea para Cuba, entonces yo creo legítimo que Cuba se defienda. Cuba es un país pequeño y con una riqueza limitada; Cuba no tiene préstamos a largo plazo, ni en condiciones mínimamente válidas para un país como el nuestro.

La Unión Europea considera que tenemos que hacer concesiones en nuestra política para que ellos faciliten las ayudas a la cooperación. Somos el único país de América Latina al que se le exige eso, y aquí no hay desaparecidos, aquí no hay asesinados. Cuando viene una comisión de la Unión Europea a evaluarnos y estos personajes nos envenenan siendo nada, no significando nada en la población cubana, comprenderás que no podemos sentirnos muy satisfechos. Y aunque no es un problema de estar o no satisfecho, sino es un problema ético, de principios, de facilitarle todos los encuentros y tendríamos que hacerlo estamos hablando de nuestra supervivencia.

Es lo mismo que nos pasó durante el período en que recibíamos el petróleo y las armas de la Unión Soviética. Nosotros no tenemos energía, no tenemos grandes ríos, no tenemos modos de producir energía y algunos intelectuales europeos exigían una ruptura, pero no nos daban ninguna solución. Exigirnos esa ruptura era pedirnos el suicidio. Yo no creo que sea legítimo pedirle a nadie que se suicide.

CINE CUBANO Y CREATIVIDAD

Hablemos del Festival de Cine que sin duda fue un éxito y estuvo marcado por la presencia de una gran delegación de cineastas de todas partes, pero principalmente de Estados Unidos. Pero no es eso lo que me llama la atención sino la poca calidad o creatividad que exhibe hoy el cine cubano. ¿Qué pasa con la cinematografía cubana?

 – ¡Ese es el tema del que no puedo hablar!

– ¿Qué pasa con la creatividad de ese cine cubano que fue capaz de ir más adelante en América Latina, de hacer toda una apuesta innovadora pero que hoy no existe, a diferencia de la fuerza que se ve en el cine de Argentina, Brasil, y otros países?

Es maravilloso lo que pasa en Argentina. No sólo por la proliferación de escuelas, algunas de ellas parecen muy serias y con resultados. La marea de jóvenes que está participando en el cine en Argentina, en Chile en menor escala pero se siente también, en Brasil, en otros lados es importante. La otra gran potencia cinematográfica de siempre, México, también tiene una buena producción. De Cuba, siento que hay muchos jóvenes que valen la pena y que seguramente algún día van a hacer su obra, pero las condiciones de la cinematografía cubana no me toca a mí abordarlas ahora cuando acabo de salir de su dirección. Lo que sí sé es que hay muchos jóvenes en todas las artes. Tú sabes que yo soy alguien y ahí no tengo que inhibirme, que he estado siempre muy ligado a las artes plásticas, y siento verdaderamente que las escuelas de artes y el instituto Superior de Arte, han sabido entregar instrumentos de expresión a los artistas jóvenes.

-Pero en el caso del cine cubano, Alfredo Guevara a la cabeza del ICAIC cumplió un papel fundamental en su desarrollo creativo.

Yo creo que son los artistas. El ICAIC, el Instituto del Cine, lo que dirigí, cumplió el propósito que marqué desde el principio: crear el clima propicio para que los artistas se expresaran. No existe ni instituto de cine, ni de artes plásticas ni de música, ni de nada, no existe ninguna institución estatal que pueda sustituir la presencia y la actividad de los artistas.

Tres décadas al frente del ICAIC dan pie para un balance…

 Estuve primero dos décadas y algo más, después me fui a la UNESCO y luego regresé y estuve una década. En el primer periodo llegué a la conclusión que se estaba dando el sueño de mi vida, y era que una organización estatal se convirtiera en un movimiento artístico. Yo creo que ese es el socialismo, y había comenzado ese proceso pero no cuajó finalmente. Las dificultades de Cuba, algún cambio de política, quién sabe, no permitió que siguiera esa línea que ya se iba dando. De todas maneras el movimiento artístico llegó a producirse. El cine cubano en ese período llegó a ser un movimiento artístico con una cierta autonomía. No es que los directores fueran iguales unos a los otros, pero se unieron al resto de los directores de América Latina en un proceso maravilloso de diversidad, de una extraña unión invisible que hizo un movimiento renovador que renovó el cine en toda América Latina. Salimos del folclore para entrar a las profundidades, en las complejidades de nuestras sicologías diversas y ahí estábamos. Cuando regresé, es una impresión personal, sentí que habíamos perdido el camino y me propuse además de resolver los problemas prácticos de la situación de la tecnología, de la organización interna, luchar por devolver aquel esplendor y creo que algunas películas y algún cierto clima se creó y echó a andar otra vez el cine y se impulsó por el mundo además.

Fresa y chocolate sería el exponente clave del último tiempo.

Yo creo que sí. No el único, pero fue extraordinario, y creo que como otras películas de nuestro cine, jugó un papel decisivo para doblar una hoja espantosa de la vida de nuestro país y la de todos los países además.

¿Te refieres a la discriminación?

Sí. La discriminación es el acto repudiable, lo más importante es la incomprensión, la falta de sensibilidad humana para ser capaz de ponerse en la piel del otro, comprenderlo y por comprenderlo amarlo. Amarlo no es perder la propia personalidad ni la propia identidad, es eso, meterse en la piel del otro capaz de comprender su derecho a ser como es, su imposibilidad de ser de otro modo, y por lo tanto su humanidad. Es el principio, es la esencia misma del socialismo. La esencia misma del socialismo no es sólo la propiedad o los medios de producción, todo eso es verdad, pero desde el punto de vista del ser humano lo primero es ser capaz de sentir por el otro, de ser solidario.

En esa segunda etapa me propuse resolver los problemas prácticos, de infraestructura, tratar de abrir el camino a un futuro en que la infraestructura permitiera hacer cine. Pero me propuse—sé que es muy ambicioso decir esta frase—devolver su esplendor al cine cubano, devolverlo no porque una persona pueda devolver el esplendor a una cinematografía, sino abriéndole el camino a las figuras ya establecidas, luchar porque pudieran hacer su cine en un período tan difícil económicamente para Cuba, servirnos de todo el sistema de coproducciones y de ayudas externas, pero siempre conservando el dominio total sobre la sustancia ideológico-moral del cine y abrirle el camino también a jóvenes para que se produjera una cierta renovación. No una renovación por eliminación, sino renovación por incorporación, y así fue. Otra de las cosas que nos propusimos y logramos fue autofinanciar el cine cubano. En la última etapa, cuando ya había obtenido que Fidel aceptara, que la dirección de nuestra revolución aceptara, que yo saliera de la presidencia del ICAIC, esos tres meses los dediqué a reunirme por grupo con todos los factores fundamentales de la creación y de la tecnología para decirles lo que pienso y sigo pensando: que no hay solución ni para el cine cubano ni para ninguna cinematografía con pocos recursos, que las nuevas tecnologías. Los cineastas creo que probablemente lo entendieron, los no cineastas tal vez no entendieron nada.

En este balance no incluyes las peleas dadas junto a los cineastas por películas que en su momento fueron recibidas con gran polémica por su postura crítica.

¡Si una película no produce polémica, para qué se hizo! ¡Si una novela no produce inquietud, discusión, para qué¡ Bueno, se puede haber hecho para disfrute del autor, pero una vez que tú la preparas, haces copia, etcétera, es para que se produzca una reflexión, una discusión, un disfrute, un rechazo, una aprobación. La obra de arte o la obra de intención artística que no provoca reacción, fracasó. Hay que aprender a ver una película, o leer un libro, a escuchar una sinfonía, con un espíritu de crítica y de tolerancia al mismo tiempo.

FIDEL Y LA UNIVERSIDAD

Tú luchaste con Fidel en contra de Batista, y desde esos años han tenido una relación de gran amistad y respeto mutuo ¿Por qué optaste por la cultura y no por la vida política?

Cuando éramos muy jovencitos, incluso antes de conocer a Fidel, es decir cuando estaba estudiando el bachillerato, yo ya era un líder estudiantil. Toda nuestra generación sintió el riesgo inmenso de que este país terminara recolonizado, y nos sentíamos una generación muy inquieta con una angustia profunda y una obligación moral tremenda de salvar nuestro país, nuestra cultura y nuestra identidad. Pero no era yo sólo. Yo como líder estudiantil de la segunda enseñanza viajaba, iba a Santiago de Cuba, a Pinar del Río, tenía alianza con los dirigentes de las escuelas normales, que era donde se estudiaba pedagogía, y cuando entré a la universidad me matriculé en Filosofía y Fidel se matriculó en Derecho.

Éramos dos muchachos, dos jovenzuelos, es decir, nadie sabía que Fidel iba a ser Fidel. Pero vino un muchacho a filosofía y me dijo: tú no me conoces, pero yo te conozco a ti, ha entrado a Derecho un muchacho que tú deberías conocer. En ese momento pensé más en la rivalidad que en la cosa positiva del desafío de una amistad y de una alianza política. Y ese primer día de universidad partí a Derecho a ver a ese que me decían que hablaba muy  bien, y así conocí a Fidel. Primero, desarrollé una especie de miedo de que aquella persona que venía de una escuela privada, católica, pudiera significar un obstáculo en todo el proyecto que yo tenía con otros compañeros con el objetivo de apoderarnos de la Federación de Estudiantes Universitarios.

– ¿Ya eras un hombre de izquierda?

Yo era anarquista y estaba deviniendo hacia el marxismo, deviniendo pero con muchos prejuicios por la Unión Soviética. Eso me detenía por el momento. Y entonces mi primera reacción fue “no sé adonde va éste, pero tengo que observarlo”. Poco a poco nos fuimos acercando más y ocurrió algo que me ayudó ya que Fidel se enamoró de una muchacha bellísima, que era mi compañera de estudios en filosofía, y estaba con mi candidatura. Como él se enamoró, entonces en vez de yo tener que ir a Derecho, él venía a buscar a la muchacha y eso nos fue haciendo amigos. Después la vida ya nos unió en muchas acciones que son anteriores al triunfo de la revolución, pero son muy importantes en la historia de Cuba. Es una amistad que nos unió para siempre.

Alfredo, lo último. Hemos hablado de cine, de la guerra, de los intelectuales, de Fidel, pero no hemos hablado de América Latina, en esta era del desasosiego, de la incertidumbre, de la desorientación.

Soy un optimista. No me explico cómo se puede ser optimista en esta época, pero lo sigo siendo, y América Latina es parte de esa esperanza. Creo que la experiencia neoliberal, a un costo terrible ha fracasado radicalmente. No puede haber nadie coherente que encuentre una solución por el camino neoliberal. Estoy hablando de los hombres y mujeres de pensamiento, pero también del simple trabajador, del más humilde, del menos preparado, del que simplemente vende su cuerpo como una máquina, del que lo sufre por la desvaloración de los salarios, por la miseria, por la imposibilidad de futuro … Lo que está ocurriendo en Argentina es horroroso. Estuve en Buenos Aires hace 3 o 4 años y estaba fascinado con las librerías abiertas hasta las 12 de la noche, en fin. Ya había estado antes en Buenos Aires, pero me volví a fascinar con esa ciudad donde había de todo, pero también había una ebullición de la cultura, del refinamiento. Me dicen que hoy no reconocería Buenos Aires por la forma en que ha aflorado la miseria, la tristeza y el desamparo. Pero eso es toda América Latina. Desde el hombre del pensamiento hasta el más humilde trabajador, todo el mundo siente que es el desastre, y creo que llega la hora de la reacción. ¡Por eso para mí es la hora de la esperanza!

Entrevista realizada por Faride Zerán en La Habana y publicada en revista Rocinante no.41, Santiago de Chile, 2002.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *