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Un americano de la vieja escuela

Oliver Stone se llama a sí mismo “un americano de la vieja escuela”. Por eso para él las revelaciones que hizo Edward Snowden, en junio de 2013, sobre el sistema de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés), le resultaron “chocantes”.

“Tú puedes conversar con muchos jóvenes norteamericanos y te dicen: ¿Y qué? Yo no tengo secretos; pero cuando envejeces puedes darte cuenta de que sí tienes secretos, sí tienes una privacidad, y esta es crucial para tu vida y tu creatividad”, señala a propósito de la presentación en el Festival de su último filme sobre el consultor tecnológico estadounidense.

Stone prefiere el diálogo claro, preciso y rápido. Es muy cuidadoso con los criterios que emite y a cuáles medios los ofrece. Permanece atento a todo, y no transige con improvisaciones de último minuto. Le interesa cómo la cámara lo encuadra, quién está tomando nota; le preocupa ser traducido con exactitud y le exige a su productor cumplir dichos requerimientos permanentemente.

Es un hombre muy riguroso. Tiene que serlo para filmar sobre política global, con los líderes que han cambiado el juego desde la segunda mitad del siglo xx hasta la fecha. En la Isla son más conocidos los documentales Comandante (2002) y Looking for Fidel (2003), pero también realizó Al sur de la frontera (2009) donde entrevista a Hugo Chávez, Evo Morales, Cristina Fernández, Raúl Castro, Rafael Correa y Luiz Inácio Lula da Silva.

“Logré entrevistar a Raúl; hay muy pocas entrevistas filmadas de él”, observa Stone. El año próximo se espera el estreno de su documental sobre Vladimir Putin. Mientras, accedió a compartir uno minutos con el Diario del Festival, además de su conversatorio este domingo junto al ex presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón.

El Festival significa mucho para él. “La primera vez que visité Cuba fue gracias a este evento, en enero de 1987. Vinimos a presentar la película Salvador (1986), que fue todo un éxito aquí, muy bien acogida por el público. Ahí conocí a Fidel por primera vez”.

“Estoy muy orgulloso de presentar Snowden en Cuba. Me hubiese gustado que Fidel la hubiese visto porque él predijo mucho de esto”, confiesa Oliver a quien, tras haber filmado al líder de la Revolución cubana en tres ocasiones a lo largo de los años, le “hubiese gustado verlo una última vez”.

“Él predijo este tipo de mundo donde el poder industrial se convierte más y más evolucionado tecnológicamente, que tendría esta capacidad; incluso, nunca hubiese imaginado en qué se ha convertido esta habilidad táctica de la NSA, la institución más poderosa jamás equipada. Probablemente, dentro de esta habilidad de vigilancia del mundo entero, cada corporación y cada individuo, tal vez solo haya un área en el desierto del Sahara que ellos no puedan rastrear. Ellos dinamitan el mundo buscando información; dicen que lo hacen a causa del terrorismo, pero en realidad el terrorismo es un escudo, puedes atrapar terroristas con una búsqueda selectiva”, enfatiza.

Oliver Stone es uno de los pocos cineastas que lograron secuencias mano a mano con el líder de la Revolución cubana, y la relación entre ambos surgió a partir de sus propias películas.

“Yo creo que él había visto Platoon (1986), porque ya se había estrenado, y él, como un combatiente de guerrilla, la apreció particularmente, sobre todo por las tácticas de la guerra de Vietnam, la jungla. Él estaba familiarizado y muy interesado en eso, así que hablamos sobre asuntos militares. Como conocen, él fue un gran combatiente de guerrilla que tuvo éxito en sus operaciones. Eso es todo un logro porque, por lo general, las operaciones de guerrilla no funcionan. Luego regresé y lo conocí a lo largo de los años”.

Su tercer encuentro ante las cámaras con Fidel fue en el 2009. Díganos sus impresiones sobre filmar Castro in Winter, porque, además de ser el documental menos conocido, tampoco está disponible en Internet.

Me sorprende que no esté en Internet. El documental lo está distribuyendo Disney en América del Sur, y pensé que ya aquí en Cuba se había visto. No tengo explicación para eso y es un asunto que tenemos que arreglar (le señala a su productor).

Castro in Winter es un muy modesto filme de una hora. Vinimos a filmar por un fin de semana, y él estaba sereno, más tranquilo. No era más el Fidel intenso de Comandante o Looking for Fidel. Era ya un anciano, pero creo que en eso hay mucha belleza y filosofía. Obtuvimos secuencias de su esposa, ella no quería aparecer, pero la revelamos brevemente. Me hubiese gustado verlo por última vez. Estoy seguro de que hubiese venido a ver Snowden.

Sobre Snowden, ya el público mundial tiene un referente indispensable, que es el documental Citizenfour (2014) de su coterránea Claudia Poitras. ¿Qué revela entonces la película?

Mi película es una historia dramática sobre una sola persona y su store, es decir, cómo salvó los datos para revelarlos luego. Fui a Moscú nueve veces, nos llegamos a conocer durante dos años; él nos contó su historia desde su punto de vista, y para que yo me informara mejor, comprobamos tanto como pudimos.

La NSA no dialogó con nosotros; como conocen, él develó muchos secretos. Él es el primero en realmente proveer evidencia del poder de la NSA. Todos sospechábamos que George Bush estaba haciendo algo allá por los años 2002, luego del atentado de las Torres Gemelas, pero nunca sospechamos que este poder sería tan profundo.

Esta es la historia de nueve años en la vida de Snowden, su novia, y la importancia de ella en su vida. Él la amaba, y ella juega un rol importantísimo en el sentido de mantenerlo a él humano, porque la gente que trabaja para estas agencias se convierte en autómatas.

El documental ocurre durante cinco días en Hong Kong, y yo no creo que la gente entendió lo que él estaba diciendo. Es complicado porque su mensaje es muy técnico y difícil de entender para los periodistas; entender algunas de esas informaciones puede tomar un año o dos y esta información todavía está saliendo.

No creo que el documental haya conectado con la gente, y creo que es importante explicarles que estaba interesada en él, porque, si puedes hablar del mensajero y no del mensaje, se desvía la atención del mensaje, y el mensaje es muy importante: como digo, no se trata del terrorismo, sino del poder.

Es verdad que los chinos están escuchando a su gente, o que los rusos también lo están haciendo. Es la manera en que funciona el mundo moderno, pero nadie esperaba que los Estados Unidos alguna vez lo hiciese, sin el consentimiento democrático. Ellos simplemente lo hicieron.

Al cineasta ganador de tres Oscar, dos en la categoría de Mejor Dirección, llevar los principales temas de Latinoamérica a los Estados Unidos ha sido “una gran lucha”.

“Los americanos hablan mucho de derechos humanos y de libertad, pero la HBO me censuró Comandante. Lograr que esos filmes se muestren ha sido toda una batalla. Castro in Winter salió gracias a Showtime; igual sucedió con Al sur de la frontera. A los americanos no les interesan los temas de Latinoamérica. Para ellos, Al sur de la frontera, sobre la nueva América del Sur, por ejemplo, no significa lo mismo”, explica.

“Ya se me está acabando el tiempo”, dice Stone para referirse a los 70 años que cumplió el pasado septiembre. “Pero me encanta la vida real. He visto mucho desde 1940 hasta la fecha, y aunque realizo películas de ficción, me encanta la mentalidad criminal; me gusta abordar personas muy altas, pero también muy bajas”.

“Las películas –nos dice– son una metáfora de la vida real. La vida es una proposición desafiante; por eso me gustan los filmes que lidian con los problemas u obstáculos de una manera que ayudan a eliminarlos, y hacer la existencia más confortable y cómoda. No quiero ver una película y aburrirme, que es lo que me pasa con los filmes europeos, o los artísticos, que tratan de imitar la vida”.

“Una buena película es una buena historia; aunque, si fuera gracioso, adoraría hacer comedias”, sonrió.

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