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Arturo Soto: “inicio una película como si para todos fuera la primera vez”

Nido de mantis, la más reciente cinta del director cubano Arturo Soto resultó galardonada con un Coral especial en esta edición 40 del Festival. Del triángulo amoroso entre Elena, Emilio, y Tomás se desprende esta trama ambientada en tres momentos históricos.

¿Cuál es el origen de esta ficción, en qué experiencia se apoyó para concebirla?

“Ha pasado tanto tiempo desde que comencé a escribirla, que aquellas motivaciones primigenias se fueron diluyendo en el relato. Se sostuvo lo esencial, de lo cual no voy a hablar para no condicionar las lecturas de los espectadores”.

Siento que el primer disparo tal vez lo haya inquietado o puede que le haga recordar los parlamentos que no hace poco le quitaron o devolvieron el sueño o, tiempo después, las locaciones ubicadas en las provincias La Habana, Artemisa y Mayabeque.

¿Qué elemento caracteriza a esta película del resto de las que ha hecho teniendo en cuenta que el guion lleva en un stand by aparente de 20 años?

“Los guiones suelen vivir reposos involuntarios, soñamos con filmarlos cuando terminamos de escribirlos porque es lo que queremos expresar en ese momento. Pero las circunstancias económicas…, la vida misma se guía por otros dictados, ajenos a nuestra voluntad inmediata. Esos reposos en ocasiones le hacen bien, o al menos es lo que nos decimos para calmar la ansiedad, entonces la reescritura se convierte en un ejercicio donde media el oficio, la distancia que te permite valorar otros caminos, otras búsquedas en el lenguaje. Al final la persona que los escribe es la que va cambiando a lo largo de los años, entonces lo que caracteriza a este guion del resto es justamente eso: el tiempo transcurrido”.

¿Su nutrió en este filme de casos similares de triángulos amorosos como el de Boccaccerías Habaneras?

“En el cine y la literatura existen innumerables variaciones de triángulos amorosos como expresión de contradicciones, sufrimientos, ambiciones, deseos y angustias que nutren el drama de una obra literaria, teatral o cinematográfica. Podría citarte desde las representaciones más trágicas como la Clitemnestra de Esquilo o las “Bodas de sangre” de Lorca, hasta la versión más moderna y festiva de Truffaut en “Jules et Jim”, son casi infinitas las variaciones del triángulo. Aunque en ocasiones puede servir como escenario o pretexto para dialogar sobre otras cuestiones que superan los conflictos de la pasión amorosa”.

En una entrevista anterior Ud. habla de que en Nido… hay huellas de Tomás Gutiérrez Alea por todos los lados, ¿a qué aspectos de este director y su obra se refiere?

“La obra de Tomás Gutiérrez Alea es un capítulo obligado para cualquier cineasta cubano, al menos en lo que a su estudio y visión se refiere. En “Nido de Mantis” esa referencia puede aparecer de manera de más evidente o más oblicua, para usar un término que algunos conocen. Puede ser reconocible en determinadas alusiones a textos de sus películas, guiños, reverencias, hasta el cartel de una de sus obras fue usado para marcar un época en que se desarrolla la historia. Por eso digo que Titón está presente por los cuatro costados”.

A tono con la pregunta sobre su vinculación con Titón, ¿es acaso el personaje de Elena una alusión a la otra Elena, la mujer subdesarrollada de memorias del subdesarrollo?

Cavila un rato. Entre ademanes da una ojeada a su reloj manilla de tres esferas. La respuesta será corta…: “De alguna manera sí, pero solo en términos físicos, porque la imagen de la Elena que buscaba tenía mucho que ver con la que aparece en Memorias…”

Yara Massiel, Armando Miguel Gómez y Caleb Casas son los protagonistas de esta realización. Por otro lado, la música de Beatriz Corona, dirección de fotografía de Ernesto Calzado, edición de Osvaldo Donatién y el propio Sotto, sonido de Diego Javier Figueroa, diseño de vestuario de Vladimir Cuenca,  por solo mencionar algunos, terminan por ser gran parte el equipo tras telones del largometraje.

Es notable en su producción firmas de productoras y actores que vuelven a acompañarlo en su reciente realización como Armando Miguel Gómez y Claudia Álvarez.

“No suelo repetir el trabajo con actrices y actores al estilo “Bergman”, es decir, no construyo una familia de actores que me son afines, como si te tratase de una compañía teatral. Busco a las actrices y a los actores en los que voy visualizando y corporizando un carácter, un personaje que llevo mucho tiempo imaginando en mi cabeza y que finalmente tendrá voz. No arrastro la experiencia previa, inicio una película como si para todos fuera la primera vez”.

¿Qué cambios sufrió el guion durante el rodaje?

“Prácticamente ninguno. El cine exige un trabajo de preparación muy bien estructurado y soy muy fiel a esa escuela en la que me formé. Dejamos muy poco a la improvisación porque tenemos un plan que se debe cumplir, no solo en el orden económico sino también en la planificación interna del rodaje. Los cambios son mínimos, si no consigues las armas que pediste para reconstruir la antesala de la batalla de Girón, le dices al actor que improvise y grité: ¡Yo pedí cañones, cañones, que aquí nos están matando gente! Y así resuelves la frustración de no contar con los recursos y aumentas la carga dramática de la escena”.

 ¿Qué retos supone el asumir guion y dirección?

“El reto mayor es conseguir la traslación del texto a la imagen como si el hacedor de la imagen fuese otro. Nuestras “condiciones de producción” obligan a tomar una distancia crítica y mondar la hojarasca, conservar las fuerzas durante el rodaje y luchar por lo que es imprescindible para contar la historia y no perder tiempo en aderezos, por muy significativos que te parezcan. En el acto de dirigir comienzas a ser el creador y editor contumaz de tu propio guion. Puede sonarte algo esquizofrénico, pero todo acto creativo tiene su carga de “locura”.

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