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Asfixia, una historia de, y por amor

Azul es una niña. Improvisa cada palabra de su personaje. “Quiere continuar actuando y es brillante”, cuenta la directora de Asfixia Kenya Márquez. Su filme compite en este Festival de Cine de La Habana.

La búsqueda de la hija perdida, la reconstrucción del pasado, la historia de una mujer albina que viene de la cárcel y procura reinsertarse en la sociedad. Regresar a la vida.

El filme forma parte de una trilogía que comenzó con la ópera prima de Kenya: Fecha de caducidad, sobre temas relacionados con la discriminación, la violencia hacia la mujer y la corrupción.

“No hay actrices albinas. Tardamos 3 años para encontrar a Alma, quien interpreta a la mamá de Azul. Buscábamos su fuerza interior. El dolor de esta mujer tan particular. Discriminar a partir de la imagen me parece uno de los sentimientos más desagradables del ser humano.

“En México, existen mujeres que, “por amor”, cometen un delito y terminan en la cárcel. Me interesaba colocar esa alerta roja para abordar la historia al extremo a través de Alma y de Conchita. Mostré a alguien que intenta reincorporarse a la sociedad pero que está estigmatizada desde todas las maneras posibles.”

Kenya insiste en que el mayor reto de Asfixia fue lograr que el personaje principal fuera una mujer albina. “Desde el punto de vista narrativo, filmamos cronológicamente la mayor parte del tiempo, porque Yanet es una actriz natural. La buscamos en todo el país. Los albinos en México son muy discriminados. Necesitaba esa fuerza interior, en sus miradas, tanto en Alma como en Azul.”

¿Masculinidades hegemónicas?

También me interesaba presentar a un hombre violento, manipulador y cómo las mujeres lo permitimos y somos parte de este juego. No solo presentar la violencia o el machismo desde el punto de vista femenino, sino también asumir responsabilidades como mujeres. Creo firmemente en que la mujer termina educando al machista o al violento.

Vamos creando ese tipo de personas que terminan violentándonos y a nuestros hijos. Es una responsabilidad masculina, femenina y del estado. El hombre violento parte de su contexto, como lo es el personaje del Berny, que es un niño abandonado, que lo educan desde la violencia. Eso es lo único que él sabe dar. En ese sentido, quería presentar personajes humanos, complejos, que pese a que adoran a sus hijos e hijas, cometen delitos por amor.

Hay mucho estigma en México de que la mujer quiere más al hijo que al padre. Creo que el amor hacia un hijo es igual. También quería cuestionar cómo el estar casados, la aspiración a la boda, representa la realización y la salvación de la mujer. Es algo que nos inculcan.

La película es una crítica a partir de la culpa

En el caso de Alma, ella se reconstruye, aunque tenga un camino más difícil y a Clemente el miedo y la culpa no lo dejan moverse. Decidí trabajar a partir de la metáfora, de los sueños. Sentía que era importante a partir de la imagen sentir lo que en ese instante los personajes vivían; como en el caso de la habitación que se inunda con lágrimas de la madre que pierde a su hija.

A partir de metáforas que el espectador pudiera sentir esa asfixia, ese dolor, esa esperanza, y poderlo generar con estos pequeños momentos metafóricos, oníricos que están durante toda la película.

Me parecía interesante presentar estos conflictos a través del albinismo y que también representara una imagen celestial para dar la vuelta a este morbo que lamentablemente representan las personas albinas para mucha gente por ignorancia.

 

La historia de un amor raro entre Clemente y Alma se presenta entre posibilidades y silencios, inferencias y subterfugios que van desde la piel albina maltratada por el sol, la cuasi ceguera provocada por sus condiciones individuales, hasta las decisiones que determinan el desenlace de cada personaje. Alrededor de todos estos elementos se teje la historia y el destino, en el que cree firmemente Kenya Márquez:La vida nos coloca siempre ante dos vertientes, y uno decide, para bien o mal, el camino.”

 

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