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Bertha Navarro todos estos años, y sigue

Han pasado ya 45 años desde que Bertha Navarro produjo su primera película: Reed, México Insurgente, filme que colaboró en parte a crear un nuevo momento en el cine mexicano, en medio de la necesidad de renovar las prácticas de una industria decadente. Por demás, esta productora es de aquellos rostros que han impulsado la participación de la mujer en el prisma de la industria fílmica latinoamericana. Y es que después de tanto tiempo sigue siendo una persona afortunada por hacer lo que ama: cine.

Sin saber que su trayectoria la graduaría como la dama del cine mexicano, Bertha nace el 27 de abril de 1943 en la Ciudad de México, y aunque decidió estudiar antropología, la vida le atrajo al mundo del cine dirigiendo documentales y al poco tiempo dedicándose de lleno a la producción, al frente de más de 30 filmes entre los que figuran Un embrujo (Carlos Carrera), El espinazo del diablo y El laberinto del fauno (Guillermo del Toro).

Pero medio siglo de carrera no solo le ha demandado el reto de producir filmes y las grandes responsabilidades que ello conlleva, como buscar salidas y distribuidores. Sino también guerrear y disputarse el respeto de colegas del género y otros, que afirman que el cine es cuestión de hombres. Al punto de ganarse el cariño de algunos como Guillermo del Toro, quien en más de una ocasión se ha referido a ella como su madre cinematográfica.

Para la además productora del recientemente estrenado Ayotzinapa, el paso de la tortuga (Enrique García Meza), no existen fórmulas ni recetas en la creación, es de las que busca el talento por encima de un género específico y la colaboración por sobre la competencia.

Es una persona que no tiene miedo a “dar la lata”, como ella misma dice, e imponer carácter para lograr el compromiso de darle al público una experiencia que valga la pena. Pide a la sociedad cada vez ser “espectadores más exigentes”, que den chance a nuevos productos que se salgan del formato hollywoodense, para poder desarrollar a los cineastas nacionales.

Por ello, y por lograr muchos cambios de mentalidad, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano reconocerá toda una vida de trabajo con un Coral de Honor, a esta importante cineasta mexicana que ha formado parte de una generación que cambió la narrativa y la visión del cine.

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