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Bon Appétit: la lógica de un futuro imaginario

El cine de animación es una categoría que ha ido in crescendo con nuevas técnicas y narrativas. El avance de la tecnología ha democratizado este género al punto que el mayor reto está en introducir la personalidad del artista.

En un futuro cercano, un hombre se dispone a disfrutar su cena, resume entre líneas la sinopsis de Bon Appétit. Pablo Polledri, quien fuese jurado de animación en la edición 39 del Festival de Cine, regresa a la gran fiesta del séptimo arte latinoamericano con este corto animado de un minuto.

¿De dónde parte la historia de Bon appétit?
Me interesaba resaltar la dirección en la que avanza parte del desarrollo tecnológico. La buena noticia es que cada vez tenemos mejores herramientas, pero también cabe destacar que gran parte del supuesto progreso está enfocado en generar nuevos e innecesarios elementos de consumo. Muchos de los cuales no están pensados desde un punto de vista inclusivo, o de mejora social. En muchos casos ni siquiera contemplan la optimización de los recursos, obviamente limitados, que utilizan para su fabricación. A pesar del desarrollo tecnológico se acrecientan las diferencias sociales. Tenemos más posibilidades tecnológicas pero en su mayoría son solo accesibles a una parte de la población. Este corto intenta visibilizar esta particular lógica proyectando un futuro imaginario en el cual la inercia de las tendencias actuales del mercado se profundiza. Esta animación de un minuto representa una acción de la vida cotidiana e invita a cuestionar el cómo y el para qué se utiliza la tecnología y cuál es su rol social. Otro aspecto que quise reflejar es como ante una situación que nos causa dolor o molestia, asumimos una actitud evasiva.

¿Cuál es el reto que encierra en sí asumir todos los roles de un corto de animación?

En cada realización me enfrento a diferentes retos. Constituye un proceso de aprendizaje continuo y de reinvención para ir superando las limitaciones que surgen al trabajar en distintas áreas que contemplan aspectos artísticos y técnicos. Requiere disociarme de mi propia concepción para suplir el enriquecimiento que implica contar con las visiones que pueda aportar otra persona. Hacer un cortometraje de este modo puede resultar un proceso extenso y agotador donde entran en juego mi determinación y perseverancia para poder concretarlo. Este modo de trabajo me da mucha libertad pero implica un desafío creativo plasmar ciertas ideas, lograr transmitir un mensaje claro y que las emociones no pierdan intensidad a través de los recursos que puedo llegar a manejar. Es un constante balance entre tiempos, recursos y nivel de exigencia.

¿A qué público específico dirige su trabajo?

Para crear no me pongo limitaciones de ningún tipo, por lo cual no pienso en un público específico para mis trabajos. He realizado varios cortometrajes y creo que tengo material que podría generar interés en diferentes públicos. En el caso de Bon Appétit considero que es apto para todos.

¿Qué le aportó a su propia concepción este animado?

Este cortometraje lo realicé al finalizar Corp., un cortometraje que me implicó invertir varios años de trabajo. Embarcarme en este nuevo proyecto renovó mis energías y me permitió gratificarme al realizar un corto que pudiera condensar en un minuto una idea que me resultara atractiva y no fuera tan demandante en cuanto al tiempo de realización.

¿Tiene esta obra algún tipo de referente?

No uno en particular que haya utilizado por lo menos de manera consciente. De todos modos estoy convencido de que siempre están las influencias en una obra. Siento que todo lo que uno absorbe termina apareciendo de un modo u otro en lo que se hace.

Hacer producciones independientes, ¿desafíos o ventajas?

La principal ventaja es la libertad de hacer lo que uno quiera y depender solo de la voluntad para poder desarrollar algo. Como desafío aparecen las limitaciones. No todas las ideas pueden resolverse de una forma simple, o tal vez se necesiten más recursos y puede que algunas no sean factibles de ser realizadas en una producción independiente.

De jurado a participante y viceversa, ¿cómo ha experimentado los festivales de cine en Cuba?

Ambos roles son gratificantes y los valoro. He podido presenciar el festival solo como jurado, no tuve el placer de hacerlo como participante. La experiencia fue muy gratificante. Me encantó el festival y poder conocer La Habana. Mis cortos han participado en varias ediciones pero aún no he podido vivir la experiencia de acompañar el corto y disfrutar de la proyección con el público, interactuar con otros realizadores, etc. Poder vivenciarlo es indudablemente una experiencia mucho más intensa y enriquecedora.

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