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Chijona es el mejor de los intrusos

Más de una vez en la historia de quienes hacen cine la muerte les irrumpe en el plató. Es entonces cuando las películas se convierten en testamentos, en el último recurso para percibir el ánima de los directores, actores, guionistas. Pero ese no fue el caso de Los buenos demonios, el último proyecto que pensaría el gran Daniel Díaz Torres y que hoy nos trae a la pantalla nadie mejor que su cómplice: Gerardo Chijona.

Basada en la novela “Algún demonio”, del escritor y guionista Alejandro Hernández, vuelven a conjugarse una serie de factores que de primera instancia garantizan la hechura del filme: un elenco que aglutina a Isabel Santos, Carlos Enrique Almirante, Enrique Molina, Vladimir Cruz y Yailene Sierra. Además de la música de Edesio Alejandro, la fotografía de Raúl Pérez Ureta y la dirección de arte de Alexis Álvarez.

Sin embargo, la historia empieza antes de todos estos buenos demonios, y para ello conversamos sobre lo que ha sido para el creador de La cosa humana, hacer esta película:

“Este fue un proyecto que comenzó Daniel Díaz Torres junto a un alumno nuestro radicado en España, Alejandro Hernández. Era una novela suya que Daniel trajo a Cuba y me enseñó porque veía una película ahí; a mí me pareció perfecto y se puso en marcha, pero desgraciadamente la muerte no lo dejó terminar. Gracias a las vueltas que da la vida fui a Madrid a terminar La cosa humana y sentado conversando con Alejandro me comentó que tenía los derechos del guion, me dijo: «hay que hacer la película», y así fue como empezó”.

¿Cómo fue asumir el proyecto que ya estaba casi totalmente pensado por otro director?

El guion me cayó de la cabeza porque nunca pensé asumir el proyecto, y la película conserva la mirada de Daniel y Alejandro. Yo lo que hice fue pedir permiso para darle una primera revisión y editar algunas cosas, convencí a Alejandro para darle tonos de comedia a dos escenas que no la tenían, y solo metí la mano en el final de la película. El resto es lo que ellos escribieron.

¿Y a la hora de elegir el reparto y el trabajo con los actores?

Muy intenso. Carlos Enrique Almirante, por ejemplo, no estaba originalmente en el plan y cuando me di cuenta que no tenía el protagónico él estaba en Colombia trabajando, pero lo llamé y arrancó para acá dos semanas antes de empezar. Y afortunadamente no me equivoqué.

Yo siento que la película la hago cuando me encierro en mi casa a trabajar con los actores, pues hacemos como un laboratorio creativo. Siempre en las historias que tengo he sido un director que ensaya buscando resultados y escucho a los actores; pero sé perfectamente lo que quiero. Sin embargo, aquí estaba perdido, puesto que siempre trabajo con los autores buscando emociones, sentimientos y esta película está escrita de una manera muy fría, muy austera… los planos son largos, la cámara entra poco; y tuve que adaptarme a ese estilo que no tiene nada que ver conmigo, y por eso me auxilié de los actores para pedir ayuda. Empecé a escuchar por primera vez y aprendí en esta película una de las cosas que más cuesta trabajo a un director: callar y escuchar.

En la conversación se impone una pregunta sobre el   trasfondo de Los buenos demonios, sobre la forma de reflexión que se utiliza para tocar el tema de la crisis de valores en los jóvenes.

La película para mí se inscribe en una línea de cine crítico que ha seguido el ICAIC desde que Titón hizo La doces sillas. Pasa por toda su obra, de Juan Carlos Tabío, de Fernando Pérez, de Daniel. Por esa tradición de enfocar la realidad desde un espíritu crítico y reflexivo, cualquiera que sea el género desde el que se aborde, para mí no hay géneros menores y mayores.

Y en mi caso, desde Esther en alguna parte hasta acá, me he concentrado más en las relaciones y conflictos de los individuos que en el entorno. Porque a veces siento que en las películas el entorno es tan fuerte que ahoga la historia de los personajes. Cuando uno se centra en el individuo puedes explorar zonas de silencio que en la realidad no se ven, o no se quieren ver, y eso es lo peor que le puede pasar a cualquier sociedad.

¿Sientes que realmente es un homenaje a tu amigo Daniel?

Una de las mejores formas de comprobarlo es a través de su familia. Siento mucha alegría por Danielito y por Laura –sus hijos–, porque siempre me pregunté si la película se le parecería a su padre, y cuando vi sus rostros en el estreno fui feliz.

¿Qué quieres que el público se lleve a casa del filme?

El mal puede convivir con el bien en una sociedad que tiene una venda en los ojos. La película está un poco explorando esas zonas ocultas, la sociedad necesita ese tipo de debates. Intenté reflejar un micromundo de personajes donde cada cual tiene un concepto distinto, y cada cual con sus verdades, sin ser dios ni sacerdote. Hay algo que dije en el estreno y lo ratifico: ojalá quienes la vean se lleven los buenos demonios a la casa.

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