552 visitas

El color del camaleón, una nueva forma de contar la historia

Andrés Lübbert, realizador chileno-belga llega a este 39 Festival con el documental El color del camaleón, película personal pero también muy política, Lübert reccorre un proceso histórico desde su mirada y la de su padre.

En las historias personales en los documentales existen una delgada línea entre lo íntimo y la ética, que lleva a una selección cuidadosa de qué mostrar en cámara ¿cómo fue para ti en El color del camelón?

Para cualquier cineasta las historias personales, son las más fuertes, son las más emotivas y las que más tiempo llevan hacer.

Esta película me marcó la vida. Estoy desde los 19 años buscando esta historia, ahora tengo 32 años, o sea que toda mi carrera como cineasta ha estado influenciada por la búsqueda de esta historia. Ahora que por fin logré terminarla y resolver este asunto personal y de mi familia.

En ese sentido seleccionar lo que cuentas y no cuentas. Yo elegí no pensar sobre eso. Elegí mostrarme no más sin esconder nada. Y creo que mi papá también. Cuando él aceptó hacer la película, él sabía todo lo que iba a pasar, todas las concecuencias. En Bélgica salió en la Televisión y 150 000 personas lo vieron.

Lo que si elegí fue no mostrar personas que no querían estar. Yo asumí contar esta historia y mi padre asumió contarla tabién, pues es su historia más que nada. Pero por ejemplo mi mamá no sale en la película, apenas una imagen, pues ella eligió no estar en la película y yo tampoco la quería forzar a estar.

Con este material yo me expuse por completo, no tengo ningún problema con esa posición que puede ser a veces vulnerable.

Existe en un momento del documental un nivel de exigencia hacia tu papá como tu progenitor, pero también como protagonista de tu película, ¿cuánta conciencia como director asumes en esta exigencia?

Yo me tomé muchos años para hacer esta película y hubo un momento en que me di cuenta de muchas cosas, como saber hasta dónde mi papá se iba a abrir y hasta dónde no. Antes de aceptar filmar la película él nunca habló nada conmigo y después tampoco. Al inicio, la primera vez que filmamos para la película en Alemania, en el año 2012, estuvimos durante cinco días en Berlín y me di cuenta el día antes que nos íbamos, qué él no me había contado nada. Él tenía un discurso como autoprotección que yo no podía romper. Él me hablaba, pero al final no sabía lo que me interesaba. Ese día por pirmera vez tomé la historia en mis manos, pues hasta ese momento él la tenía en sus manos, y le dije: “papá no me has contado nada, ahora me vas a contar, por favor”.

Él me contó una parte, y a  partir de ahí yo supe que si quería conocer algo tenía que tomar la historia en mis manos. Cambiar los roles padre e hijo, que no es fácil, él es la autoridad, el que decide, él es el papá, no el hijo. Entonces yo tenía que cambiar y obligar a mi padre ha hablar. Muchas veces de ahí en adelante yo lo obligaba a hablar y él muchas veces, sobre todo cuando estábamos en Chile, no quería, se iba delante de la cámara, eso lo usamos en la película también. Él quería hablar, pero le era muy díficil.  Aunque yo sabía que podía presionarlo, él había aceptado a hacer el filme, o sea que también le podría hacer bien a él. Creo que llegué muy lejos, pero me di cuenta que para llegar más allá había que trabajar de una forma sistemática de entrevistarlo, pues sino él se iba a provechar de la relación padre e hijo. Igual también confié en un externo como es el periodista, especialista en derechos humanos, quien conversó durante tres días enteros con mi padre.

Después de esta historia personal, pero que habla de un hecho político, ¿cuál sería la percepción que tienes de la dictadura chilena?

Es muy complejo. Cuando yo inicié esta búsqueda tenía 19 años. No conocía Chile, no hablaba español, no conocía nada. Ahí hice una primera película que se llamaba Mi padre, mi historia de una forma muy ingenua, inocente, quería saber qué pasó en Chile durante la dictadura. Sabía por los libros, pero no es lo mismo que escucharlo de alguien.

A partir de ahí cada año quise volver a Chile para conocer más. Igualmente yo siempre he vivido afuera, o sea que mi percepción de Chile, siempre va a ser diferente a la de alguien que vive allí.

Es muy difícil, formarse una opinión sobre eso. Chile es todavía un país extremadamente dividido, mucho más que otros países que han vivido la dictadura, que en todos se refleja algo, pero en Chile es tan extrema la división, que siempre se ve la historia en blanco y negro, o sea tú estás con nosotros o contra nosotros, pero no hay otros puntos de vista. No hay otros colores en las historias.

Esto es lo que yo quiero contar en mi película, hay otros colores, otros puntos de vista, de jóvenes de la segunda generación, de la tercera generación, que quieren contar la historia desde una manera diferente.  Si no miramos las zonas grises también, no vamos a poder avanzar. En Chile falta diálogo. Creo que desde hace unos años en el cine latinoamericano hay voces más jóvenes que quieren contar la historia de otra forma.

En este caso, mi película nace de una necesidad de sanación, de sanarme a mí, a mi papá, a mi familia. Creo que las películas sirven un poco de sanación.

¿Hasta qué punto fuiste conciente como realizador de esta historia que narra un punto medio?

No sé si es un punto medio exactamente. Sé que es la historia de un joven de 20 años que no estaba interesado en la política, no tenía nada que ver con los militares, su familia si tenía que ver con la izquierda, pero él solo quería trabjajar, tener una buena vida y en los tiempos de la dictadura lo tomaron y tuvo muy mala suerte y peleó contra esa maquinaria de la dictadura que quería deshumanizarlo, apropiarse del. Para mí él siempre se resisistió y gracias a eso pudo escaparse. Lo que pasó fue en muy poco tiempo, cinco meses, pero marcó su vida.

Por lo que sé, abre un diálogo, pues todavía su historia es única,  pues no he escuchado de alguien que haya pasado por lo mismo. Se puede cuestionar, si alguien es obligado o no, o la idea de que si no hago lo que me dicen me matan a mí. Pero mi papá no estaba en esa posición, fue un instrumento muy morboso de lo que aprendieron los miliatres en la Escuela de las Américas. Fue un experimento único y la persona responsable del mismo se convirtió después en General especialista en formación y doctrina, y durante décadas formó todos los comandos. La persona responsable de esta historia en el año 70 formó todos los milatares chilenos, debe haber sido importante lo que hizo para que después se convirtiera en General.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

trece + 19 =