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Bajo el título «Tomás Gutiérrez-Alea, entre Historias de la Revolución y Guantanamera», notables académicos y profundos conocedores del cine cubano, y en particular de la obra de Gutiérrez-Alea, reflexionarán acerca del amplio abanico de temas que caracterizan su filmografía e ideario teórico. No hay lugar a dudas que Gutiérrez-Alea es un intelectual imprescindible del siglo xx, por lo que los incuestionables aportes de su obra y pensamiento a la cinematografía universal son objeto de revisión permanente. Artista comprometido con su tiempo y con un gran sentido de su responsabilidad social, tomó la cámara y la palabra para desvelarnos los conflictos y contradicciones más acuciantes de la realidad: «No me interesa un cine puramente de propaganda política porque es algo circunstancial, que solamente funciona en el momento de la arenga y no opera en un público amplio ni en todo momento». Este seminario ofrece una preciosa oportunidad para continuar el diálogo que generó Titón desde los inicios. Un diálogo que alimentará otros nuevos a partir de la multiplicidad de lecturas y miradas a las que invita constantemente una obra que se inscribe en lo mejor de la vanguardia artística del siglo xx. Un diálogo que permitirá resignificar cada película para nuevos públicos. Un diálogo que convida a acercarnos a su quehacer cinematográfico sin esquematismos, sin análisis reduccionistas, sin manipulaciones o prejuicios. Este no es un homenaje póstumo teñido por la nostalgia, porque la nostalgia nos sitúa siempre en el pasado. Será un diálogo del presente para el futuro, para no volverlo invisible, para devolverlo al lugar de la memoria, su memoria. En su diálogo abierto, Gutiérrez-Alea invitó a no conformarse, a correr riesgos, a equivocarse, a ser honestos y valientes a la hora de manifestar las contradicciones que inquietan a los creadores. Y, sobre todo, invitó a no perder de vista a quiénes estaba dirigida una obra, a quiénes debía servir. La profundidad de su trabajo también se debe a que era un crítico por excelencia: «Yo creo que si la crít ica está  bien hecha, si es eficaz, si es profunda y nos ayuda a superar los problemas que tenemos y las debilidades que tenemos, nos hace má s fuertes y menos manipulables. […]. Una crít ica profunda tiene que hacerse de manera muy eficaz para que sea irrebatible». Gutiérrez-Alea desarrolló su obra en su país, del brazo de la época que le tocó vivir. En un contexto en permanente convulsión social y política, libró todas sus batallas hasta el final de su vida. Podría afirmarse que fue por ética, por coherencia, por sentido de pertenencia. Por amor a la esencia de un sueño personal y colectivo, su país siempre fue el espacio de su memoria. Para unos fue un disidente, para otros un propagandista del gobierno, para

Titón:

Bueno, unos dicen que soy disidente porque critico a la realidad cubana, y otros que soy un propagandista del gobierno porque con esa crí tica trato de hacer ver que en Cuba existe libertad cuando en realidad no existe. ¡Qué  dilema, eh! Es absurdo, no sé  dón de me van a colocar. En realidad, no soy ni una cosa ni la otra. […] Si se entiende como disidente a una persona que ataca al gobierno para tratar de destruirlo y tratar de barrer con todo lo que la Revolución  ha podido traer de beneficio para el hombre, pues no soy un disidente. Pero, por supuesto, critico dentro de la Revolución  todo lo que pienso que es una distorsión  de esos objetivos y de esos caminos esperanzadores, o sea, critico todo lo que nos ha desviado hasta el punto de colocarnos, como estamos hoy, en una crisis bien peligrosa y bien angustiosa. En ese sentido soy crít ico, pero no soy un disidente. Con respecto a lo que dicen los otros, que soy un propagandista, una especie de má scara que el gobierno se pone hacia el exterior para hacer ver que hay libertad… pues yo creo que habría  que remitirse al contenido de mis pelíc ulas. Ah, claro, son pelíc ulas complejas, crít icas, pero que por ello mismo son también  una respuesta a la imagen que ciertas gentes dan de Cuba desde el exterior, que es también  una imagen distorsionada y una imagen superficial, donde no se analiza nuestra situación [tomado de una entrevista con Michael Chanan].

Y este diálogo, que se produce en el marco del Festival, dará la palabra a quienes no solo han estudiado tan a fondo su obra, sino que admiraron y amaron al extraordinario ser humano que la creó. Con su trabajo han contribuido decididamente al conocimiento y visibilidad de nuestros cines. La ética y coherencia personal y artística de Tomás Gutiérrez-Alea le abrió un espacio en el corazón de muchos —aún con sus diferencias ideológicas—, con los que forjó una entrañable y honesta amistad; admiradores incondicionales de su labor que han podido encontrar en ese pensamiento —no único— todos los puntos de comunión que conectan a los que creen en un espacio de tolerancia, comprensión y humanismo. Confiemos en que este diálogo continúe por generaciones. ¡Larga vida a Titón!

Palabras de la investigadora Teresa Toledo para el catálogo del edición 40 del Festival.

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