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Documental (com)prometido

El Panorama Documental del 39. Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, propone un horizonte de excelentes opciones para continuar pensando nuestra contemporaneidad. Además, viene a constatar la dúctil ingeniería estética y los altos valores comunicativos de un género que en los últimos años ha alcanzado un auge considerable. La selección privilegiada por el certamen habanero en 2017 es síntoma de una de sus zonas más prometedoras: la potencia con que explora los pliegues de la realidad desde fórmulas cada vez más heterodoxas.

Entre las ofertas destaca No intenso agora, del brasileño João Moreira Salles. El realizador se sirve del material filmado por su madre en 1966, durante un viaje a China en el primer año de la Revolución Cultural, para, cuatro décadas después, problematizar otras sociedades que experimentan algún proceso parecido. Trabaja con imágenes de archivo para discutir y hurgan en el golpe brasileño de 1964 y en la Primavera de Praga y los acontecimientos del mayo parisino de 1968. Con este documental, estamos frente a una personal indagación, en tono ensayístico, sobre el peso y las resonancias de las revoluciones. Pero, sobre todo, en él llama la atención el prisma subjetivo e individual desde el cual se aproxima a sucesos medulares de la Historia más reciente. Aunque en un registro diferente y con un punto de vista quizás polémico, otra cinta que coloca el nervio de la sociedad actual en la mesa de discusiones es Tierra Prometida, de Eugene Jarecki, una coproducción entre Estados Unidos, Alemania y Francia. Lo que se nos propone aquí es un paralelo entre el devenir de la personalidad y la carrera de Elvis Presley y lo que ha llegado a ser el país de “las oportunidades”. O sea, al tiempo que se inspecciona la vida de “el Rey del rock and roll”, se mira hacia la decadencia de la cultura norteamericana. En un paseo por las calles estadounidense durante la campaña electoral de 2016, se observa el recorrido del sueño americano en un momento determinante para la nación.

Uno de los irrecusables méritos de la muestra documental de esta edición del Festival radica en su interés por acoger la cultura del otro, tanto desde la ideología como desde la identidad. Por ejemplo, Rebeldes en punta, de Bobbi Jo Hart –coproducción entre Canadá, Italia, Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña– es la historia de Les Ballets Trockadero de Montecarlo, una compañía de danza integrada por un grupo de hombre que, por medio de sus parodias a las grandes obras del ballet clásico, se han convertido en iconos del travestimos hoy día. Rebeldes… se adentra en las interioridades de la agrupación, desde sus inicios en la escena amateur de Broadway hacia 1974, hasta hoy, en un agudo repaso de su trayectoria. Como apuntan en la sinopsis, es este “un divertido cóctel de alta cultura y estética camp que convierte al gesto de ponerse un tutú en acto de rebeldía”. También tenemos la perspectiva de Tu piel tan lisa (Denis Côté, Canadá), donde se explora la cultura de un grupo de fisiculturistas, sus rituales, sus inquietudes y expectativas, sus rutinas y costumbres. Esta pequeña pieza tiene el rigor de adentrarse sin prejuicio alguno, desde una postura antropológica, en la vida de unos sujetos muchas veces preterido por su culto al cuerpo; se detiene a investigar una obsesión, a examinar la subjetividad de unas personas dedicadas a una carrera plagada de retos y limitaciones. El teatro de la desaparición, del argentino Adrián Villar Rojas, por su parte, presenta una visión, unas veces trágica, otras enigmática, del mundo, a partir de la documentación del hábitat en la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur o una alfarería en Marruecos o algún espacio remoto. Su objetivo parece localizase en la voluntad de mirar el cosmos de una realidad que supera un espacio concreto.

Con un fuerte sustrato de confrontación política, uno de los documentales más arrojados vendría a ser Un sentimiento más grande que el amor, del libanés Mary Jirmanus Saba. Enfocado en reflexionar sobre el presente del país y la difícil situación de una existencia inestable, marcada por conflictos de todo tipo, Un sentimiento… intercala escenas del cine militante en esta región con el contexto presente de campesinos y trabajadores; se acerca a la historia de un mártir de una huelga febril de 1972 en Beirut, a momentos en que pudo desatarse una revolución social a raíz de ciertos levantamientos obreros, y a la guerra civil. Es este un trabajo de cuestionamiento y denuncia, que ve el cine como una posibilidad de hacerse escuchar. Asimismo, el director palestino Raed Andoni, en Ghost Hunting, construye una reproducción de Al-Moskobiya –principal centro de interrogatorio de Israel–, donde fuera encarcelado en su adolescencia, con el fin de representar la historia oculta tras estas paredes; para ello, se vale además del testimonio de muchos exreclusos del sitio que facilitan relatos sorprendentes.

De cualquier forma, lo más significativo en este Festival de La Habana es el equilibrio entre un producto cinematográfico que se aprehende a los nuevos códigos de la representación audiovisual –convencido de que el documental es un terreno de creación abierto a las más variadas formas y tendencias– y un ejercicio puesto al servicio de lo social –entiéndase un interés dramático por rastrear/repasar/dejar ver ciertos intersticios del discurrir del mundo actual–.

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