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El Sócrates de Brasil

Las realidades latinoamericanas están colmadas de historias de vidas nacidas en la marginalidad, en las barriadas y los entornos alejados. Brasil es un país rico en contrastes, tradiciones y sincretismos y sus contextos son bien aprovechados por cineastas tanto en la esfera del cine documental como en el de ficción.

Después de la muerte de su madre, el joven Sócrates, morador de la periferia de la Barriada Santista, litoral de São Paulo, hace lo posible para conseguir sobrevivir en la realidad en que se encuentra. Se trata de un adolescente negro de apenas 15 años que no sabe prácticamente nada de la vida e intenta, a duras penas, conseguir sustento y seguir sus sueños de la manera que puede.

El filme, seleccionado para competir en el grupo de óperas primas en esta edición del Festival de Cine de La Habana, está construido a partir de experiencias de chicos de entre 16 y 20 años de edad. Dirigida por Alex Moratto, la cinta busca incluir las perspectivas de los jóvenes marginados sociales en ambientes de tensión.

¿Es la perspectiva de Sócrates una unión surgida de un hecho real o una configuración ficticia que alude a una crítica social?

En Brasil, hay innumerables Sócrates, que buscan una vida digna pero que están de cara a todo lo que el personaje enfrenta en el transcurso de la película. Sí, es una ficción, pero se basa en una fuerte realidad brasileña. Al mismo tiempo, su historia trata con la superación del luto y la soledad, algo que toda franja de edad y toda persona independiente de clase social pueden entender. La desigualdad social no es la única tragedia de la sociedad brasileña, es la falta de amor dado a una persona como Sócrates. Eso tiene lugar en todas las culturas y Sócrates vive eso en la piel.

¿Por qué centrar el eje de la polémica en un chico de 15 años?

Porque en Brasil y en todo el mundo, el joven es menospreciado. Sócrates es una persona compleja lidiando con emociones adultas, pero él no es visto y tratado como una persona digna de esas emociones por su edad.

Entre todas las barriadas marginales de Brasil, ¿por qué escoger específicamente el litoral de Sau Paulo como escenario?

Porque el Instituto Quero, que produjo la película conmigo, tiene sede en el litoral.

¿Qué le aportó el hecho de nutrirse de experiencias en el Instituto Quero?

Fue muy importante trabajar con el Instituto Quero y producir una película sobre jóvenes en situaciones de riesgo social con jóvenes que son incluso de esas situaciones. Yo quería representarlos por delante y detrás de la cámara.

¿De qué forma ha sido vista esta película por parte de políticos brasileños, dado que se ha proyectado ya en el Festival de Río 2018?

La película fue exhibida y premiada en el Festival Internacional de São Paulo, en el Festival de Río, y en el Mix Brazil, pero aun con esa atención del público, no me imagino que políticos u organizaciones gubernamentales estén viendo la película.

¿Qué expectativas representa el hecho de participar con su ópera prima en la selección del Festival de Cine de La Habana?

Estoy muy curioso por saber de las reacciones del público de La Habana. Espero que el público pueda identificarse con esta película de varias maneras.

Las realidades, en esencia, son más ricas que las configuraciones propias, la materia prima de toda producción cinematográfica. Sócrates muestra una tesis verídica en su secuencia: las personas son siempre más importantes que las películas.

 

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