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Emir Kusturica, latinoamericano de corazón

Enamorado de América Latina, de los libros de Gabriel García Márquez (Gabo) y del realismo mágico de nuestra literatura, el aclamado director serbio Emir Kusturica reconoce la influencia de estas tres pasiones en su obra. Esa es la razón fundamental –según confiesa– por la que mientras sus dos primeras películas fueron muy realistas, filmó Tiempos de Gitanos, donde expone lo místico y extrasensorial de esa cultura.

Su vínculo con el continente también lleva la marca de cuando conoció a Gabo en París y el Premio Nobel le dijo que Underground era comparable al Decamerón. Tiempo después fue a visitar al escritor y le comentó sus impresiones acerca de El otoño del patriarca, en especial el pasaje donde la joven atraviesa la pared. Cuál sería su sorpresa ante la respuesta de contundente asombro de su interlocutor: «¡No, yo no escribí eso!».

Durante un tiempo Kusturica se dedicó a buscar el fragmento en el libro una y otra vez, hasta cerciorarse de que, en efecto, ahí estaba. Como autor de tres libros, el cineasta afirma: «Entiendo que Gabo no recordara una parte. Como escribía en metáforas, es posible que esta se perdiera en su memoria».

Formado en la Academia de Artes Interpretativas de Praga y ganador en dos ocasiones de la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, honor del que solo un selecto grupo de directores puede presumir, Kusturica admite que al comenzar un nuevo proyecto siempre es como si fuera la primera vez, pues todo lo aprendido desaparece.

Al referirse a los lauros, el realizador comenta: «Cuando en 1981 fui a recoger el León de Oro en Venecia no me veía como un director de cine, sino como un boxeador joven que iría a pelear con alguien. Cuando uno no espera los premios, estos llegan y eventualmente te acostumbras». Un instante después –entre risas– dice: «¡Por eso empecé a tocar música!».

«De alguna manera la inspiración llega y me monto en mi nuevo trabajo». Bajo esa filosofía rodó Maradona by Kusturica, filme documental acerca de la trayectoria del famoso futbolista argentino. En la cinta se expone la infancia, adolescencia, militancia política y dilemas personales por los que atravesó quien llevara el diez en su camiseta.

El otro personaje latinoamericano que lo cautivaría fue el ex presidente uruguayo José Mujica, protagonista de El Pepe, una vida suprema, documental que inauguró la presente edición del Festival y que resulta profundamente intimista y revelador. Al respecto, el director expresa: «Mujica merecía una gran película. Él viene de ese sueño de encontrar un punto medio entre el capitalismo y el socialismo».

Kusturica no oculta su admiración por el ex mandatario, a quien contemplaba como si fuera un Dios, envuelto en el campo electromagnético de lo divino: «No es solamente lo que uno ve, un hombre sencillo e increíble. La mayoría del mundo se mueve por egoísmo y de pronto te encuentras a Mujica».

El documental muestra un Pepe sencillo, despojado de lujos y ostentaciones, al Mujica íntimo del día a día que permaneció trece años preso por el ideal romántico de quitarles a los ricos para regalarles a los pobres. Según el mismo Kusturica apunta, Pepe le dio la fuerza para mirar al futuro y a su vez, no olvidar el pasado.

«Mujica nos hace ver que la historia del cristianismo tal vez no es como nos la cuentan. Podría dar su vida instantáneamente por algo que ama. Doscientas mil personas lloraban de tristeza el día que acababa su mandato. No sé si algo así ocurrirá en el futuro», señala.

«Al final, se trata de una historia de amor y no era el plan que eso sucediera. Reconstruyendo el devenir de Mujica a través del último día de su presidencia, nos dimos cuenta». Y es que la relación con Lucía Topolansky, quien además de esposa representa una compañera de viaje, aventuras y utopías para él, se convierte en un engranaje clave dentro de la narración.

Mirar con objetividad y distancia el resultado de numerosas sesiones de filmación fue muy difícil para Kusturica, quien confiesa que lloró como un bebé al final del estreno en Venecia. «He recibido premios, he asistido a festivales y esta es la primera vez que no podía parar de llorar». Para la suerte del director, Pepe, quien lo acompañaba en la proyección, se escurrió entre la multitud y todos comenzaron a perseguirlo. De acuerdo con Kusturica fue la mejor solución, porque mientras todos corrían detrás del ex presidente, nadie lo vería llorar.

Ante la pregunta de que disfrutaba más, la música o el cine, el realizador responde que aunque se sabe mejor director que músico, hacer un buen filme es casi como seguir los pasos de Jesucristo. En cambio, es posible tocar música y divertirse a la vez.

Durante el diálogo, Kusturica reveló algunos detalles de sus próximos proyectos como la película que lleva por título Nube blanca, si bien afirma que después de haber rodado El Pepe, una vida suprema, está dispuesto a llorar por la desaparición del cine en los próximos treinta años.

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