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Entrevista a Alfredo Guevara en el programa televisivo Privadamente público.

Programa trasmitido por el Canal Educativo 2, el martes 22 de julio de 2008 a las 8:30 p.m.

Periodista (Raúl Garcés): Muy buenas noches. Si habitualmente este programa le dice que pretende pensar la cultura, la política y la sociedad contemporánea en el tiempo de televisión que tenemos para compartir juntos, yo le diría que hoy vamos a intentar cumplir ese propósito con un invitado especial, un testigo excepcional de la Revolución cubana, y digo que testigo no desde una mirada de contemplación, sino desde una mirada de obra, de acción, de vida entregada a lo que ha sucedido en los últimos cincuenta años en Cuba.

Yo les propongo, como siempre, empezar con algunas imágenes relacionadas con mi invitado, le propongo, además, que mantenga la sintonía, y que vuelva con nosotros enseguida para iniciar este diálogo.

Amigos míos, los veintisiete minutos de esta noche son para Alfredo Guevara. Yo le agradezco mucho que esté con nosotros esta noche, y quería empezar, Alfredo, en noviembre de 2005, Fidel, creo que no por gusto en la Universidad de La Habana, no por gusto en el Aula Magna, no por gusto frente a jóvenes universitarios, lanzó la hipótesis y nos convocó a pensar en la posibilidad de que bajo determinadas circunstancias la Revolución cubana fuera reversible. ¿Qué consecuencias usted cree que ha tenido ese debate entre nosotros?

Alfredo Guevara: No la que tenía que tener.

P: ¿Por qué?

AG: Lo cierto es que no solo estaban los jóvenes, tuvo allí a los que quedamos de la vieja generación, que es vieja, pero que con él se demuestra que es joven, a pesar de la enfermedad. Digo que no tuvo la respuesta que debió de haber tenido en aquel instante, porque creo que siendo Fidel alguien que tiene una capacidad didáctica ilímite, además, fue un momento muy dramático, muy especial, muy revelador de esa visión larga que él tiene, que no se queda nunca en un mismo lugar, yo creo que no entendimos que él estaba hablando también de la corrupción del alma, es decir, de un relativo, pero importante, perceptible, proceso de rutinización del pensamiento revolucionario.

Yo creo que él advirtió de la eventual reversibilidad de una revolución, y en este caso de la nuestra, pero advirtió también que lo más importante era que sus protagonistas no protagonizaran ese proceso. Él llamó contra la rutinización, ya lo había dicho antes y de mil maneras, y en una frase, no en ese discurso, pero estaba implícita, estaba subyacente, había dicho: “lo revolucionario es cambiar cuando hay que cambiar”. Por supuesto que en labios de Fidel jamás el cambio es hacia el capitalismo, ni el cambio es esa bobería que escucho demasiadas veces, de la transición, es hacer en cada momento lo que hay que hacer.

P: ¿Usted cree que el socialismo cubano sabe aprender de sus errores?

AG: Hay un error que no es el socialismo cubano, sino que es de los revolucionarios, en general y en el curso de la historia, que es dejarse ganar a veces por teorías y más teorías, aun si estuviera hablando de Carlos Marx. Yo estoy conociendo en este momento, porque es mi vocación, a jóvenes revolucionarios muy lúcidos, en nuestro país, están pensando en teorías, en qué dijo este, en qué dijo el otro, en que… si Marx habló de la transición, etcétera. Yo, tal vez por la edad que tengo —no me siento antiguo, me siento realmente más avanzado que esas posiciones— y creo que la realidad es que hay que producir alimentos. La realidad más importante de lo que está pasando es una revolución agraria sin ese nombre. Da lo mismo los nombres, yo me acuerdo que Raúl dijo —en un momento dado cuando Fidel empezó a hablar de socialismo abiertamente— dijo: no importa Juana ni su hermana, lo que interesa es lo concreto que estamos haciendo.

Si otras generaciones, otros cuadros —esa palabra horrible— se equivocaron o condujeron a equivocaciones, o todos nos equivocamos y hubo que rectificar, lo que sea, francamente, Garcés, no es el instante en que me interesa hablar de ello, y si tenemos pocos minutos y los estamos consumiendo, prefiero decir que el punto de partida del pensamiento revolucionario es y será siempre la realidad.

P: A mí me entusiasma, creo que de alguna manera está recurrente en su pensamiento, la necesidad de buscar obviamente soluciones concretas a los problemas que se están presentando, pero al mismo tiempo proyectar un diseño, yo creo que…, a más mediano y largo plazo, donde uno sepa a dónde quiere llegar, y donde uno sienta la necesidad de no perder el rumbo. Usted ha sido muy crítico de la cultura de la improvisación, usted ha sido muy crítico de la ignorancia en sus discursos, en sus intervenciones, ¿con qué socialismo sueña Alfredo Guevara?

AG: Discursos, intervenciones y práctica… Ningún discurso, ninguna intervención, ninguna teoría vale un comino si no va acompañado de su conversión en práctica más lograda, menos lograda, de más alcance, de menos alcance. Yo creo que el pensamiento precede a la acción, y que la acción sin pensamiento es una locura, y el pensamiento sin acción es una bobada.

El diseño es la clave de todo. No puedes abordar nada sin prediseñarlo, pero diseñar es estudiar las opciones, es dejar caminos abiertos, es tener parámetros muy amplios, pero mucha lucidez en la corriente principal, lo que me ha mantenido en este estado de optimismo permanente a pesar de los fracasos, y de las dificultades, y de todo lo que se quiera anotar, ha sido, para mí, que nos hemos equivocado en muchas cosas, pero la corriente principal ha tenido siempre un valor ético de primer orden y una capacidad de previsión, y una capacidad, a veces, de reconstrucción.

Yo creo nos detenemos mucho, y con razón, en la gran hazaña revolucionaria de la guerrilla, del triunfo sobre un ejército poderoso, de haber sobrevivido a tantas presiones del imperio, pero tal vez la hazaña más importante de nuestra dirección, y de su lucidez, y de Fidel en particular, ha sido haber sido capaces de diseñar un nuevo programa a toda velocidad, aunque algunas cosas había empezado algo antes, para sostener la Revolución en el momento en que se derrumbó el ya falso entonces campo socialista. Yo creo que esa hazaña extraordinaria no ha sido todavía bien evaluada.

Yo creo que, de todas maneras, aunque es en un pasado reciente e importante en nuestras vidas, la vida de todos nuestros pueblos, yo creo que este no es el instante del pasado, ni aún del pasado reciente, y entonces, lo más importante es lo que está pasando, lo demás ya está incorporado, está incorporada a los más cultos, a los más conscientes, a la vanguardia, eso es la vanguardia. Yo quisiera que la vanguardia fuese mucho más amplia y que la instrucción masiva, no debemos olvidar jamás que tenemos un millón de universitarios y millones de gente preparada es decir instruida, pero no culta, y cuando eso se logre, será más fácil avanzar. Cuando eso se logre y podamos destruir la burocracia, porque tú en algún momento has dicho que siempre insisto en que la ignorancia no es revolucionaria y es enemiga de la Revolución, y mina la Revolución, pero ¡ay, Dios mío, la burocracia! Cuando alguien como Fidel dice hacer en cada momento lo que es necesario hacer, eso es ser revolucionario, la burocracia no se atreve a decir no, pero dice no en lo más profundo de sí misma.

P: Usted dijo en Revolución es lucidez —uno de los libros que compila algunos de los ensayos— “la juventud tiene por delante una gran tarea que salvo en algunos lugares no es la del sacrificio del fusil y la vida, sino de un heroísmo invisible, refundar el socialismo y salvar la izquierda”. ¿Qué claves debía llevar adelante la juventud cubana para alcanzar ese propósito, a su juicio?

AG: Me gustaría no darte respuesta sobre la juventud cubana. Ya veremos. Hay que reconquistar a fondo la esperanza que algunos han perdido, hay que pensar, el socialismo, y a veces ni el socialismo, la Revolución, que el ideal es que sea socialista, pero me basta con que sea revolución, es decir, con que rompa la rutina y vaya a transformar la realidad en la medida en que pueda. Refundar la izquierda está difícil, parecía imposible y sigue siendo difícil, pero parece posible.

P: Estamos conversando con Alfredo Guevara. Esto es Privadamente público, ya sabe que estamos en el verano con usted a las 8:30 de la noche. Yo le propongo que hagamos una pausa ahora, vamos a ver algunas entrevistas que hicimos a personas que han estado relacionadas con la vida de Alfredo, y enseguida regresamos para continuar este diálogo.

 

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Enrique Álvarez(cineasta): Yo creo que Alfredo es un hombre bien polémico, ¿no?, además, que no le huye a la polémica, sino que la busca todo el tiempo. Es una persona que tiene criterios muy definidos y los defiende, y en este sentido las relaciones con él dependen de cuánto en sintonía tú puedes estar con sus ideas o no. No sé, yo creo que si le preguntas a diez cineastas cuál es su relación con Alfredo, todos te podrían contar una historia diferente.

Argel Calcines (editor): Yo creo que Alfredo es un ejemplo del revolucionario intelectual, del revolucionario artista, del intelectual que no cambia de casaca y te dice hoy algo inversamente proporcional a lo que decía hace cinco o diez años.

Enrique Álvarez (cineasta): Alfredo es una persona que cuando te llama para conversar contigo, siempre te llama para algo preciso, algo que tiene en su cabeza, no le gustan las divagaciones, no le gusta que tú des vueltas, tú tienes que llegar y si él te hace una pregunta lo mejor es que se la contestes de manera rápida, sintética, no le gusta que uno floree mucho alrededor de nada. Y él mismo es así con uno en las relaciones de trabajo, él es muy directo, sabe lo que quiere, y yo creo que una manera de dialogar muy con él es demostrándole que uno sabe lo que quiere también.

Argel Calcines (editor): Yo diría que Alfredo es el ejemplo del intelectual consecuente con sus ideales desde su juventud.

Jorge Luis Cortés (músico): Desde mi trinchera creo que he aportado un granito de arena a la gran montaña, sobre todo de la música popular cubana, y creo que Alfredo ha aportado muchísimo a la montaña del cine cubano y de todo lo que tiene que ver con las filmaciones, con las películas, el ICAIC en general. El ICAIC es un nombre: Alfredo Guevara.

Enrique Álvarez (cineasta): En los últimos años él ha publicado libros editados por él mismo, en los que ha publicado una serie de cartas y de documentos que a veces tú dices, pero bueno, cómo Alfredo se atreve a publicar esta carta en la que prácticamente está funcionando como un censor, ¿no?, la que tú puedes evaluar desde hoy: coño, esto es un acto de censura. Y él lo ha hecho con una honestidad tremenda porque, además, son documentos que cuando tú los ves a fondo están llenos de argumentaciones y de razones totalmente válidas desde su punto de vista.

Argel Calcines (editor): Hay hombres a los que tú te acercas en circunstancias difíciles en determinados momentos, después mantienes conversaciones esporádicas, y en esos instantes tú logras saber, comprender cosas que tardarías años en comprender. Es como si te cerraran círculos en la mente, como si corroboraran tus dudas o certezas, yo creo que una de esas personas es Alfredo Guevara.

Enrique Álvarez (cineasta): Yo creo que es una personalidad muy polémica, pero que nunca en su vida ha rehuido eso, siempre que ha sido frontal. Yo creo que es un intelectual que a pesar de su edad permanece totalmente vivo intelectualmente.

Argel Calcines (editor): Yo creo, en síntesis, que sin la figura de Alfredo Guevara no puede escribirse, ni por asomo, la historia de las relaciones difíciles, pero harto fecundas, entre la intelectualidad artística y el poder revolucionario en Cuba y Latinoamérica.

P: Me llama la atención que estábamos escuchando a Argel, estábamos escuchando a Enrique Álvarez, también a José Luis Cortés, que todos reconocen el trabajo que usted ha hecho y la relación que tienen con usted, pero son amigos que provienen, o personas que provienen de muy diversos registros, y de muy diversos espectros, ¿tiene amigos en todas partes, usted cultiva eso?

AG: No, no soy cultivante, simplemente soy natural, o por lo menos eso me creo, y persigo, ante todo, como ley de vida, la autenticidad. Creo que este tipo de relaciones resultan de la autenticidad. A unos les inspira la autenticidad confianza y a otros, horror, bueno, qué le voy a hacer.

P: Usted ha dicho que no es un hombre de cine. Ciertamente, un hombre que ha consagrado gran parte de su tiempo no solo a pensar la Revolución, sino también a hacerla, sin embargo, preside el Festival de Cine Latinoamericano que este año justamente cumple su treinta aniversario, ¿qué tiene de nuevo el Nuevo Cine Latinoamericano a estas alturas?

AG: En primer término, te diré que sí soy un hombre de cine, pero no solo un hombre de cine. El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano es parte de ese —la palabra patriota la han tergiversado mucho— pero es de ese patriotismo latinoamericano que impregna a toda mi generación y a las generaciones con que estamos entrelazados. ¿El Nuevo Cine es nuevo? —es la preocupación mayor—, es nuevo, será nuevo mientras no supere a la generación primera. Si nos imitaran, si quisieran ser nosotros, o ser otros…, entonces se acabó el Nuevo Cine. El Nuevo Cine no por nosotros ya, fue Nuevo Cine cuando éramos jovenzuelos, es Nuevo Cine cuando otros son jovenzuelos, y seguirá siendo Nuevo Cine mientras las generaciones se sucedan con su propio mensaje, abordando su propia realidad, sometiéndola a la crítica, incorporándose a ella perdidos en el llano o ganados por la utopía.

P: Usted ha sido muy crítico de los medios de comunicación en un contexto general, pero también ha sido crítico de nuestros mensajes, a veces por banales, a veces por superficiales, a veces por estereotipados. ¿Cambiar eso, Alfredo, depende solo de los medios?

AG: Depende de que la inteligencia logre apoderarse de ellos. Desde dónde la inteligencia los ha desertificado —no lo digo bien—, bueno, los ha convertido en un desierto, no me toca decirlo ahora y aquí, lo he dicho donde lo tengo que decir. No es responsabilidad solo de los dirigentes de los medios, es falta de visión, y de información y de cultura de los medios. Yo creo que tenemos que volver a la información, y desterrar la rapidez, la desesperación por decir muchas cosas en tres minutos. Yo estoy hablando de la información reflexiva que le dé tiempo al espectador de pensar en lo que se le está hablando. Hay una especie de mentalidad de clip, todas las noticias en diez minutos, todas las noticias en imágenes directas.

Al final, el espectador dice: he estado cerca de la realidad, porque es el dominio de la imagen, pero hay que no olvidarse de pensar, de reflexionar, de buscar más información, de tener diversidad de informaciones. Ese es el gran problema. Yo no soy enemigo de los medios masivos dominantes, y creo que el más importante ahora, en Cuba, es la televisión, y más tarde será la televisión en INTERNET y no el cine.

P: ¿Y cómo usted valora la relación entre vanguardias intelectuales y medios de comunicación en Cuba? Es decir, hay quien extraña, por ejemplo, momentos pretéritos en los que muchas figuras intelectuales reconocidas, pienso, por ejemplo, en Alejo Carpentier que escribía hasta guiones para radio, para la radio cubana, había una relación muy fecunda entre ambos ámbitos, ¿Cuál es su juicio en la actualidad?

AG: ¿Y por qué no me lo respondes tú?… Yo quisiera saber porqué. Yo creo que… bueno, yo no quisiera que todo tipo de intelectual, aunque algunos muy valiosos pero mejor que se queden en los libros, y el que quiera leerlos, que los lea, pero yo creo que ciertos intelectuales que reconocen que el político es un intelectual, y que no pueden actuar en los medios para abusar de sí mismos narcisistamente, yo creo que un intelectual que va a los medios va…, sino no vale la pena, va con el bisturí en la mano a hacerle un buen rasgado a la realidad, a expresar convicciones, si las tiene; preguntas, si como en mi caso es lo que más tiene; porque me has visto afirmando a mi modo, pero yo debo decir que yo soy ante todo pregunta. Me pregunto sobre todo, y también cómo resolver los problemas que tú vas planteando.

P: Siempre que se habla de creación en Cuba, muchos mencionan al ICAIC como una institución fundacional, o Casa de las Américas, o algunas instituciones que han tenido un papel muy importante en la promoción de creadores. A su juicio, ¿a qué relación debiera aspirar el socialismo, entre un gestor de cultura, usted que lo fue tanto desde el ICAIC durante tanto tiempo, y un creador?

AG: Bueno, yo me siento un creador. Yo creo que un gestor de cultura, que es una de mis facetas, lo ideal es que sea un creador. El ideal es que no hay nada más fácil que el que un gestor de cultura sea un burócrata, sabiéndolo o no sabiéndolo. No siempre el burócrata tiene conciencia de quién es, si quieres no les llamo burócratas para que no se ofendan, porque como que no se sabe, pero son funcionarios. ¿Y qué cosa es ser funcionario? Bueno, es muy simple, es alguien apto para funcionar, pero entonces viene la siguiente pregunta; para funcionar al servicio ¿de qué diseño? Volvemos a tu pregunta, para funcionar al servicio ¿de qué protagonista? Porque el funcionario no es el protagonista. En el campo en que me he movido el funcionario está para servir a los artistas, para servir a los creadores, para facilitar su trabajo, para facilitar su difusión, para ser capaz de reconocer quién es un farsante y quién no lo es, pero para eso tiene que ser más que culto.

P: Se está terminando esta emisión de Privadamente público y hay cosas que yo…, por lo menos dos preguntas que yo no quisiera dejar de hacer. Usted ha acompañado la Revolución desde sus inicios y ha acompañado la figura de Fidel desde sus inicios también, si me tuviera que decir ahora mismo qué es lo que más admira del revolucionario, del hombre y del amigo suyo Fidel Castro.

AG: Bueno, pues es lo que más admiro de mí mismo, tal vez por eso somos o pudimos ser los amigos que hemos sido: la autenticidad y el coraje para que su autenticidad se mantenga a cualquier precio.

P: Cuando un joven dentro de veinte años lea Revolución es lucidez, o lea Tiempo de fundación, o lea cualquiera de los ensayos que ha escrito a lo largo de su vida y las cartas, y todo, de Alfredo Guevara, ¿qué no le gustaría que se dijera nunca de Alfredo Guevara?

AG: Eso no lo sé, ya se encargarán de evaluarlo esas generaciones, pero lo más probable es que ya no me lean.

P: ¿Usted cree?

AG: Bueno, no me hago ilusiones… o quiero operar sobre la realidad actual y más o menos inmediata. Veinte años no es muy largo, tú dijiste veinte años, bueno, tal vez sobre veinte años todavía juegue algún papel, pero no te extiendas mucho, porque la capacidad de olvido es terrible.

P: Pero hoy se le lee mucho en Cuba, usted lo sabe.

AG: No, yo no lo sé, pero me encantaría, me encantaría no por orgullo, sino para que aprovechen las lecciones de una vida real.

P: ¿Está obsesionado con el tiempo usted?

AG: Bueno, es que me falta…, pero no es el tiempo porque me falta, sino por todo lo que creo que todavía creo que debo hacer, y todo lo que falta por hacer, y yo quisiera estar al lado de los que son capaces de hacerlo.

 

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