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Fernando Arce: el reto fue escribir sabiendo que yo iba a ser Muralla

Foto: Pedro Suárez

Intenta escribir; intenta cambiar el rol de actor para expresar sentimientos en el papel, en un guion; en crear de otro modo, con paciencia. Observa el contexto. Aprende haciendo. “El cine es comunidad”, insiste. Fernando Arce comenta: “el reto fue escribir sabiendo que yo iba a ser Muralla.”

El protagonista de la Ópera Prima boliviana Muralla, del director y guionista Gory Patiño, concursa en este Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

“Cuando empezamos a escribir el guion, no sabíamos que yo iba a ser Muralla. Subconscientemente los otros dos guionistas me tenían en mente, pero yo no lo sabía. Era a 6 manos la escritura. Cuando yo escribía, el reto era hacerlo sin tener ese egoísmo, de saber que yo iba a ser Muralla. Escribir para la historia, ese ha sido un reto particular. Sabía que mientras más lo hiciera, más enriquecedor iba a ser para el personaje.

“Nuestro deber como artistas es presentar los resultados de nuestras investigaciones, sobre lo que está sucediendo en nuestros países desde hace 200 años. Vivimos en ciclos Es una constante.”

¿Crees en las energías individuales de las personas? ¿Somos capaces de cambiar nuestro entorno? ¿Cuáles son las luchas de Fernando Arce?

El poder es responsabilidad. Tu entorno lo puedes afectar tremendamente, y por ahí empieza. No todo el mundo puede contribuir a que una nación entera te escuche. Pocos son “los privilegiados”, pocos son los que tienen esa oportunidad. Pero sí tienes el poder de afectar tu entorno. Allí es la lucha. Poco a poco vas generando una manera de pensar que tiene más sustancia. Posiblemente algunos de quienes vas afectando van a tornarse.

Por eso me gusta dar talleres, charlas, compartir lo que yo he vivido como actor de teatro y de cine. Mi lucha es por la libertad de expresión, por la libertad que viene con responsabilidad, contra la discriminación en todos los sentidos y que la gente deje de disculparse.

Mi lucha es que cada quien se haga responsable por sus actos, que dejen de encontrar excusas. Es fácil encontrar excusas hasta en las cosas más mundanas de la vida.

¿Cómo concibieron a Muralla?

La película que se presenta en este Festival de Cine de La Habana la escribimos entre Gory Patiño, Camila Urioste y yo como coguionistas. No queríamos hacer una historia superficial para hablar del tráfico de personas. Ese era el reto: ¿Cómo tratar un tema del que está hablando tanta gente en Bolivia? tan recurrente porque el inconsciente colectivo funciona así.

Surgió la idea de hablar de una persona que haya tenido cierta “gloria”, que después de perderla se frustra y una vez que está en un hueco, comienza a tomar decisiones equivocadas. La manera de hacer esto era a través de un deportista. Ese es el caso de Muralla.

Emocionalmente, su carácter es un poco frágil por las decepciones que le han sucedido antes de lo que vemos en la película. Vemos a un personaje fragilizado por la vida, una persona que ha tomado ciertas decisiones equivocadas antes de empezar la película, que han hecho que no pueda ver a su hijo como él quisiera, que acude al alcohol para subsanar sus dolencias.

Es decir, presentamos al personaje en el medio de un proceso bastante duro. No queríamos explicar por qué llega ahí, ni cómo llega. Lo importante era explicar por qué esa decisión crucial en ese momento.

La única alternativa que se le presenta es vender a alguien para salvar la vida de su hijo, para él es una transacción monetaria en su cabeza, con el fin de justificar lo terrible que va a ser salvar la vida de su hijo.

La pregunta es ¿es justificable o no? La parte monetaria es el empujón final. Tiene que ver con las decisiones que vas tomando en la vida y, a veces, frente al vacío, si son justificables o no, yo creo que eso es lo lindo de la película. Lo difícil era empezarla en ese momento de decisiones del personaje, que es tremendamente humano, pero que, sin embargo, hace algo que no tiene redención.

El proceso de cambio va por el ser humano en sí. Las decisiones que tomas personalmente dentro de las dificultades que presenta la vida. Todo el mundo vive dificultades. Queríamos hablar de esta persona que había vivido un posible momento de gloria como futbolista. Lo elegimos así porque los deportistas en general tienen etapas de gloria. Mientras lo vives, no te das cuenta que va a pasar.

Queríamos hablar de las elecciones que un ser humano puede hacer dentro de circunstancias que no imaginaba más allá de escribir sobre la trata y tráfico de personas.

Unas semanas antes de comenzar a filmar, le pedí a mis colegas no meterme más en el guion.

¿Cómo trabajaste el cuerpo, la parte física del personaje?

Unas semanas antes de comenzar a filmar, le pedí a mis colegas no meterme más en el guion. Les dije: Durante el rodaje, no soy guionista, soy actor. Hicimos como un trato, un voto de confianza, sin querer queriendo, de que a partir de ese momento yo iba a ser solo el actor que iba a encarnar a Muralla, aunque meses antes, ya estaba trabajando su manera de hablar, su energía, su mirar, su manera de pensar. Que es completamente diferente a lo que yo soy.

En términos actorales es un antihéroe, una persona que está viviendo algo que nunca pensó que iba a vivir, tomando decisiones probablemente equivocadas y que va tratando de redimirse una vez y otra de formas no convencionales.

La película es sobre la redención. Tenemos ese punto de vista, pero también nos preguntamos, como madre y como padre qué serías capaz de hacer para salvar la vida de tu hijo o de tu hija. Esa es la pregunta que mantenemos viva durante la película.

Lo más difícil era trabajar el cuerpo y la energía del personaje. Precisamente para no juzgarlo, si lo trabajaba mucho psicológicamente. Me enfoqué en el cuerpo. Andaba por las calles con Muralla, durante meses, en viajes… y trabajaba lo que yo sentía que era su energía. La energía no la puedes juzgar. La energía es. Y él tiene una energía muy rara. Durante el rodaje llegaba a mi casa desplomado, todos los días.

Según la mitología andina, para tener cierta redención en este plano, necesitas a dos personas. Eso es lo que le dice el yatiri (el brujo). Entonces Muralla, que es una persona muy laica, va viendo señales en muchas religiones y decide que la segunda persona es esa niña que vendió. No deja de ser un poco egoísta también el buscar a la niña. Dejar de sentir esa culpa tremenda tiene que ver con la niña, pero no lo logra. Entonces él va a “otro plano” cargando esa culpa. Se transforma en ese “aparapita”, en ese un símbolo andino, que carga la culpa de Muralla.

¿Qué experiencia te llevas de ver la película en Cuba?

La gente salía del cine sin saber si querían o no al personaje. Es tremendamente humano. Sin embargo, hace algo que no tiene redención, según los guionistas. Lo difícil era empezar la película en ese momento de decisiones.

Cada año hay al menos una película boliviana en este festival. Estamos pudiendo acceder a premios. Eso es motivo de orgullo para nosotros, porque muestra que a pesar de que no hay tanto fomento, tanta inversión para el cine en Bolivia, sí hay técnicos y artistas y creativos que están listos para hacer buen cine. Estamos creciendo, y ojalá que no pare el cine boliviano.

En los cines de La Habana se ven sutilezas que a veces en otras salas se pierden. Los cines de aquí son preciosos. Ves cosas en esas pantallas gigantescas que no ves en otros cines, porque la pantalla es la mitad. Cosas muy sutiles que trabajas en el personaje y que están solo en estas pantallas enormes.

 

 

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