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Insumisas o la descolonización de la mujer

Una historia de hace doscientos años, el volver a trabajar con actores vestidos como en el siglo XIX y en medio de condiciones tan adversas como fue filmar bajo el huracán Irma no suponían un futuro muy prometedor para Insumisas. Una cinta que independientemente de los contratiempos, transgrede más límites que el de género: social, moral, de todo tipo.

Insumisa tuvo su génesis en el año 2005, cuando su codirectora, la suiza Laura Cazador, al visitar Cuba, supo de los avatares de su compatriota Enriqueta Faber en la nación caribeña. Cazador fue la mirada femenina que Fernando Pérez encontró para profundizar y entender bien la complejidad de un carácter tan fuerte como lo es el de la protagonista, una mujer adelantada a su época que llegó a la oriental ciudad cubana de Baracoa, a principios del siglo XIX, vestida de hombre, ejerció con éxito la medicina, e incluso llegó a casarse con una joven local.

¿Por qué escoger esta temática para llevarla al cine?

Aunque trate de una historia que pasó hace doscientos años, la película tiene para mí una resonancia muy contemporánea e importante. Trata de la libertad individual en un orden establecido, y de cómo el ser humano lidia con su sociedad ­­-en una dinámica más o menos tensa- para que esa no lo aplaste, para poder vivir en coherencia con sus valores morales y éticos, para obedecer a su conciencia. Hay veces que la única forma de hacerlo es transgrediendo códigos, costumbres e incluso leyes.

Pienso hoy en día a los migrantes que se ven obligados a recurrir a la ilegalidad para proteger sus vidas, o a los que están acogiendo esos en sus casas aunque sea prohibido y castigado por la ley. A veces la transgresión es necesaria. Así le pasó a Enriqueta Faber, quien quería ser médico, profesión entonces prohibida a las mujeres. Su estrategia fue de «burlar» la ley y las apariencias, disfrazándose de hombre. En un sentido más íntimo también; al enamorarse de otra mujer, tampoco tenía otras opciones que hacerse pasar por hombre para poder vivir un amor homosexual, rechazado por siglos de cristianismo y misoginia.

Hoy en día la mayoría de los países están todavía dominados por el patriarcado. Con métodos más o menos elaborados, algunos no admiten todavía relaciones homosexuales o bisexuales, otros le prohíben a las niñas y las mujeres estudiar y/o trabajar en ciertas profesiones, casi todos pagan menos una mujer que un hombre por el mismo trabajo, no remuneran el trabajo «doméstico», construyen una imagen de la mujer reducida a un objeto de deseo y ponen en peligro su integridad física, de forma más o menos consciente. Es impresionante la violencia de género que todavía persiste, incluso en el mundo llamado «desarrollado y democrático».

¿Considera entonces que la mujer, de alguna forma necesita descolonizar su cuerpo y mente?

Como pasa con la independencia de los países colonizados que se dieron cuenta que una bandera y un himno no garantizaban la «real» independencia, la mujer todavía lo necesita. No hay que olvidar que la explotación de las mujeres ha tenido una función central en el proceso de acumulación capitalista. Enrique Faber compartió evidentemente este proceso. Siendo el cine hoy en día, una de las armas para descolonizar las mentes, me pareció importante llevar esa historia a la gran pantalla.

¿Cuáles fueron los principales retos que tuvieron que enfrentar como parte del proceso creativo?

El principal reto que tuvimos que enfrentar fue el tiempo, tanto meteorológico como físico. Filmamos en pleno verano, imagínate el calor, sobre todo para los actores con los trajes de época, pero también el sol que imposibilita filmar en determinadas horas, así como las lluvias de fin de día que nos obligaban siempre a repensar el plan de rodaje. Por otra parte, la actriz francesa Sylvie Testud tenía otra filmación seguida a la nuestra en Francia, y tenía un tiempo contado. Al ser ella la protagonista casi absoluta de la película, eso nos condicionó. Pero su profesionalismo así como el de todo el equipo, entregado totalmente al proyecto, hizo que fuera posible «desafiar el tiempo».

En anteriores entrevistas han dicho que Insumisas no es una película biográfica,..

Insumisas no es una película biográfica, es una ficción basada en hechos reales. A partir de las varias fuentes, -la mayoría «indirectas» a excepción por ejemplo de los archivos del juicio-, decidimos crear y dibujar nuestra Enriqueta. Es más una interpretación de ese personaje que un retrato histórico y biográfico. Si bien hay hechos indiscutibles (la llegada de Faber a Cuba en 1819, su práctica de la medicina en Baracoa, su matrimonio con Juana, su juicio, su condena…), hay muchas partes imposibles de «palpar»: su relación íntima con Juana, el momento que ella llegó a conocer el verdadero sexo de su «esposo», sus amistades en el pueblo, la razón del viaje a Cuba de Faber…

¿Qué simbolizó para ti, trabajar con un director tan experimentado como lo es Fernando Pérez?

Trabajar en ese proyecto de largometraje con Fernando Pérez fue un honor inmenso, además de ser un director muy experimentado cuya obra me llega mucho, lo adoro en el plano personal, desde los quince años que nos conocimos. Sobra decir que aprendí muchísimo. Pero lo más importante es que tuvimos una relación de trabajo muy armoniosa, desde la escritura del guion hasta el día de hoy. No significa obviamente que no hemos tenido puntos de divergencias, pero fueron bien pocos y siempre resueltos con respeto, humor y sensibilidad. Por ejemplo, si había una duda en el rodaje, probábamos las dos versiones. En el momento de editar procedimos de la misma forma, hasta llegar a una obra que nos funcionara a los dos. El hecho que compartimos la escritura también nos permitió como co-directores tener muchas cosas claras bien antes del rodaje, muchas imágenes y sensaciones en común.

Desde tu papel como cineasta, ¿qué importancia le concedes al hecho de que la mujer se esté abriendo paso en el mundo del audiovisual como sujeto creador y no como mero objeto de representación?

Me parece sumamente importante que la mujer ocupe su espacio y enuncie sus realidades, sus preguntas, sus aspiraciones, sus heridas, como sujeto creador en el cine, en un mundo de representaciones que fue (y todavía es) monopolizado por una ideología patriarcal, en el cual la mujer era (es) objeto de una retórica de la alteridad que la va condicionando. Vimos con el escándalo Weinstein cómo se liberó la palabra de miles de mujeres que, aclarando que no querían «matar o dominar, ni poner en el mismo paquete a todos los hombres», denunciaron casos de intimidación, chantaje, violación, que son propios de la violencia de género. La descolonización del cuerpo y de la mente de la mujer pasa también por recuperar su historia, su imagen, su representación, su identidad social y creativa. Ahora bien, eso no significa que sea imposible ni deseable que hombre y mujer colaboren para ese mismo objetivo, prueba de ello está en el compromiso de Fernando Pérez con la «causa femenina», para no decir feminista.

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