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Jhon Narváez: actuar es una aventura

Jhon hizo su casting. Fue en su propia habitación, con su propia computadora. Él mismo se grabó y mandó el video…

Graduado de dirección de ficción de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Jhon Narváez, quien interpreta a Moisés, uno de los personajes del largo de ficción colombiano Pájaros de Verano, compartió experiencias sobre su trabajo como actor en el filme.

¿Cómo llega a formar parte del elenco?

Mi formación viene del teatro. He actuado en series locales como Déjala Morir, la Niña Emilia, donde hacía el papel de Nadín, uno de los hijos de la protagonista de la historia y por estas apariciones en televisión es donde obtuve como una especie de imagen para poder aspirar a apariciones en la gran pantalla.  Me contactaron para confirmar que había ganado el personaje y  debía presentarme pronto para arrancar con la preparación. Estaba conmocionado porque iba a ser uno de los personajes de una película de Ciro Guerra y Cristina Gallego, que acaban de estar nominados a los premios Óscar (con El abrazo de la serpiente).

¿Los actores del filme fueron profesionales o habitantes Wayúus?

En el equipo del elenco de actores hubo una mezcla entre actores profesionales y habitantes de la zona. Jose Acosta, quien encarna al personaje protagónico Rapayet es nieto de una mujer Wayúu, aunque su modo de vida sea occidental. El palabrero es el auténtico palabrero de la zona y todos los niños que aparecen son Wayúus.

Durante el rodaje, ¿cómo los personajes se integraron con la comunidad?

El territorio Wayúu es como decir una nación independiente, lo que significa que fue algo difícil ganarnos su confianza. Estuvimos entre seis y siete semanas filmando en la baja Guajira y otras dos en la sierra. Allí viven alrededor de 80 personas con las que interactuamos durante cuatro meses de rodaje y práctica.

¿Fue este papel una fusión con su personalidad o la metamorfosis hacia un extraño?

Siempre hay parte de uno mismo en el personaje interpretado. Con este en particular me divertí pero también experimenté otra persona completamente ajena a mí. Hay momentos en los que me adhiero al personaje y otros en los que prácticamente me transformo con la historia como el episodio donde mato a los gringos de las avionetas, el hecho de sentir que eres el asesino en la ficción cuando prácticamente jamás has golpeado a alguien.

¿Cómo ha sido la relación con el público cubano?

En los cines he notado el interés por parte de los espectadores, la manera en que interactúan con los cineastas y disertan sobre los temas. Justo ayer se acercó a mí un señor que me reconoció en la calle. El hombre, que ni siquiera estaba acreditado, hizo toda una crítica sobre la cuestión de los dotes en esas sociedades y eso es digno de admirar, ver cómo reacciona el público cubano asistente al Festival.

¿Qué le aportó esta actuación a su carrera y su vida personal?

Comprometerme con procesos culturales de mi país. La dicha de mostrar un imaginario sobre la realidad colombiana, donde existen 67 lenguas y la oportunidad de que los espectadores conozcan otros pueblos con costumbres sorprendentes. Estar en la piel de Moisés me hizo pensar en la importancia en sí que encierran las tradiciones en localidades como esta a pesar de los intereses gubernamentales. En ese proceso todo se transforma en una aventura.

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