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Juan Cáceres: Buscar en la realidad significados

América despierta en su adolescencia de nuevo milenio. El Sur es un eje de referencias, contextos, dentelladas. Un conteniente donde el cine ha escogido madriguera para ser espejo de redadas sociales. Juan Cáceres es una matriz joven de las periferias de Santiago de Chile, un hijo de la revolución pingüina, el movimiento que sacudió un país movido por voces estudiantiles.

Perro Bomba, su ópera prima, es una ventana indiscreta que sigue con la mirilla la historia de Stevens, un joven haitiano migrante con una vida estable en Chile, cuya vida se ve desequilibrada con la llegada de su amigo Junior y la xenofobia que vive la comunidad haitiana en Chile.

Perro Bomba es la primera producción chilena que tiene como protagonista a un actor afrodescendiente. ¿Cuál fue en sí el late motive de esta cinta? ¿Por qué dedicar su ópera prima a este tema?

Gran parte de nuestro equipo formó parte de la generación pingüina, que desde sus comienzos en el 2006 llevó adelante protestas pidiendo educación digna, gratuita y de calidad en un país donde la educación es vista como un bien de consumo. Entonces, desde esa experiencia, fue muy difícil disociar nuestro rol social de nuestro rol político. Para nosotros el cine no es una mera estrategia de entretenimiento. El cine al ser un medio de comunicación masiva tiene el potencial de generar en las sociedades grandes reflexiones, vinculación social.

En el año 2016, cuando creamos este proyecto, decidimos enfocarlo en alguna temática que en Chile se necesitara mostrar. Queríamos ayudar a la sociedad a mejorar. El 2016 fue el mismo año en que la migración haitiana creció en nuestro país, una tierra no acostumbrada a una migración tan distinta, con un lenguaje nuevo, con un color de piel diferente, con tradiciones nuevas y ahí surgió Perro Bomba, para ponerse los zapatos de una persona que desde Haití llega a Chile buscando cumplir sus sueños. Nuestra sociedad, históricamente, ha estado muy influenciada por ciertos racismos que vienen desde la elite política y económica. En este contexto, las clases populares chilenas empezaron a reproducir estos comportamientos racistas.

Hay otras películas que han tenido fuerte presencia negra en su casting y elenco como Naomí Campbel (2014) de Catalina Donoso y Ulises, que habla de la migración peruana. Perro Bomba es la primera película que le da un rol protagónico a un afrodescendiente. Stevens, nuestro actor principal, puso su realidad a disposición de la película, no usó guion, sino que se nutrió de ambientes naturales.  Estamos muy contentos de que él, que en esos momentos era un obrero, hoy sea un actor reconocido en Chile.

Cuando la distribuidora nacional Storyboard Media lanzó el tráiler oficial hace algunos meses, el canal de Youtube no tardó en recibir cientos de comentarios con un tono altamente xenófobo. ¿A partir de esta reacción, de qué forma cree usted que esta cinta ayude a la comunidad haitiana integrada en Chile?

Cuando subimos nuestro tráiler las redes se llenaron de mensajes de odio, pero yo haría la salvedad de que no son solo xenófobos, sino sobre todo comentarios racistas hacia el protagonista y gran parte del elenco. Chile es un pueblo que es bastante solidario, juntos hemos enfrentado grandes desastres naturales y siempre nos hemos ayudado y levantado. Sin embargo, es un país que también ha estado sometido a una muy mala educación y enclaustramiento que lo ha puesto a la defensiva. Evidentemente, cuando llegaron las personas extranjeras el principal miedo de las masas populares de Chile era que iban a perder sus trabajos y eso hizo que a la solidaridad se le hiciera una condición, que era solo de chileno a chileno.

Este filme está dedicado al pueblo chileno en general. Creemos que puede ayudar a todos a empatizar, a comprender cómo es la situación con personas haitianas que llegan a Chile, entender cómo es la vida de complicada en un país en el que muchas veces el racismo institucionalizado también se replica en las calles. Perro Bomba puede ayudar a entender que las discriminaciones duelen humanamente y que cuando se interiorice ese dolor dejarán de hacerlo. Vemos una película que es también una narración en sí como objeto que se puede distribuir, un vínculo para generar redes y conversatorios con personas migrantes chilenas, que es lo que está pasando ahora en un Chile movilizado donde el cine se convierte en una herramienta de reflexión colectiva.

En esta realización permeada de significado social, ¿qué parte puede ser vista como documental?

Fue primordial entender qué significa hacer cosas que no conocemos del todo. Nos sentíamos con bastantes dudas para hablar de una idea como la migración y la afrodescendencia o el desarraigo, que son cosas que no manejamos del todo.  En ese punto decidimos dejar de lado el guion porque en espacios como este convertiría al proyecto en algo totalitario, en un elemento vertical y jerárquico donde las ideas de una persona se imponen sobre otro. La valía de alimentarse de lo documental sirvió como canal a la democratización, no sacar todo de nuestras cabezas, ofrecer un contexto donde las personas que aparecen en la pantalla y sus ambientes son realmente así y no como quisieran o deberían ser retratados.  Gran parte de las secuencias son en sí la propia la vida de Stevens: usamos su nombre, su casa, su trabajo, sus amistades, su familia, toda su realidad sirvió como base para la película que poco a poco vamos añadiéndole elementos de ficción con el aporte de realidades documentales.

Qué poder pudo atribuirle a esta película la improvisación de los diálogos, sobre todo del protagonista

Stevens es un chico que nunca pudo estudiar actuación. Él aprendió a actuar siendo obrero, en la calle. Es un excelente improvisador vive naturalmente frente a las cámaras, de ahí la posibilidad de sentir una persona real. La improvisación aleja todo lo que está planificado, deja que la escena fluya por sí.  Las escenas fueron regalos muy potentes que surgieron en el acto de rodaje y esto democratizó la creación en un momento donde se cuestiona el cine hegemónico, como símbolo de realidades de clases altas latinoamericanas. El arte ha usado herramientas precarias para afirmar tesis que surgen de cabezas que según el paradigma tradicional de la creación artística son mentes privilegiadas. Aquí buscamos a partir de la indagación hacer un cine más abierto, que no plantea tesis, un cine que busca en la realidad significados.

¿En un país dominado por elementos discriminatorios en la mayoría de sus visiones, cómo fue posible obtener fondos de producción?

Por diversos motivos, esta película no tuvo el apoyo de los fondos de la cultura de nuestro país, es un filme totalmente autogestionado que se financió con aportes de la Universidad de Chile a través de un concurso financiado con el aporte de las productoras Infractor films y Pejeperro films de Chile junto a Promenades film de Francia. En gran parte financiamos con crowdfunding, una forma bastante interesante frente a una actualidad donde los fondos de cultura terminan siendo instituciones de censura o de homogeneización de la producción. Hacer cine desde la autogestión en las periferias a través de la colaboración, del cooperativismo y con escrituras flexibles. Entendemos que no hay grandes recursos y por tanto buscamos otras metodologías, que así surja un nuevo cine. Nos enorgullece que Perro Bomba sea una película autofinanciada. Esperamos seguir en un camino desde la otredad.

¿Si hablamos de una especie de improvisación y realidad llevada a narrativa, cómo encontraste a tu protagónico Stevens Benjamin en ese proceso?

Fue un gran placer encontrar a este actor. Hicimos primero un casting abierto, pero no encontrábamos a una persona que nos permitiera confiarle el protagónico de la película. Luego hicimos una búsqueda más focalizada, empezamos a llamar productores para ver si alguien conocía una persona de Haití que quisiera actuar. Nos cuentan que hay un chico muy joven de 19 años que hace de extra en una obra de teatro en el Teatro La memoria, el más importante de Santiago. Así lo contactamos. Al principio estaba un poco reticente porque él nos contó que desde chico quería ser actor. Llegó a Chile a los 17 años, antes pasó por República Dominicana y siempre quiso ser actor. Seguía luchando por ser actor en un sitio donde odian a los negros. Cuando lo conocimos, luego de ejercicios de actuación supimos que él era el indicado.

Después del estreno nacional el 3 de octubre de este año en salas de cine de Chile, cómo fue la acogida del público chileno en general (incluyendo aquí el impacto en la comunidad haitiana asistente)

Chile tiene unas cifras de consumo de cine nacional muy bajas. De los 30 millones de entradas que se vendieron el año pasado, en el 2018, menos del uno por ciento fueron para el cine chileno independiente. Nuestra película tuvo un recibimiento bastante acogedor por parte de la prensa y por parte de las salas de cine y las audiencias que nos acompañaron con mucha fuerza. Tuvimos debates interesantes después de cada proyección a lo largo del país. Viajamos desde Arica hasta Coyhaique en el sur de Chile, visitamos todo del país y logramos presentar el filme en distintas salas. Fue bastante hermoso este recorrido porque esta peliculita humilde, pequeña y periférica se pudo ver en toda la nación.

Perro Bomba estuvo en salas desde el 3 hasta el 18 de octubre, fecha en que estalló el conflicto social donde Chile despertó. Nuestra película ya pasó a tener otro rol de participación, a estar presente en los cabildos, en las instancias autoconvocadas y las asambleas. Nos hace entender a los cineastas jóvenes que la distribución tradicional en las salas comerciales no es el único camino, también está la red de salas independientes, que es muy potente. Existen otras herramientas por donde se puede mover una película: se puede proyectar en plazas públicas, escuelas, de forma gratuita y ese es el proceso en el que actualmente está nuestro filme”.

De a poco hemos ido llegando a la comunidad haitiana que, en estos momentos, evidentemente, está dando todo su esfuerzo para poder integrarse o más bien asentarse en Chile y no tienen el privilegio de poder ir a una sala de cine. La esencia de nuestro trabajo está centrada en poder llegar a otros escenarios. La película está subtitulada al creole con el apoyo de muchas organizaciones de personas haitianas y de gremios chilenos pro emigrantes que están trabajando por otros espacios, generando oportunidades para que esta película se vea en contextos ya no tan comerciales sino ya, otros aires reflexivos y de unión.

En ese espacio de diálogos y persuasión social llegan a la gran pantalla y también a los sitios más inaccesibles cintas que han surgido de la inquietud social. Proyectos ideados por generaciones hijas de las masas populares. En esta nueva era para quienes hacen un cine pensando en la esencia de las raíces humanas, Perro Bomba pretende, entonces, convertir a Chile en una primera persona del plural: nosotros.

 

 

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