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La hazaña cubana de empezar de nuevo

Luces y sombras del cine latinoamericano, el reciente Festival de La Habana, el cine en Cuba, la polémica y la censura y la crisis social y económica que envuelve y condiciona a la cultura cubana son los temas que aborda la siguiente entrevista.

Alfredo Guevara es merecidamente considerado como el nombre fundacional del nuevo cine cubano. En 1959, sólo tres meses después del i triunfo de la revolución, ésta situó a Guevara al frente del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), primer organismo cultural creado por el gobierno de Fidel Castro. Guevara ocupó ese cargo hasta 1981, año en que fue nombrado representante de Cuba ante la UNESCO, en París.

En 1991 fue nuevamente designado presidente del ICAIC y ya van dos Festivales (el XIII y el XIV) Internacionales de Cine Latinoamericano que vuelven a celebrarse bajo su dirección. Veinticuatro horas antes del fallo del XIV Festival (no podía quedarme en La Habana a esperar el veredicto, pues debía estar en Montevideo el domingo 13 para introducir en la urna mi papeleta del Sí) logré que me concediera 70 minutos de su nutridísima agenda y aquí está el resultado.

Durante los diez años que estuviste en la UNESCO, ¿seguiste vinculado al cine latinoamericano?

Me desvinculé bastante, a pesar de que asistí siempre a los festivales y eso me permitió mantenerme más o menos al día. En París se exhiben muy pocos filmes de América Latina.

De todas maneras, desde 1959 hasta hoy figuras entre los testigos de excepción del Nuevo Cine Latinoamericano. Tengo la impresión de que ha habido etapas en ese desarrollo, con sucesivos predominios del cine mexicano, brasileño, cubano, y al parecer ahora del cine argentino. ¿Cuál es tu opinión?

En realidad, las etapas son múltiples. Si te refieres a lo que llamamos el Nuevo Cine Latinoamericano, todo es más simple y a la vez más complejo. La renovación lingüística y la claridad de la dimensión cultural del cine cubrieron toda la primera etapa de un modo homogéneo. Si la cinematografía surgida de países que tenían una base industrial (Brasil, México, Argentina), o de otros, como Cuba, en los que hubo una voluntad política de desarrollar la estructura necesaria para que surgiera el cine, tuvo un papel más relevante en cuanto a la cantidad de obras, el surgimiento de otras cinematografías en países que no contaban con esa infraestructura y que no tenían una tradición cinematográfica, ni mala ni buena, es un fenómeno igualmente importante. El hecho de que surjan en este período el cine puertorriqueño y el cine chicano, y se desarrollen, son señales muy significativas. En unos casos, los pueblos encuentran un nuevo camino de expresión, y en otros se produce un salto cualitativo, que supone otra concepción del medio artístico.

Algo de eso pasó en Bolivia, Chile, Perú, Venezuela. En Venezuela, aunque no había una estructura tecnológica suficientemente desarrollada, el boom petrolero y otras circunstancias hicieron que se desarrollara una cinematografía de importancia. En Bolivia y Perú ha sido un cine de unos pocos autores pero que han hecho obras muy significativas, que han dado a sus pueblos la posibilidad de verse en la pantalla, de descubrirse a sí mismos. Eso es lo que a mí me importa.

¿Cómo ves el estado actual del cine cubano? Se dice a menudo que en estos últimos años se ha producido un descenso en su calidad.

En esto quisiera ser muy prudente, ya que, cuando dicen eso, lo refieren a los años en que estuve ausente del ICAIC. Por supuesto, cada período tiene sus búsquedas, y yo pienso que en ese período, del cual no me siento responsable, se probó un camino, en el que yo no creo. Ese camino fue el de buscar al público a toda costa. Esto condujo a una tendencia a la que no me gustaría calificar (como muchos lo han hecho) de populista, pero que al menos tenía un ansia de popularidad. Considero legítimo que se pruebe. Lo que pasa es que cuando analizamos un film europeo, que hace una búsqueda, es una entre tantas, mientras que en América Latina cuando hay un país que se destaca un poquito, o un muchito, con algunas obras y prueba otro rumbo, entonces se dice que es la decadencia, que están perdidos. Después de todo, también tenemos derecho a construir la historia.

¿Cómo ves el futuro del cine cubano? ¿Crees que sus dificultades se deben exclusivamente a las condiciones económicas?

Las condiciones económicas siempre inciden. Fueron diez años en los que no se pudo hacer ninguna inversión. Es decir que la estructura tecnológica se atrasó, no hubo renovación en los cuadros de dirección, ni hubo oleadas de jóvenes que entraran a trabajar en el cine. Por otra parte, la tecnología de los países socialistas estaba bastante atrasada. El derrumbe del campo socialista y la desaparición del CAME nos producen ahora grandes dificultades, pero en definitiva redundarán en nuestro beneficio, ya que nos liberan de una tecnología y unas concepciones atrasadas. Por ejemplo: nosotros no podíamos librar una batalla abierta (aunque la libramos y la ganamos) contra el realismo socialista, porque los ideólogos de los países del Este consideraban el realismo socialista casi como la Virgen María de la cultura. Ganamos la batalla, para que no entrara en nuestro territorio, pero con el pacto tácito interno de no ofender a los “hermanos soviéticos”. Y, claro, eso nos limitaba a la discusión artística más profunda. De todas maneras lo hizo el ICAIC y lo hice yo personalmente. Y lo hizo Haydée Santamaría (la Casa de las Américas y el ICAIC nos convertimos en los baluartes de la autenticidad cubana).

En estos momentos de grave crisis económica, ¿puede ser una solución el recurso de las coproducciones?

En este aspecto, la situación de otros países de América Latina no coincide con la de Cuba. En la coproducción, nosotros somos el dueño.

Pienso que viene una época buena para el cine cubano (si sobrevivimos, claro, pero creo que sobreviviremos). Debo decir que el proyecto se ha materializado, rediseñado y perfeccionado en este período último, pero ya había sido descubierto como un camino por Julio García Espinosa. Lo cierto es que hemos logrado que el cine cubano se autofinancie, y no en pesitos cubanos devaluados sino en divisas fuertes. Eso se ha logrado por diversos conductos y uno de ellos es el de las coproducciones. Pero también está el de los servicios. Es decir que lo mismo hacemos coproducciones que prestamos servicios técnicos. Esto parte de unas circunstancias particulares: tenemos una buena estructura tecnológica y buenos técnicos. Españoles, italianos, franceses, están haciendo películas con Cuba. A veces, son sus películas, y en otras ocasiones toman participación en películas cubanas que hemos decidido hacer. Ellos, para abaratar su producción, usan nuestro talento. No traen su equipo técnico; cada vez tienen más confianza. Traen sus estrellas, sus guiones, pero los técnicos son nuestros. Y esto da trabajo, da experiencia y da divisas. Y con esas divisas hacemos nuestras producciones. Hemos hecho un acuerdo, a nivel de Estado, por el cual, ya que somos gananciosos, aportamos al Estado el 20 por ciento de nuestras ganancias. De manera que nosotros no estamos en crisis. Somos un pedacito que ya está saliendo de la crisis. Como también se está haciendo en relación con el turismo y la biotecnología.

¿Algo que diferencie a este Festival de los anteriores?

Hemos tratado de hacer un Festival más sobrio, de cultura, pero al mismo tiempo un Festival muy popular, muy ligado al público cubano, con exhibiciones no sólo en el centro de La Habana sino también en los barrios y en las subsedes situadas en capitales de provincias. Calculamos que tendremos cientos de miles de espectadores. Es un Festival más concentrado en sí mismo, más volcado en su actividad cinematográfica y cultural. Eliminamos otras actividades paralelas que no tenían mucho sentido. El principal objetivo del Festival es que los cineastas de América Latina tengan un ámbito donde encontrarse y discutir, confrontar sus películas.

Me gustaría preguntarte sobre tu antecesor en el lCAIC, Julio García Espinosa. Cuando fuiste a la UNESCO él te sustituyó, y ahora, al cabo de diez años, tú lo sustituyes a él.

El hecho de que nos sustituyamos uno al otro de vez en cuando, prueba que somos un binomio. El ICAIC en sus primeros años fue factible porque tuvo un dirigente que, por razones históricas, tenía muchas posibilidades de hacerlo andar, pero fue factible también porque el equipo dirigente era muy homogéneo. Creo que la revolución cometió un error cuando nos separó. Julio fue llamado a trabajar en el Ministerio de Cultura, como viceministro, para ocuparse de la música. Eso ocurrió dos o tres años antes de mi sustitución. Tal vez no sean errores, sino simplemente pruebas del camino. Cuando un equipo da resultado, no hay que desmembrarlo. Nosotros nos repartíamos muy bien el trabajo. Julio tiene una cualidad maravillosa, que se da muy pocas veces: es un maestro, en el mejor sentido de la palabra. Para mí el mejor maestro es el que no marca con su personalidad al alumno, sino que ayuda al alumno a descubrir su propia personalidad. Y Julio hizo eso con casi todos los cineastas en Cuba. Los ayudaba en la edición, les enseñaba a editar, pero no dándoles un estilo sino descubriéndoles cómo ellos podían hacerlo. Y eso lo perdimos. La siembra que hacíamos en equipo se perdió y una consecuencia trae , otra consecuencia. Y cuando yo fui a la UNESCO, él vino a sustituirme desde el Ministerio, no desde dentro del ICAIC. Y entonces yo, que había estado solo más o menos durante dos años, lo dejé a él, que también quedó solo. Tal vez si le preguntaras a él, te diría cosas parecidas. También hay que decir que, tres años antes de este cambio,  Julio había pedido ser sustituido. Él quería aprovechar los años que le quedan (ojalá sean muchos) para hacer cine como realizador. Ahora está haciendo una película en la Escuela Internacional de Cine.

¿Y qué pasó con Alicia en el pueblo de Maravillas?

No es algo que me concierne de modo directo, puesto que estaba ausente del ICAIC. Fui llamado precisamente cuando surgió toda esa situación alrededor de la película y tuve que sacar conclusiones tardías, cuando ya todo había pasado. De modo que mi papel es el de restañar la herida. No tengo ninguna responsabilidad en lo que pasó ni ninguna actitud particular. En realidad, Alicia pudo haber pasado sin pena ni gloria, como ocurre con casi todas las películas. Algunas pasan a la historia del cine y otras cumplen un ciclo útil en relación con el público y luego van a los archivos, a las cinematecas. Pero esta película tiene una particularidad. Todo autor que realiza una obra de intención artística, sueña con que la misma tenga muchas lecturas, yo creo en la ambigüedad. Cuando estoy ante una obra de arte, aspiro a que tenga tal carga de ambigüedad que me deje alguna libertad y así la pueda disfrutar, creando yo también una lectura propia. De modo que a Alicia… no le puedo criticar que sea ambigua. El problema es que es ambigua políticamente, en un país crispado por la situación de cerco en que vivimos.  Las circunstancias no nos han dado la oportunidad de situarnos frente a la película de un modo normal. Todos somos unos anormales cuando la vemos. Indudablemente la película tiene, en el orden estrictamente político, dos lecturas: hay quienes ven una película tan desmesuradamente crítica que puede servir a los contrarrevolucionarios, y hay otros que la ven como una película normalmente crítica que no tiene esas intenciones (yo creo que no las tiene). Mi papel en todo este tiempo ha sido conducir hacia la conciencia de que esto no es nada extraño ni excepcional, que toda obra tiene muchas lecturas y que en este caso nos ha tocado en un período muy particular. La prueba de que el análisis que hicimos era correcto es que la contrarrevolución trató de usar la película. Robaron una copia (por cierto, malísima) y la pusieron en Miami.    Nuestra respuesta fue que el director de Alicia, Daniel Díaz Torres, viajara por todo el mundo con su película, explicando que él ha comprendido eso de las dos lecturas, pero que para él la única lectura legítima es la de un revolucionario.

Por último, una pregunta estrictamente política: ¿cuál es tu reflexión ante la actual crisis que vive Cuba?

El pueblo de Cuba, los revolucionarios cubanos y el grupo dirigente de la revolución, han dado una demostración que todavía no ha sido apreciada por los analistas de la situación latinoamericana. Esa hazaña es haber logrado, en muy poco tiempo, menos de un año, rediseñar un plan de desarrollo para un país que ahora trata de sobrevivir, pero que hasta hace poco era un país al que ya no se podía calificar de subdesarrollado. Era verdaderamente un país en vías de desarrollo. Rediseñar un plan de desarrollo cuando han desaparecido todas las fuentes de abastecimiento y de inversión, creo que algún día será considerado una hazaña. Ahora ya estamos en la aplicación de ese plan rediseñado. El plan de desarrollo sobre el cual se volcaba todo nuestro aparato económico estaba fundamentado en el CAME. De acuerdo con los respectivos convenios internacionales, algunos de esos países tenían la tarea de apoyar una rama del desarrollo, y otros países, otras ramas. Pues bien, todo eso desapareció en un minuto. Haber encontrado las soluciones factibles en tan corto tiempo y comenzar a ponerlas en práctica, eso ya es mucho. Ahora, cuando han pasado dos años de ese momento terrible en que todo se vino abajo, podemos ver algunos resultados: el plan de turismo es un éxito, también lo es el plan de desarrollo del níquel, la prospección petrolera (a cargo de franceses y canadienses) no se puede decir todavía que sea un éxito pero sí que está en marcha sobre bases mucho más reales porque con la tecnología soviética no íbamos a ninguna parte. Ésta es una tecnología mucho más sofisticada y más rápida. Ya tenemos un millón de toneladas de petróleo nuestro. También hay resultados importantes en la biotecnología, en la industria farmacéutica, así como en el rediseño de la explotación de la riqueza azucarera cubana y en la aplicación de todo el desarrollo de la biotecnología al aprovechamiento de los productos derivados de la caña de azúcar.

No sería justo olvidar que todo esto es posible por una razón principal. Un país subdesarrollado no puede entrar en la vía del desarrollo simplemente porque haya inversiones extranjeras o porque un sistema comercial organizado de tecnología, como era el CAME, lo incorpore en sus planes. Hay una inversión fundamental que sólo la puede hacer el país en que debe producirse el desarrollo. Tenemos que salir de muy abajo, no para convertirnos en una sociedad consumista pero si en una sociedad civil con posibilidades. Esa inversión que sólo puede hacer el país, es el hombre. Todo esto es posible porque al triunfo de la revolución hubo alfabetización y luego se proclamó el programa de seguimiento (llevar a todos los ciudadanos al noveno grado). Es posible porque tenemos decenas de miles de ingenieros, miles de biotecnólogos, cientos de jóvenes y muchachas especialistas en biología marina, técnicos en las más diversas ramas, dirigentes económicos no formados en esquemas. En una palabra: la población cubana I cuenta hoy con una capa de cientos de miles de universitarios y, entre ellos, unas cuantas decenas de miles ya muy experimentados. I Aunque estamos en el llamado “período especial” (yo lo llamo más bien “período para sobrevivir”), creo que pasará pronto. No vamos a estar en Jauja, pero vamos a reiniciar el despegue. No hablo con un optimismo banal; en el camino vamos a pasar muchos trabajos. Los está pasando la población en su conjunto y cada uno de nosotros. Ahora estamos de fiesta, pero luego volverá la vida cotidiana, que es bien dura. Tenemos muchas dificultades. Aquí no se pasa hambre, pero no I es lo mismo comer un puerco que arroz con frijoles. Hay gente con una actitud crítica, pero en su mayoría no son contrarrevolucionarios. Es natural que reaccionen así, pero yo te diría que mucha de esa gente crítica tiene vergüenza de ser crítica y espera desesperadamente un alivio.

(Publicada originalmente en diario Brecha, Montevideo, 18 de diciembre de 1992 y posteriormente en Alfredo Guevara, Revolución es Lucidez, Ediciones ICAIC, La Habana, 1998, pp. 487-493.)

 

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