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La vida invisible… contada por Karim Ainouz

Romperle el vestido verde a la hermana perdida y encerrarla en un cuarto sin llaves tampoco hubiese frustrado sus deseos de ser libre. Eurídice y Guida se buscan. Existieron juntas, contemporáneas hasta una edad, solo determinada por el recuerdo. El filme La vida invisible de Eurídice Guzman concursa en este Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en la selección oficial de largometrajes en concurso. Su director, Karim Ainouz, ofrece declaraciones.

“Nunca he vivido la hermandad. El cine es la manera de realizar sueños, de tener la fantasía de un hermano, un similar, y crear una especie de regreso a los años 50, un mosaico para hablar de la subjetividad femenina en un contexto patriarcal muy fuerte.

Cuando haces una película de época es importante preguntarte de qué manera ves el mundo. Tienes que tener un eco. Una resonancia ahora. Necesitaba cambiar la perspectiva de “la luna de miel” por “la luna de lo feo”. Depende desde donde se mire.”

La familia no es sangre, es amor.

“Aparentemente, preservar una familia tradicional era una manera linda, romántica, pero ¿a qué costo? Uno de los problemas del patriarcado es que todo luce como natural, pero a la vez es muy violento. Me interesaba colocar el dedo en la herida, en la relación del padre con las hijas; en mostrar un punto de vista del patriarcado en el que nos pudiéramos adentrar en las consecuencias del sistema, en cómo lo que es violento suele parecer normal y pueden frustrarse los sueños de las personas.

“En un principio, no quería celebrar el drama, pero al mismo tiempo deseaba contar una historia triste, como cuando una persona te cuenta sobre la muerte de su mamá, pero lo cuenta de una manera hermosa.

“Me hacía falta el drama. Me hacía falta el exceso de las cosas. Ser latinoamericano es un poco eso. El no quererme censurar. Quería exceso de todo, de color, de música, de emoción. En la película hablamos de cosas muy serias, muy dramáticas, pero a la vez coloridas. Es una estrategia de seducción con el público para hablar de temas difíciles, duros. Necesitaba utilizar los códigos del melodrama con los códigos de ahora, con la visión de ahora. Como género cinematográfico en un momento de crisis.

“Es la primera que realizo con tanta música, con tanto color. Debía ser contada así, con esta estética. Era importante hacerlo de esta manera para esta historia. Todas mis películas son muy distintas. Es importante, apagarte, mirar la historia y ver qué pide.”

Conversamos en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate. Frente al cine donde se estrena el filme. Él desea ver la reacción del público. Saber si lloran, si ríen, si respiran diferente a los otros públicos que la han visto. Yo le observo. Cada persona tiene vidas invisibles: esas que no contamos al otro; las que desconoce la gente.

Karim cuenta que realizaron alrededor de tres mil castings para el personaje de Eurídice y muchos para el personaje de Guida. Fue una búsqueda larga en todo Brasil, que no podía ser distinta.

“La preparación de la película fue la preparación de una pieza de teatro. Necesitaba que las actrices tuvieran experiencia con la acción física, que fueran salvajes, espontáneas. Era importante para mí que las dos hermanas pudiesen mostrar a esos personajes de hace 70 años, habitadas por cuerpos de ahora, que hablaran con las palabras de hoy.

Los dos personajes me permitieron hacer una especie de fresco sobre la complejidad de las diferencias de la época, de entender cómo los sueños del personaje de Eurídice fueron sofocados en una vida invisible.

“Me interesaba también hablar de la complicidad entre los hombres, que es a la vez muy tóxica. Es peligrosa. Es cruel. No es pequeña esa complicidad. Cuando hablo de masculinidad tóxica me refiero no solo a la familia, sino la que está presente en la sociedad, en la política, en la desesperación por no perder su posición de poder.

Las mujeres han realizado grandes conquistas de manera muy fuerte. Mucho ha cambiado, a través de la lucha que han desarrollado, pero los hombres no han mutado. Todo continúa exactamente igual, es muy tóxico.”

La dualidad no es permitida en una persona. No se es dos. La verdad continúa siendo relativa, pues conocemos nuestras soledades y compartirlas causa pudor cuando no se es común. Karim vuelve a mencionar la complejidad de las feminidades, le interesa mostrar la complicidad que existe entre las mujeres. “Todo es cultural, contextual. Me interesaba hacer una especie de resistencia entre las mujeres”, indica.

Hay una gran elipsis en el momento en que Eurídice es diagnosticada como “enferma” ¿Por qué las mujeres tienen que ser mamá si no lo desean?, como Eurídice. Una chica que habla a través de la música. La música es su voz.

“Quería hablar de la temperatura de Río de Janeiro, de distintos espacios, de los diferentes planetas que existen en una misma ciudad, de la naturaleza, las clases sociales, de cómo es una ciudad partida.

“Hay un momento muy dramático durante la novela de Martha Batalha en que las hermanas se encuentran. Para mí eso no tenía sentido. Pasamos dos años con el guionista escribiendo la escena en la que se encuentran, pero no conseguí escribirla. “Después comenzamos a pensar en qué pasaría si no se encontrasen nunca.

Utilizamos el piano como un símbolo, un elemento del ambiente burgués europeo, de ascensión social. Necesitaba hablar del piano como una especie de pasaporte social para entrar en otro sitio de clases. Ellas viven en una ciudad dividida desde el punto de vista social y económico.

“Creo que lo que nos salva es la vocación que tenemos para hacer algo. Lo que hacemos, nuestras acciones, son una necesidad.

“La vocación de Eurídice era ser libre a través de la música, con la música desaparecería y cuando fue robada de ella, se quedó solo con la tonta que existía en ella, se quedó solo lo interior. Su sueño fue quemado, su vida preterida.

“La vocación de Guida era ser libre. Ella tuvo que morir para ser libre. La única manera en que Guida puede ser visible es en la ilegalidad. Para el patriarcado ella es una criminal. Murió su nombre. Era invisible para el mundo de Eurídice para el mundo del patriarcado.”

Se esperan actitudes periféricas del “yo”. Posibilidades del uno individual. Comienzos y desenlaces que justifiquen padecimientos o locuras. Desconocemos el comportamiento real del otro ¿Qué significa lo tradicional, lo cotidiano?, si las circunstancias cambian de acuerdo al individuo que las vive. Una vez separadas, ambas fueron invisibles para las dos. Nosotros la vimos como la mostró Karim, para que no fuese invisible nunca más La vida de Eurídice Guzmán.

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