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Algunos de los protagonistas de las películas elegidas para la Muestra de Cine Canadiense evidencian los siguientes signos: un hombre de 55 años y origen argelino, contratado por una escuela de Montreal como sustituto de un maestro de primaria (Monsieur Lazhar), el gánster que regresa a casa, como Odiseo, tras larga ausencia (Keyhole), un cuarentón con mente adolescente que se descubre padre de 533 hijos (Starbuck), el vendedor de autos que sueña con jubilarse felizmente (Le vendeur), y por si fuera poco los dos miembros de una pareja unida en el tiempo y la distancia (Café de Flore).
Tal vez la caracterización de los personajes principales apenas ayude a promover una muestra variada y de la más alta calidad, de modo que más vale abordar otras aristas. Dirigida por el quebequense Philippe Falardeau, Monsieur Lazhar habla sobre segundas oportunidades y el imperativo de aprender a superar los derrumbes espirituales sin mentiras ni hipocresía. Y hablando de autores reconocidos, es preciso recomendar Keyhole, la película en blanco y negro (antes de la moda destapada por The Artist) del surrealista y experimental Guy Maddin, sobre Ulysses Pick (Jason Patric), quien intenta encontrar a su esposa (Isabella Rossellini) atravesando las muchas y fantasmagóricas habitaciones de una casa, espacio opresivo en el cual transcurren las disquisiciones oníricas sobre lealtad y traición que explora esta vez el famoso heredero de Cocteau y Buñuel.
Resucitan, en este o aquel filme, actores de culto cuya presencia confirma el estatus de consagrados. A Jason Patric e Isabella Rossellini en Keyhole, se suman Rutger Hauer en Hobo with a Shotgun; Rachel Weisz, Monica Bellucci y Vanessa Redgrave trabajan juntas en The Whistleblower, que denuncia el tráfico sexual de una multinacional vinculada a la ONU en Bosnia; mientras que Vanessa Paradis se pone al servicio del nacido en Montreal Jean-Marc Vallée en Café de Flore, poderoso melodrama sobre la pérdida y la compensación que se ramifica en dos historias, una en la contemporaneidad de un DJ divorciado, y la otra en 1969, en París, donde una madre lucha por prolongar la vida de su hijo con síndrome Down.
Toronto y Montreal en cuidadosa alternancia, multiculturalidad canadiense en expresión cinematográfica, diversidad de estilos y géneros, vanguardia y comedia, humor negro y melodrama, Guy Maddin y Philippe Falardeau, marcados por la añoranza de nuevos títulos firmados por David Cronenberg, Atom Egoyan y Dennys Arcand… y que algunos ignorantes continúen repitiendo que el cine canadiense no existe, puesto que según ellos pende de Hollywood, Londres o París. Cualquiera de estas Muestras, habladas en inglés o francés, sería suficiente para demostrar el infundio, y certificar la eficacia muchas veces demostrada.
Por Joel del Río |