Nuevamente San Cristóbal vuelve, en La Habana, a cargar un niño sobre sus espaldas o, lo prefiero, a darle la mano a un niño o a una niña de nuestros días. Días en los que novísimos espejos-pantallas parecen abrir, ante sus ojos, mundos de maravillas jamás recorridos por la inquieta Alicia.
Y nuevamente damos la bienvenida a mujeres y hombres de las más disímiles latitudes que han hecho suya esta cita antillana.
Hombre y mujeres que, como José Martí, confían en que los niños y las niñas les saluden como amigos y les tomen de las manos; que como el francés Célestin Freinet ponen en sus manos las palabras y las imágenes para describir el mundo y hacer volar los sueños. Mujeres y hombres que en los momentos en que la vida deje de ser bella, estrecharán fuerte las manos de las niñas y los niños para, como lo hizo el judío polaco Janusz Korczak, acompañarlos hasta el final de la peor pesadilla.
Niños y niñas de estos días en los que los caminos de Damasco se iluminan, no por cegadoras revelaciones, sino por el fuego ensordecedor de las armas; en los que el cielo de una tierra tantas veces prometida y tantas veces disputada es surcado, no por estrellas preñadas de buenas nuevas, sino por misiles que de aquí y de allá asolan como nuevas plagas a la santa tierra.
Días en los que del río Bravo a la Patagonia, nuestros pueblos intentan dibujar un mapa nuevo de un nuevo mundo posible, con las Malvinas incluidas; en los que, de primar la buena voluntad, el diálogo hará germinar la Paz en Colombia.
De esa Colombia que por todos lados era el amoroso límite del poeta Jairo Aníbal Niño, quien, haciendo honor a su apellido, nos recordaba que un buen viejo no es más que un niño que ha vivido el tiempo suficiente para recordarlo.
Ya entrando a la tercera edad, la posibilidad de recordar que fui niño –como nos reclamara Saint Exupéry–, me la ofrece, también, el hecho de ser abuelo, ya por cuatro veces. En estos días, mi nueva nieta fue bautizada con el nombre de América Esperanza.
Si me lo permiten, quiero dedicar los días de este 26. Encuentro a mi nieta y al sueño compartido de su nombre.
Palabras de Pablo Ramos durante la inauguración del Foro El Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano y Caribeño (Red UNIAL) |