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¿Qué tiene para decir el brasileño Lázaro Ramos?
 
 

Comenzó la fiesta del cine latinoamericano y con ella la posibilidad de acercarnos al quehacer cinematográfico de la región. Pero no solo perdura de este evento las conmovedoras multitudes ansiosas por disfrutar de las películas en concurso, sino también aquellas declaraciones de importantes figuras de la pantalla que llegan a nuestra Isla a ser partícipes de este suceso.

Una de estas personalidades es Lázaro Ramos, conocido por el pueblo cubano como el André Gurguel de la novela brasileña recientemente televisada Insensato corazón. Con su estilo sencillo y conversador, típico de quienes llevan en sus venas la esencia de América Latina, habla tanto de su exitosa carrera de actor como de sus expectativas en este Festival.

No podía faltar en el diálogo la interrogante sobre la diferencia que existe actualmente entre el cine y la televisión brasileños.

«La industria televisiva en Brasil es muy fuerte, pues nuestras novelas viajan por todo el mundo y eso es importante porque la calidad es grandísima. Pero hay cosas que no se pueden decir o hablar. En la tele, existe una clasificación de horarios y temáticas que son menos populares y el cine se aprovecha ahora de eso en Brasil. Claro que tenemos muchas películas que se asemejan con la televisión, dialogan fuertemente con el lenguaje verbal de esta, pero también  hay cine hecho en Brasil que profundiza en otras aristas las cuales hablan de una esencia de mi país que es importantísimo conocerla. En estos tiempos hay una nueva forma de hacer cine que para mí es buenísima, con películas como Amarillo Manga, Fiebre de ratón y una de las que se presentará en esta edición del Festival, Tatuaje, que aborda un Brasil casi no oficial y se transforma en una cinta que bien pudiera verse como un «filme de arte», aunque a mí no me gusta mucho esta clasificación y separación porque el arte es muy abierto y a través de él podemos descubrir la diversidad de un país del tamaño de Brasil. Y es que nosotros somos muchas cosas; no se puede describir mi país hablando solo de un tipo de cultura, porque si se va para el sur o para el nordeste, son realidades muy diferentes, y ahora el cine se preocupa por eso».

Lázaro Ramos es una estrella de cine, televisión y teatro, pero también ha incursionado en la dirección. ¿Cuánto le ha aportado este nuevo rol al de actor?

Los actores nos apasionamos por el sueño de otras personas y lo defendemos como si fuera el nuestro. Pero como director hay sueños que son tuyos, y que puedes compartir con otras personas. Hay temáticas que yo siempre me imaginé y soñé hacer como actor, y ahora busco materializarlas como director. Hace 9 años que dirijo y presento un programa de televisión donde hablo de asuntos que no siempre se hablan en la tele y que, a veces, como actor no puedo defender. Mi película, la cual pretendo filmar en 2015, es eso también: un gran sueño para hablar de muchas cosas…

Considerado uno de los actores más sensuales de la pantalla en Brasil, ¿cómo pudo enfrentar y superar las expectativas del público interpretando el papel de gay en Madame Satã, rol que trajo consigo muchos desafíos?

Ese fue mi primer papel protagónico. Yo no esperaba que tuviese tanta repercusión ni importancia en mi vida, aunque todos los trabajos que realizo los hago pensando en que queden lo mejor posible. En aquel momento tenía 20 años de edad, y hay una cosa curiosa: me presenté a cinco audiciones para lograr este personaje y nunca fue posible, y tres semanas antes de comenzar la filmación yo volví a ir. Para mí fue muy importante porque aprendí mucho y tuve la libertad que necesitaba. Fueron innumerables los desafíos, pues es un personaje muy difícil y además real. En la vida de él se podía pasar del cariño al odio en dos segundos, y eso fue un reto porque yo no soy así; soy muy pacifico, muy calmado y tuve que enfrentar eso: el lado marginal de este sobreviviente que es Madame Satã. La película me dio muchas alegrías y premios alrededor del mundo. Estos reconocimientos posibilitaron que yo permaneciese en esta profesión porque yo no nací en Rio; nací en Bahía que es un sitio donde se hace poco cine, nada de tele y mucho teatro; por eso no sabía si tendría la posibilidad de vivir de mi trabajo, aunque tengo dos profesiones: soy  Técnico en Patología y  trabajaba en un hospital cuando la época de esta película. Gracias a la repercusión que tuvo el filme, pude dedicarme a ser actor a tiempo completo, integral, y ahora ni me acuerdo de cómo hacer las cosas de técnico patológico.

Fue merecedor de un premio Coral en el 2003 por El hombre que copiaba y, en cambio, este año pasa a ser parte del Jurado de Ficción. ¿Cómo afronta la experiencia?

Es dificilísimo, una gran responsabilidad porque sé la importancia que eso tiene. Cuando yo recibí el Coral me sentí muy feliz, fue un incentivo para continuar. A veces cuando alguien te felicita y te elogia por tu trabajo, es una manera de saber que vale la pena continuar la lucha y otras luchas que siempre están presentes. Pretendo ser lo más responsable posible para estimular a las personas a continuar trabajando para mejorar el cine. Este año es la segunda vez que hago de jurado; la primera fue en Brasil en un festival de Río de Janeiro, y fue dificilísimo porque tenía a muchos amigos dirigiendo las películas. No tengo preferencia por ningún género en especial. Yo siempre veo las historias, siento el cine sin pensar en nada y me entrego por completo a la trama que se cuenta.

¿Qué cree del Cine Latinoamericano actual?

Es muy vigoroso y posee una gran creatividad. Yo soy apasionado de las películas de argentina, las pocas que he visto de Cuba, de Perú… y de ¡Uruguay! De este he visto pocas pero magníficas.

Pienso que es importante conseguir financiamiento con más facilidad para filmar las películas, que los realizadores puedan hacer lo que pretenden. También creo que se necesitan más iniciativas como este Festival de Cine de La Habana, para que podamos difundir nuestras producciones. Por ejemplo, en Brasil solo hay cerca de 2600 salas de proyección y en casi todas, el filme que se exhibe es el americano. Yo tengo un sueño: que este cine tan vigoroso que hacemos en Latinoamérica pueda tener más espacios para que el público lo vea y lo disfrute. Por eso siento que es importantísimo estar en este Festival: es una oportunidad de conocer y difundir un poco más este cine propio que hacemos.

Este Festival en Cuba aporta muchísimo: las discusiones, los intercambios de formas de crear de distintos realizadores, el diálogo con el público. Para mí es trascendental para conocer un poco más y contarle a mi país lo que acá estoy viendo, y hablarles de esta riqueza que aquí hay.

Lázaro Ramos ha declarado en entrevistas anteriores que para él lo más importante es su familia, por encima de todo. ¿Cuán  difícil fue interpretar el personaje de André en Insensato Corazón?

En Brasil este personaje tuvo dos enfrentamientos. El primero es que el público de la tele solo me había visto hacer de héroe, interpretar personajes bondadosos, y papeles cómicos (en el cine la variedad era mayor), y de momento dijeron: quién es esa persona. Hubo unas escenas en las que yo peleaba conmigo a la hora de hacerlas. Es el caso de los instantes con mi papá, principalmente porque Milton Gonçalves —el actor que interpretaba este personaje— es mi ídolo como profesional y de repente estábamos en una situación de conflicto. Hubo algunas escenas que rodé y luego me iba muy mal para la casa porque trataban de sentimientos que hasta este momento no había enfrentado. Después recibí el mayor regalo: la relación con el niño y Carol, pues yo había vivido esa experiencia de padre e hijo, y justo en el medio de la filmación de la novela mi esposa quedó embarazada. En la novela pude tener la sensación de descubrir la paternidad antes de nacer mi niño.

De sus expectativas en Cuba y con el Festival…

¡Las mejores! Espero ver la diversidad que este Festival proporciona. Quiero tener tiempo de caminar por las calles habaneras y conocer un poco a las personas. Ahora mismo, un chofer me invitó a visitar su casa, cerca de aquí, hablé con su mamá y fue muy gracioso. Tengo mucha curiosidad y eso es lo que quiero, «conocer». Ah, y disfrutar de nuestro cine latinoamericano.

Por Maria Karla Villar Mora

 
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