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Sebastián Sepúlveda: un chico con rabia que quería hacer cine

El director Sebastián Sepúlveda arribó a La Habana para participar como jurado de guion en esta 38 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (FINCL). De todas las categorías en competencia, la de guiones inéditos es la única que no exige asistir a la sala de cine. Tal vez por eso, a diferencia de la mayoría de las personas que recorren por estos días el Hotel Nacional de Cuba, Sepúlveda pasea tranquilamente por sus jardines. En medio de la lectura avasalladora de 25 manuscritos inéditos que concursan en este apartado, el chileno busca descanso visual y sosiego frente al mar que lo circunda.

“Entiendo al guion como un objeto de arte que se va a transformar en otro. Es como el ciclo de vida de una mariposa que sufre metamorfosis. Como jurado busco una voz distinta en lo que leo. Uno espera encontrar algo novedoso a nivel de estructura, personajes, relatos, cualidades que aporten singularidad, que el guionista rompa con las ideas que ya uno tiene.

“A la hora de evaluar se juntan todos los Sebastianes: el guionista, fotógrafo, editor, director, en resumen: el cineasta. Por ejemplo, cuando uno ha editado películas se interesa mucho en la construcción narrativa, pero igual yo miro la tonalidad, cómo el autor te hace sentir el género de la película, la luz de los personajes, sus emociones. El resto de los jurados del Festival evalúa el pasado porque están viendo un producto ya terminado, pero en mi caso nosotros valoramos el futuro porque es un proyecto que se coinvertirá en filme”.

Al respecto de los movimientos y tendencias en el cine latinoamericano, Sepúlveda no cree que haya cinematografías nacionales. “Creo que existen nombres puntuales y movimientos. Podríamos mencionar a los homosexuales, que hace 20 años no se escuchaba su voz y actualmente encuentran su espacio dentro de la cinematografía latinoamericana”.

El realizador de Las niñas Quispe (2013) se reserva, como buen jurado, de pronosticar resultado alguno u ofrecer señales de por dónde marcha la escritura para cine en competencia. “Solo puedo decirte que predomina la narración. La cinematografía argentina tiene cosas muy interesantes y la cubana también”.

En la Isla la crítica especializada y aun los propios cineastas afirman que el guion es “el talón de Aquiles” del cine cubano, ¿sucede de modo similar en Chile?

Eso lo oigo en todos los países sobre cualquier película. Es muy difícil lograr un guion óptimo, porque es una obra en construcción, incluso cuando estás filmando lo modificas.

¿Tiene que ver con la formación académica, hasta qué punto influye el hecho de que como asignatura esté ausente en los planes de estudio de las escuelas de cine?

El guion tienen que estudiarlo todos los que participan en la realización de una película, incluso el sonidista, o el editor. En las escuelas latinoamericanas de cine falta eso.

A día de hoy Chile está en un momento de esplendor cinematográfico con respecto a otros países de América Latina. De ello dan cuenta los filmes laureados en las últimas ediciones del Festival, que también han sido premiados en otros certámenes internacionales: No, El Club—del cual fue editor—, El bosque de Karadima, a ello se suma el hecho de que Pablo Larraín es el director con más corales en la historia del FINCL.

“Creo que es un fenómeno generacional. Durante la dictadura muchos cineastas emigraron y se dedicaron a la publicidad en el extranjero. Después del establecimiento de la democracia pasaron muchos años antes de que pudieran brotar las flores en medio de la aridez. Evidentemente en el caso chileno la creación del Fondo de Fomento Audiovisual en 1992 fue un apoyo muy importante, junto a la aprobación de políticas públicas que amparan las producciones fílmicas. De hecho, ahora mismo el fondo ayuda a producir seis largometrajes al año, lo cual es muy poco en comparación con la cantidad de cineastas que están rodando en el presente”.

Este año la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) celebra 30 años de fundada, y el chileno, egresado de la octava generación, recuerda con regocijo sus años de rebeldía estudiantil

“La Escuela es como mi alma mater. Me sometí a las pruebas de ingreso tres veces durante seis años porque la matrícula es bienal y los primeros intentos fueron fallidos. Recuerdo perfectamente mi primer día ya instalado. Desperté a las cinco de la mañana en San Antonio de los Baños viendo el amanecer, y sentí una emoción increíble. Ese tiempo que estuve allí entre 1996 y 1998 fueron muy provechosos.

“Yo era como la oveja negra del curso. La especialidad que estudié fue montaje, pero no quería quedarme solo con ese conocimiento, además quería escribir, dirigir… hacerlo todo. Sin embargo, eso era complicado porque el plan de estudios estaba bastante estructurado por especialidad. Los ejercicios que te orientaban estaban pensados en ese sentido, por lo que comencé a realizar otros extracurriculares con un amigo de esa promoción. De modo que filmamos muchas películas que queríamos y así aprendí muchísimo. Claro, en la Escuela te encuentras en un espacio de efervescencia creativa que te propicia esa realización. Incluso te nutrías de las discusiones que tenías con los profesores porque te mandaban a hacer un ejercicio que no te gustaba, era como discutir con tu padre cuando te manda a hacer algo que no quieres.

“Considero que una escuela son dos o tres grandes maestros. Ahí conocí a Daniel Díaz Torres, que aunque no me impartió clases fue un maestro y amigo. Siempre estábamos discutiendo de cine y yo desahogaba mis enojos con él. Daniel fue una figura paterna para mí, una persona sumamente generosa. Fernando Pérez era muy amigo de Daniel, también a él lo considero como un referente, sobre todo de ética. Recuerdo que nos sentábamos los tres juntos a almorzar y conversar. Fernando tiene una manera de pensar el cine que te hace escucharlo siempre.

“La EICTV me brindó conocimientos teóricos que no tenía y eso me ayudó a madurar. Antes de estudiar allí yo era un chico con rabia que quería hacer cine. Ese sentimiento es muy importante porque te impulsa a hacer cosas, y la Escuela me permitió canalizar esa ira de una manera productiva”.

De sus proyectos mediatos adelantó muy poco puesto que los verdaderos cineastas no revelan sus proyectos antes de tiempo, según el joven creador. “Estoy justamente en la etapa de “guionismo” de dos películas de ficción que voy a dirigir en Chile, tal vez para 2018 ya estén listas; así que la invitación a ser parte de este jurado llegó en un momento excelente. Leer las obras de otros también es un entrenamiento profesional. Uno se da cuenta de las falencias que tiene, y de alguna manera estableces una discusión con otros a través de sus escrituras aunque no los conozcas personalmente”.

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