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Sección cultura: las sorpresas de la rutina

En entrevista de Ciro Bianchi a José Lezama Lima, el autor de “Paradiso” le respondía a propósito de la posible influencia en su obra: “En realidad lo único que logra influenciar al hombre es la cultura”. Lezama no necesitó conceptuar una totalidad que implica al hombre y sus acciones. Mas, considerando los equivalentes al concepto referido: cultivo, saber, civilización…, en rigor, ¿a qué acciones humanas nos referimos si de cultura se trata?

La cultura es despliegue intelectual que comprende todo lo artístico en cuanto a creación.  Pero esta última sobrepasa lo que, en principio, asociamos solo al arte y sus variadas manifestaciones. Aquella es también considerar obviedades y exclusiones de lo notorio e incluir la imaginación. Es arrimar la diversidad en provecho de generalidades y detalles, pues así se aprecia a los otros desde una mirada personal. Las posibilidades de interacción con el mundo para enriquecernos son infinitas. Con esos empeños inmensos se muestran los cineastas representantes del apartado Cultura, del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Una temática recurrente en la sección es la música. Lo que es denominador común y patrimonio de diferentes regiones, revelan rasgos específicos y definitorios a través del interés cultural entre dos países (Cuba y Estados Unidos). Véase La Habana llega a Brooklyn (América Maldonado), donde la música de orquesta actúa cual pivote para abordar otras cuestiones influyentes en la vida de músicos cubanos. Es la mirada que quiere y consigue distanciarse de lugares comunes.

El espectador se identifica con nuevas razones de vidas, las que pueden ser mejor asimiladas desde las cuotas de la ficción. Pero es el documental la expresión ideoestética idónea para el ir y venir de artistas ya consagrados. Importa el homenaje de una figura, cuando no su rescate. De cuanto pudiera tratarse entonces es corroborar una historia que exponga los obstáculos rebasados para alcanzar el éxito.

En este sentido, si la venezolana Cecilia Todd no hubiera sabido de la existencia de Mercedes Sosa y el grupo Buenos Aires 8, sus vínculos con Argentina hubieran sido otros. En Tres más uno. Cecilia Todd (Liuba María Hevia) se aborda la estrecha relación de la cantautora con el país sudamericano y Cuba. La directora repasa los inicios y logros de la experta en el cuatro, la intérprete de “Pajarillo verde” se propuso rebasar fronteras culturales y compartir su singular voz.

Ambicioso y extenso se nos presenta Dorival Caymmi, el negro que se convirtió en mar del brasileño Henrique Gilberto Mendes Dantas. El compositor e intérprete de, “A Bahia também dá, O que é que a baiana tem”, “O samba da minha terra”, también actor y pintor, sigue siendo uno de los iconos más respetados de la cultura carioca e hispanoamericana. Desde la ausencia física, los comentarios de amigos y familiares, adeptos cercanos o recientes, nos adentramos a una sutil imagen del practicante del candomblé, del hombre respetuoso de Yemanyá, amante del mar y la pesca, del artista inconforme y versátil. Aquí está más que justificado el efecto de las disolvencias cruzadas con fuertes resonancias alegóricas.

Por su parte, en El arquitecto y la escuela (Roberto Santana, Saúl Ortega), se considera a Andrés Garrudo Marañón, figura significativa que, formada antes del triunfo revolucionario, participaría −desde sus cimientos− del sistema de enseñanza de la isla, especialmente de la capital. Proyectar y diseñar edificios y establecer relaciones con estructuras y espacios que forman el entorno humano, tienen a Garrudo como una figura importante. El documental, estructurado de manera cronológica, con el protagonista que habla a la cámara y se le yuxtaponen imágenes de archivos y fotografías, centra su atención en la construcción del conjunto de la Escuela Lenin, proyecto simbólico de la Revolución en marcha. En los años setenta Garrudo fue el arquitecto y colaborador de numerosos centros para la enseñanza de todo el país.

Por su parte, en los primeros minutos de documental El bailarín cubano (Roberto Salinas) el padre del protagonista (Alexis) se refiere a la complejidad de estudiar ballet y llevar a un tiempo el estudio complementario de la enseñanza escolar, de la vida, afín con la edad. No obstante, la obra se inclina al superobjetivo de reforzar los caminos de la vocación. El adolescente lo deja en claro al decir: “Yo creo que yo nací para esto, para bailar. Yo nací para el arte. Es lo mío. Si no hago arte, no sé lo que yo hago en este mundo”. Entre las interioridades del aprendizaje del ballet y La Habana, tanto interna y exterior que habita el bailarín, se dibuja un recorrido de vivencias interrumpidas por la emigración y el recomienzo. La noticia del viaje hacia los Estados Unidos introduce el conflicto del chico. Hay un antes y un después. Las curvas de interés privilegian la puesta en escena, donde las coreografías conciertan con belleza y espontaneidad.

De los seis documentales inscritos en Cultura, Romerías, la utopía (Carlos Gómez Ramírez, Manuel A. Rodríguez Yong), una idea de Reymel Delgado, es el único que retrata un acontecimiento grupal abarcador de voluntades y criterios. La película, entre lo historiográfico y la capacidad de convocatoria vigente de lo que es más que una peregrinación de renombre, intenta personalizar cuanto vemos en pantalla a partir del regreso de la actriz Leticia a los festejos de mayo.

Alexis Triana, presidente de la AHS de Holguín en el período de 1994-1999, recuerda el camino básico por el cual el festival anduvo. “¿Cómo podemos ser distintos si faltarle el respeto a la tradición?”. La voz en off de la actriz es casi una constante que nos hace partícipes de su pensamiento, al paso que se alterna su traslado en ómnibus, junto a amigos, desde La Habana a la Ciudad de los Parques con las confidencias de los entrevistados –lo más significativo de Romerías…− acerca de lo que ha sido el notable evento cultural.

Este año «Latinoamérica en perspectiva», sobre todo en Cultura, ha favorecido experiencias artísticas muy particulares, relatos de viajes y derroteros de experiencias imprevistas. Es el reconocimiento de una contemporaneidad cambiante y difícil, si bien a cada momento enriquecedora.

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