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Sede para un Festival

Nacido en La Habana, el 3 de diciembre de 1979, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano es y ha sido alternativa segura de uni­dad solidaria y fiesta de todo proyecto fílmico auténtico y enraizado en la cul­tura de la región. Evento siempre abier­to a las corrientes y modos expresivos más revolucionarios. Enemigo irrecon­ciliable de toda canonización de rustici­dad expresiva, de toda tendencia discriminadora (elitista o populista) y en fin, de todo dogma o manifestación que sig­nifique el empobrecimiento cultural.

De la sede

Veinte y dos Fes­tivales se gestaron en ese edificio de la calle 23 del Vedado que el ICAIC desde hace más de 40 años ganó para la Cultura, pero allí no ocurrirá más. El Con­sejo de Estado de Cuba ha tomado la decisión de crear una sede para el Festival. Una mansión recién restaura­da, sin dudas, sólida, magnífica, de esas que se adueñaron del Vedado en la pri­mera mitad del Siglo XX. La sede, en la calle 2, en esquina con la calle 19, loca­lizada entre el edificio ICAIC y el Hotel Nacional de Cuba (centro habitual de actividades y lugar preferente del aloja­miento de delegados e invitados). Una edificación que sorprende por lo macizo de sus muros, la ausencia de ornamen­tos y por esa sugerencia al movimiento que le imprime su arquitectura.

De quienes la habitaron

Una mansión de la alta burguesía de la primera mitad del Siglo XX, crea­da para Hilda Sarrá Larrea al contraer matrimonio con el abogado Juan Por­tela. Hilda Sarrá, su padre, Ernesto Sarrá, creó una enorme fortuna comer­cializando productos farmacéuticos, y su madre, Dolores Larrea, descendiente de aquella oleada de españoles emigrantes a Cuba de prin- c i p i o s del Siglo XX, ha­cedores de nueva fortuna produciendo azúcar, la aristocracia del azúcar, la Sacarocracia, que imitó las manera y estilos de la Europa más culta, modifi­cando las tradicionales formas de vida de las clases adineradas de la Isla.

En 1949, la familia, siguiendo la moda, huye de la invasión de comercios y edificios de apartamentos que inicia¬ban la contaminación del antes exclusi¬vo barrio del Carmelo en el Vedado, hacia el Oeste, hacia las Alturas de Miramar. La casa es entonces rentada a ciudadanos holandeses en misión diplomática y posteriormente se convierte en Residencia del Embajado: del Reino de los Países Bajos, situación que se prolongará durante medio siglo, hasta que en el 1999 será trasladada debido al ruido que ocasionaba el vecin¬dario en esa fecha.

De su estilo arquitectónico

Diseñada en 1934 por el prestigioso arquitecto cubano Rafael de Cárdenas, constituye uno de los exponentes más novedosos de la arquitectura doméstica de la época. Una de las primeras casas de la ciudad, donde se utilizan elementos del estilo racionalista, aunque en este caso mezclado con suaves ondas que recuerdan al “Stream Line”, tendencia de moda en los Estados Unidos de Norteamérica. Una modalidad en que los ornamentos, al desaparecer permiten apreciar esos volúmenes vigorosos, rectilíneos, pero de esquinas redondeadas en los que la hermeticidad, a pesar de puertas y ventanas, no desaparece. Volúmenes donde la línea se ondula y el trazado de las plantas aceptando el círculo, el semicírculo, la elipse, intenta la aventura de imprimir movimiento al rectángulo. Un momento, donde el arquitecto cansado de diseñar para la tierra firme parece enloquecer y al crear, pretende adueñarse de las imágenes de veloces buques para destrozar la estática de la obra que su razón crea.

De formas y niveles siempre cambiantes, el terreno, que fue tupido y bello jardín, rodea y aísla la casa, siendo siempre diferente en cada uno de sus lados, transformándola sorpresivamente según el lateral de que se observe. Terrazas escalonadas ascendiendo al Oeste, convirtiendo el primer piso de la parte baja en el sótano de la parte alta; horizontal, en el Sur; en dos niveles, uno alto y otro bajo, separados por un muro de contención, en el Este; descendiendo ^gradualmente por todo el Norte, hasta el límite de la propiedad. Una tapia le separa en el Este de la mansión vecina de un depurado estilo Art Deco (vivienda que fue de la alta burguesía, de Pedro Baró y Catalina de Laza y que es hoy la Casa de la Amistad). Frente a la tapia en el nivel alto, una piscina rectangular, de moderadas dimensiones, adorna y recrea el área.

De la distribución de funciones

La casa en el centro del jardín. En el primer piso las habitaciones de servicio doméstico, los garajes, el acceso del exterior a la caja de la escalera principal y la escalera que comunica directamente con la cocina y el pantry. En el segundo .piso (el piso principal): los salones de recibo y de recepciones, el bar, la terraza, el comedor, los locales de servicio, y las comunicaciones verticales. En el tercer piso: los dormitorios, las circulaciones. En el cuarto piso: un solo gran salón rodeado de terrazas con acceso único a través de la escalera de servicio, posiblemente una biblioteca o estar íntimo. Frente a la fachada Norte, un pabellón de planta regular de un solo piso, de vigas y techo de hormigón armado, originalmente la bolera y la sala de juegos, después ya modificado, la Cancillería.

Entre el pabellón y la casa, una calle interior que naciendo perpendicular a la calle 2 permite la entrada a ambos y que avanzando en línea recta, termina chocando con la tapia que separa al Este de la mansión vecina. Una solución para la entrada que desconcierta ya que nunca apreciamos la fachada principal de frente, más bien nos sugiere que deseara ocultarse, escondiéndonos su contenida magnificencia.

De la expresión poética de la Arquitectura

“… el bello rinoceronte quiere danzar, todos dicen que no podrá, pero quizás…”

Una frase que pudiera sugerir la poética que expresa la Arquitectura de este conjunto.

El lenguaje arquitectónico suele manifestarse a través de dos espacios: uno visible, concreto, donde compone­mos, organizamos, según leyes diver­sas, masas volumétricas de distintas formas, tamaños, proporciones, colores y texturas, donde preferentemente jugamos con luces y sombras; el otro, virtual, imaginario, sugerido del ante­rior, donde ocurre la expresión de nues­tra subjetividad.

Es ese “otro espacio” donde se manifiesta la impresión, la atmósfera de la Arquitectura.

Un sólido prisma de base rectangular de muros lisos desprovistos de ornamentos, con discretos volados en los balcones y pesados pretiles es el cen­tro de la composición. Un prisma que a pesar de su macicez intenta trasmitir­nos la ilusión de que puede girar y dan­zar. Ilusión de movimiento que se pretende a partir de la forma y disposición de los distintos elementos arquitectónicos que se le adosan.

En el piso principal, al Sur, el cilindro conteniendo al bar y la terra­za de ligero techo y celosías de madera, cuajada de enredaderas que sirve para el desayuno, la merienda o la comida informal.

(…)

En el cuarto piso, las dos torres de plantas semicirculares dispuestas, la mayor y más baja hacia el Norte y en ángulo recto con ella, hacia el Oeste, la menor y más alta, la una como la caja de escalera de servicio y la otra como depósito del agua.

Por último, abarcando el segundo y el tercer piso, el volumen cilíndrico de ondas en constante vibración de la caja de la escalera principal.

La caja de la escalera principal, de impresionante belleza, sin dudas, el espacio más logrado del diseño. En su interior, ondas suaves que se articulan en un movimiento en espiral. En el exterior, un muro rasgado con vanos verticales de vidrieras acristaladas que intenta el movimiento pero sin librarse del prisma que lo apresa. .

De la acción en la Cultura

Coenraad Stork, embajador en la década del 80, transformó la Residencia en un privilegiado lugar para el conocimiento de nuestra vida cultural por muchos de los europeos residentes en Cuba. Amante y promotor del Arte y la Literatura, devino de diplomático en amigo fraterno de nuestros intelectuales y artistas a quienes abrió las puertas de la Residencia, contribuyendo a combatir ese aislamiento que ha intentado siempre estigmatizar a la Revolución. Leo Brower, César López, Jorge Luis Prats, Pablo Armando Fernández, Reinaldo González, Naty Revueltas fueron algunos asiduos visitantes.

De los propósitos

Hoy la casa no es ya un recinto diplomático, pero continúa sirviendo a la cultura, y no solo a la nuestra, sino a la de toda la región. Albergará ese gestar continuo, feliz en ocasiones, angustioso en otros que nos permite en cada diciembre, un nuevo Festival.

Será centro de Cultura para brindar aliento y promoción a las auténticas manifestaciones del Arte verdadero. Sorprenderá, destruirá absurdos esquemas y anacrónicos conceptos y seguirá convenciéndonos de su vocación liberadora, revolucionaria. Será lugar de encuentros, diálogos y debates que defiendan nuestra rica y diversa identidad frente a esa tendencia vanalizadora, uniformadora, globalizadora que empobrece a la cultura mundial.

Desconcertante, pero bella, opulenta pero austera, maciza pero danzante, novedosa en su antigüedad, la casa aún permanece silenciosa, pero engendrando nueva vida, nueva acción, revivirá. Crecerá auténtica, vigorosa, veloz, fuertes raíces tendrá enterradas bien hondas en nuestra patria, nuestra gran patria, Nuestra América.

 

Publicado originalmente en la Revista Nuevo Cine Latinoamericano

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