319 visitas

¿Sigue siendo nuevo el Nuevo Cine Latinoamericano que se produce hoy?

Palabras de Enrique Álvarez en la presentación del número 19 de la revista Nuevo Cine Latinoamericano

Primero que todo quiero agradecer a Iván Giroud, a Xenia Reloba y a todo el equipo de realización de esta revista por invitarme a ser su primer lector, su primer crítico, y compartir mis impresiones con ustedes.

Cómo leer este número anual de la revista Nuevo Cine Latinoamericano que comienza interrogándose en su editorial:

¿Qué es el cine latinoamericano hoy? ¿Cómo definirlo? ¿Cuáles son sus límites –físicos, virtuales– y sus limitaciones –estéticas, conceptuales–? ¿Cómo se desdibujan las fronteras físicas mientras las plataformas virtuales ganan terreno en la difusión de nuestro cine? ¿Podemos/debemos seguir hablando de un cine regional?

¿Desde dónde contestar estas preguntas? ¿Desde los puntos de vista, los testimonios y las revelaciones que nos presenta el dossier Políticas públicas, leyes y cine? La complejidad de esta revista, cuyo propósito es cartografiar y reflexionar sobre la producción cinematográfica en América Latina, está en su capacidad de cuestionamiento a la noción histórica de “nuevo cine latinoamericano” a partir de la edición y el montaje de los textos que publica.

Hay algo de nostalgia implícita en lo que se dice y no en estas páginas, hacia aquel tiempo perdido, pretérito, en el que mirar con los ojos de Lucía, desde los ojos de Lucía, a través de los ojos de Lucía, nos hacía anhelar y luchar por un mundo mejor.

Antes, en aquel territorio fundacional de la utopía, las políticas cinematográficas nacionales y latinoamericanas eran dictadas por manifiestos artísticos –ideoestéticos– escritos por los propios cineastas que soñaban, querían, se proponían, cambiar la realidad en que vivían y creaban: Cine y subdesarrollo (Fernando Birri), La estética de la violencia (Glauber Rocha), El cinema novo y la aventura de la creación (Glauber Rocha), Hacia un tercer cine (Octavio Getino y Fernando Solanas), Por un cine imperfecto (Julio García Espinosa); textos provocadores, a ratos radicales, pero con los que alguna vez la mayoría de los cineastas latinoamericanos tuvieron que dialogar, desde la empatía o el cuestionamiento, para conformar esa eclosión de producciones cinematográficas que dieron lugar al nacimiento y desarrollo del Nuevo Cine Latinoamericano y a este Festival que desde hace 39 años se celebra en La Habana.

No creo casual que de esa tradición, ese linaje dirían algunos, provengan las palabras más provocadoras e inquietantes que habitan esta revista. Hace unos años tuve el privilegio de moderar un diálogo de altos estudios en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños entre Alfredo Guevara y Fernando Pérez, del cual quiero citar ahora algunas de las ideas que Alfredo, provocado por Fernando, compartió con los estudiantes de aquel momento. Decía Alfredo:

Este mundo es otro, los que hemos sido dirigentes, los que lo son y los que lo serán tienen que aprender a comprender que este mundo es otro y que, entre otras cosas, está transfronterizado, ya no hay límites para nada y no es posible seguir actuando con una mentalidad local, provincial o municipal; esa es la clave de todo.

¿Cómo se traduce esto? Se acabó la simplonería, el derecho a ser simplón. O eres complejo y capaz de acercarte a la complejidad o estás perdido, e igualmente está perdido todo lo que puedas dirigir.

Y más adelante, sabiendo que se dirigía a un auditorio de jóvenes cineastas en plena formación, agregaba:

Pienso que la mujer o el hombre que no viven en una interrelación perpetua no están vivos. Y creo también que la mejor educación que podemos dar los mayores a los más jóvenes, a los que echan a andar, es enseñarles que la interrogación no es un motivo de dolor, sino de fascinación.

Para mí, el artista es ese, el que no puede más consigo mismo, al que no le caben ya las ideas, el poeta que sufre, que se angustia porque no logra o porque logra demasiado. En ese sentido, el artista es un dios, pero tiene que ser también un diablo. Si no hay algo diabólico en la inteligencia, en la creatividad, si no hay un poco de fuego que queme por dentro y queme a los demás, no es, por lo menos, suficiente.

Desde la ignorancia no hay obra posible, tampoco en política.

Por eso, creo, el mayor valor de este número 19 de la revista Nuevo Cine Latinoamericano no está solo en la selección y ordenamiento de los textos editados, sino en la incitación editorial a leerlos e interrelacionarlos desde la incertidumbre, la perplejidad, la tradición quebrada.

¿Sigue siendo nuevo el Nuevo cine latinoamericano que se produce hoy? ¿En qué radica su novedad? ¿Qué es lo nuevo hoy ante lo nuevo de ayer? ¿Nuevo cine latinoamericano o Cine latinoamericano sin prefijos? Parecen preguntas retóricas, pero la lucidez de un diagnóstico pasa por responder, cuestionar, problematizar su objeto de estudio.

Si me preguntan cuál me parece la mayor debilidad de este número, yo diría que es su inevitable propuesta de lectura lineal a través de sus páginas numeradas y su índice temático. Si es verdad que los bastardos conspiran problematizando identidades, democratizando voces, acentuando la interculturalidad, propiciando la interrelación entre los individuos, no podemos seguir enunciando discursos unilaterales con un principio y un fin.

Por eso invito a leerlo empezando por el anuncio de la última página: «Una persona puede estar infectada con VIH y no saberlo…» Una persona, releo desde mi subjetividad, puede estar infectada con la ignorancia y no saberlo… Una persona puede estar infectada por la indolencia y no saberlo… Una persona puede estar infectada por la simplonería que denunciaba Alfredo y no saberlo… «Hazte la prueba», continúa el anuncio, «elige saber».

Elegir saber, es elegir la complejidad, es elegir mirar y leer esta revista con los ojos de esa Lucía millennial que Norge Espinosa invoca como necesidad de una cinematografía, la cubana, que parece haber perdido su posibilidad de resurrección. ¿Y tú qué haces aquí abajo, Sergio? ¿Qué significa todo esto? Se preguntaría el nieto millennial del protagonista de Memorias del subdesarrollo, ante la perplejidad de no encontrarse en el mapa actual del Cine latinoamericano; o tal vez no, los millennials –cubanos o no– suelen saber dónde están o dónde quieren estar, y por qué y para qué.

El mundo se ha vuelto más complejo pero se ha vuelto más práctico; hay mayor intercomunicación pero menos solidaridad. Parece que nos conocemos más y cada día sabemos menos unos de otros.

Somos un misterio, los hombres somos cada día un misterio mayor, y nuestras producciones culturales ya no sirven para explicarnos unos a otros qué somos, qué queremos ser.

De todas estas incertidumbres hablan las páginas de esta revista. Leerla como nos propuso releer Cortázar su Rayuela, es mi recomendación.

El sentido no está en los enunciados, el sentido está en la lectura individual que cada uno de nosotros podamos hacer de esos enunciados.

Desde estas lecturas, renuevo mis votos por la persistencia del Cine cubano, por recuperar su lugar en la cultura cubana y en la geografía del Cine latinoamericano, por una Ley de Cine que lo revitalice y fomente, por un manifiesto programático que lo renueve en sus compromisos sociales y estéticos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 × 4 =