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Trescientos sesenta y cinco días para un Festival

 

Foto: Festival de Málaga

A un año de llegar a las cuatro décadas, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se prepara para su próxima edición del ocho al 17 de diciembre de 2017.

La 39 edición comienza a dar sus primeros pasos con el lanzamiento de la convocatoria. Cada año existe un camino a recorrer por parte del Comité Organizador del evento y de la Casa del Festival, que se desplaza entre los aciertos de las pasadas ediciones y los nuevos horizontes que es capaz de crear el cine latinoamericano.

En ese sentido, el presidente de la cita, Iván Giroud, adelanta algunas rutas.

Del 38 Festival, la sección Clásicos Latinoamericanos Restaurados logró marcar una impronta, o sea visibilizar una vez más al Festival de Cine Latinoamericano de La Habana como un evento líder de opinión en cuanto a cine ¿Cuáles son los principales criterios que se seguirán para mantener dicha sección en la próxima edición?

Clásicos Latinoamericanos Restaurados, es una sección que debemos no solo mantener sino potenciar porque es de una importancia capital para nuestro cine. Salvar nuestra memoria, nuestra cultura cinematográfica y colocar esos filmes otra vez en circulación, en contacto con el público, con nuevas audiencias.

Este año presentaremos en esta sección no sólo los filmes cubanos que ahora mismo se encuentran en el proceso de restauración, sino que iniciamos haciendo las gestiones para incluir en ese programa un grupo de películas latinoamericanas, que están siendo también restauradas. Casualmente coincidí en el Festival de Guadalajara, con Luciano Castillo director de nuestra Cinemateca de Cuba y que es también uno de los programadores del Festival. Él está aquí formando parte de un jurado, además participó en una reunión que se ha convocado justo por el tema de la restauración de las Cinematecas de América Latina, y allí Luciano les informó a sus colegas latinoamericanos de nuestro interés en sostener este programa, y les solicitó apoyo.

En la reciente evaluación y encuestas a los públicos que la Casa del Festival solicita a un grupo de profesionales de las Ciencias Sociales, sobresale el interés en el Festival y las diferentes apropiaciones que los encuestados hacen del evento. Con un público que se mantiene y otro por conquistar, ¿cuán difícil se hace congeniar calidad estética con popularidad?

Con esas encuestas que mencionas venimos trabajando desde hace cuatro ediciones. Son de una utilidad e importancia capital para nuestro trabajo, porque nos obligan a prestar atención a la opinión del espectador para el cual trabajamos. Sus criterios, opiniones y recomendaciones de todo carácter. Conocer que esperan ellos de nosotros, y que les decepciona. No atenderlo sería no establecer un dialogo que resulta muy enriquecedor para ambos sentidos.

Por otra parte, sabemos que no hay “un público”, hay múltiples públicos; hay tantos públicos como personas e intereses y esto debemos tenerlo muy en cuenta los que tenemos la responsabilidad intelectual de articular y proponer un programa. La convención tan utilizada del “espectador promedio”, es a mi juicio disparatada, por reductora e irreal.

Con frecuencia se escuchan argumentos que son expresados con la mayor convicción, como: “lo hay que programar, es lo que el público quiere ver”. Me pregunto ¿De dónde parte esa iluminación? ¿Cómo se puede conocer lo que el “público” quiere ver?

Hay un texto de Glauber Rocha que para mí constituyó una revelación, y que ahora abordando este tema lo recuerdo y lo cito. El ensayo se titula “El Cinema Novo y la aventura de la creación”, y en ese texto hay un pequeño fragmento en el que Glauber dice:

“A mi parecer es una falta de respeto hacia el público, por subdesarrollado que este sea, «crear cosas simples para un pueblo simple». El pueblo no es simple. A pesar de estar enfermo, hambriento y ser analfabeto, el pueblo es complejo”.

Entonces volviendo a tu pregunta ¿Cuán difícil es congeniar la calidad con la popularidad? La dificultad yo no la encuentro exactamente en ese punto. Hay ocasiones en que ambas coinciden, películas magnificas que logran conectarse con una gran masa de espectadores y otras nos encontramos con obras muy radicales y experimentales que no logran el impacto ni el interés popular. Ambas tendencias deben tener lugar en nuestro programa. La clave está en situar cada pieza en su lugar, en su escala y en su proporción.

La curaduría de un Festival es algo que se nota si está mal pero si está bien casi nadie repara en ese trabajo. ¿Cuáles serían los retos de esta especialidad en un festival como este y cuáles específicamente para la próxima edición?

Sí, eso es verdad. Es un trabajo hermoso que requiere cultura cinematográfica, pasión, creatividad, ductilidad, persistencia, relaciones personales e institucionales, nivel de información, etc. Tiene varias etapas y estas a veces se confunden en su desarrollo. Una primera que es la información, después el visionaje, pero a la vez que uno va mirando las obras las va pre-clasificando, esta obra tiene nivel para el concurso, esta otra es muy importante por el tema que aborda, pero no está totalmente lograda a nivel formal, pero debemos no obstante buscarle un espacio en el programa y así.

Después ese trabajo que en primera instancia es individual y que hace cada uno de los seis programadores que tiene el Festival y entre los cuales me incluyo, se intercambia entre todos, la información y los filmes, y se va filtrando. Es en esa etapa que uno comienza a descubrir no solo el valor de cada obra, sino la manera en que cada filme se relaciona con el otro y que tipo de lectura puede generar ese programa. Que por demás es un programa que uno tiene que limitar de acuerdo a las capacidades de programación de que dispone y de los límites presupuestarios también. Es ahí cuando uno está listo para proponer el programa. Una vez definido ese esbozo de programa, es que se inicia la etapa de gestión de los derechos de exhibición de cada film, que es bien compleja y agotadora, y posteriormente se hace la invitación del film, etc. Este es el momento en que se reajusta el programa ideal que teníamos propuesto con el programa real que hemos logrado después de todas esas múltiples gestiones.

Como verás la calidad de un programa está sometida a múltiples variables y etapas que nos llevan todo un año de trabajo, pero considero que el elemento más determinante en el balance final es sin duda la calidad de la cosecha anual. Si no hay buena cosecha, no hay mucho que podamos lograr.

Desde la preparación del Festival anterior se hizo visible en la filmografía del continente temáticas y tópicos, no solo difíciles, sino narrados de maneras poco convencionales. Empezado este año y pasando por eventos como el Festival de Berlín, el Festival de Guadalajara, ¿crees que será una tendencia que se mantenga hasta la próxima edición en La Habana?

Espero que sí, que esta dinámica de propuestas temáticas y formales se mantenga. Hay mucha fuerza y variedad en una zona del cine latinoamericano. Ya en Berlín este año fue notable la presencia de filmes latinoamericanos de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Cuba, México, Perú, en casi todas las secciones del Festival. (Concurso, Panorama, Berlinale Especial, Forum, y Generación).

En Guadalajara, la selección de este año ha demostrado también un alto nivel y un salto de calidad.

Estamos ahora en el primer trimestre del año, aún nos queda mucho por descubrir, pero no obstante ya estamos trabajando de manera intensa en ello. Uno de nuestros programadores estuvo en Berlín y allí logró ver u obtener copias de todos estos filmes latinoamericanos que participaron y que tendremos que evaluar de manera conjunta todo el Comité de Selección para conformar nuestro programa. Comienza ya este trabajo de forma intensiva.

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