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Un canto de despedida a Héctor Babenco

La reconocida actriz Bárbara Paz llega a La Habana estrenándose como directora con el documental Babenco: Alguém tem que ouvir o caracao e dizer: Parou. Una obra poética, de autor, en honor a la vida del reconocido director de cine argentino Héctor Babenco, de importantes obras como El beso de la mujer araña y Carandirú y Pixote. En este documental no convencional, la directora brasileña cuenta la última historia de su compañero con el que asegura haber tenido un encuentro muy especial.  Con su obra, ha recorrido el mundo y fue premiada recientemente en el Festival de Venecia la muestra Venice Classics como mejor documental sobre cine.

¿Por qué decides pasar de ser actriz a directora?

Ya había dirigido algunos trabajos, pero siempre había tenido ganas de hacer mi primer largometraje pues el cine engloba todo, es actuación, música, escritura, pintura, y yo hago un poco de todo eso. Como actriz a veces nos quedamos amoldadas a lo que el productor y el director quieren y en el caso de esta película, que es un film de misión, de necesidad, quise tomar las riendas.  Agradezco a Héctor por haberme “pasado el bastón” como él decía, y lograr este documental donde cuento su última historia y que terminó siendo mi primera película.

¿Cómo sucedió ese encuentro?

Nos conocimos en un festival de literatura y yo siempre disfrutaba que él me contara historias de su infancia y adolescencia. Fue una relación muy linda, intensa, que duro más de nueve años. Hicimos juntos dos espectáculos de teatro y luego construimos esta película, que vimos nacer como nuestro hijo, aunque solo me pudo acompañar hasta la mitad, pues se fue antes de tiempo.  Hay mucho para contar, y lo que no pude poner en la película lo puse en el libro, junto a los poemas que el guardaba desde la adolescencia.

¿Que representa la figura y obra de Babenco en Brasil?

Dependiendo del punto de vista, el representa mucho para Brasil porque él fue el cineasta que llevo el cine brasileño al mundo, a los Oscars y que unió a artistas brasileños y extranjeros. El final de su vida fue difícil, pues Héctor no se quedaba callado, expresaba siempre sus puntos de vista, incluso de política.

 

¿Qué significa para ti estar aquí en La Habana?

A Héctor le encantaba La Habana y este Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Creo que el pueblo cubano ama el cine, esta es una ciudad y un festival de resistencia y es muy bonito estar aquí y ver que Cuba enfrenta mucho y sigue resistiendo. En este momento de nuestro país ver que hay tantas películas brasileñas me resulta muy importante. Me impresioné cuando vi la gala de Mariguella en el Yara y ver aquella sala llena, con el pueblo presente. Siento que ustedes adoran Brasil y se sienten representados por nuestro cine. Cuando le comenté a William Defoe, que aparece en mi documental, que vendría para acá me dijo “ve, que es un festival maravilloso, de público” y eso es exactamente lo que he experimentado.

¿Qué piensas sobre el rol de las mujeres directoras en el cine?

Creo que está llegando nuestra hora, ahora las cosas se están igualando y eso es importante. Creo en la democracia, en la igualdad de derechos de cualquier profesión, independientemente de género y raza.  Nunca había chocado con esta dura realidad hasta hacer una película, siendo actriz tienes tu papel como mujer, pero como directora es más difícil manejarse en un set que es un espacio masculino, machista. Aun así, conseguí salir adelante, luchando y abriéndome camino.

¿Esta obra siempre fue pensada como un documental?

Él no quería que nadie hablara por él, decía: “yo estoy vivo y quiero hablar”. Nuestra obra siempre fue pensada como un documental, pero nunca convencional. Es una historia, no una película sobre su vida, es una despedida, es la historia de nuestro amor contada como un cuento. Hacer este documental fue muy difícil, sintetizar y contar cómo se puede morir haciendo lo que más se ama en la vida. El montaje fue complicado, cambié muchas veces de editor y terminé haciéndolo yo misma con el gran artista visual Cao Guimaraes, que entendió perfectamente que mi obra era un poema visual.

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