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Un Coral de honor para el cronista Manuel Pérez Paredes

Ochenta de los 500 años que recién cumplió La Habana, los ha vivido en esta ciudad Manuel Pérez Paredes, quien encauzó su cinefilia desde finales de 1956 en el Cine Club Visión. Tras un breve período en la Sección de Cine del Ejército Rebelde, integra el núcleo fundacional del ICAIC en 1959 y ejerce las funciones de asistente de dirección de Tomás Gutiérrez Alea en el tercer cuento de Historias de la Revolución, y realiza su primer documental, Cinco picos (1961). Más tarde, participa en un curso impartido por Julio García Espinosa, quien lo selecciona como su asistente en Aventuras de Juan Quinquin (1967).

En el cortometraje que rodó La esperanza (1964), su opera prima como realizador de cine de ficción, está presente el tema de la lucha contra bandidos en la región montañosa del Escambray. En ella estuvo inmerso el personaje real de Alberto Delgado, al que dedica Manuel Pérez su primer largometraje El hombre de Maisinicú (1973). El uso del documental y la estructura dramática parten de las propias vivencias del cineasta vertidas en esta película de amplia resonancia en el público y la crítica, que la seleccionó entre las más significativas producidas por el ICAIC en sus primeras cinco décadas. Retomó en 1977 el tema del enfrentamiento a los bandidos desde otra óptica en Río Negro.

Pero antes, en 1971, Manuel Pérez representó a la primera institución cultural creada por la Revolución como ponente en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura en el que Fidel defendió la política de exhibición cinematográfica, cuestionada por algunos. En 1988 al constituirse tres Grupos de Creación que reunieron a los cineastas cubanos, es designado al frente de uno de ellos y desde ese puesto vela por el balance de los temas y la diversidad estilística en los filmes producidos que oscilan entre títulos tan disímiles como La bella del Alhambra, de Enrique Pineda Barnet, Adorables mentiras, el debut en el largometraje de Gerardo Chijona y Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres.

Manolo –perteneciente a la casta de los fundadores–, cuenta en su haber con 34 ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano, integra el Comité de Cineastas de América Latina y el consejo directivo de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Su filmografía no es demasiado extensa por haber consagrado gran parte de su tiempo a la asesoría artística de documentales, escribir guiones, impartir seminarios y cursos de apreciación cinematográfica, colaborar en la revista Cine Cubano y ser Asesor Artístico de la Productora Cinematográfica ICAIC.

De su filmografía Manuel Pérez admite que las que más le interesan son El hombre de Maisinicú y Páginas del diario de Mauricio. “Por distintos caminos –expresó–, son las dos películas con las que me siento más identificado en el plano de mis intenciones creativas. Coinciden en ser la primera y la última”.

Haber aportado a la historia del cine cubano un título tan significativo como El hombre de Maisinicú, bastaría para ubicarlo entre los creadores más relevantes. Al valorar el legado invisible, la contribución silenciosa a la obra de varias generaciones de cineastas criollos, deudores de su consejo, el jurado del Premio Nacional de Cine 2013 le otorgó ese máximo galardón. El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que desde siempre no puede prescindir de Manuel Pérez Paredes, otorga un Coral de Honor al más lúcido y agudo cronista de la historia del ICAIC desde sus tiempos fundacionales.

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