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Un monasterio para el cine

“Rodeados por el azul turquesa del Caribe azul turquesa, bajo la luna creciente, náufragos de la Utopía, salvados de un mundo de injusticia imperial y de demencia imperial y de demencia atómica”, un grupo de personas dieron por inaugurada el 15 de diciembre de 1986, la Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños.

La escuela de todos los mundos, tiene en sus cimientos, — metafóricos y literales—, las manos de Gabriel García Márquez, Julio García Espinosa, Dolores (Lola) Calviño, Fidel Castro Ruz, Alfredo Guevara, Fernando Birri, Teresa Díaz y otros tantos nombres que la injusta brevedad de este texto no mencionará, pero que el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana homenajeará en toda su amplitud.

 “El problema era aprender”

“El trabajo los primeros tiempos fue muy duro porque empezamos en pañales. Primero el trabajo de crear la Escuela, o sea el edificio, hacíamos trabajos voluntarios que iban desde cargar rastras de losas hasta cualquier cosa que puedas imaginar de una construcción. Yo entré el 5 de diciembre exactamente, supuestamente para trabajar en la imprenta en publicaciones y cuando llegué me dieron un mazo de llaves y me dijeron, tú te ubicas en el edifico de los profesores, y ahí lo primero que hice fue subir y bajar escaleras cada vez que hacía falta abrir un apartamento. Aquello fue horrible, suerte que cogimos el ritmo sino no llegábamos a los 30 años”, rememora Teresa, quien fuera secretaria de Fernando Birri.

“Fernado participaba mucho en los trabajos, incluso los alumnos, que venían con ansias de aprender y de conocer, lo mismo de carpintería que de cine, el problema era aprender. Los estudiantes y los trabajadores participaban en todo.”

Todos los caminos conducen a San Antonio de los Baños

La “fábrica del ojo y la oreja”, como la bautizara en su documento manifiesto el propio Birri, ha gozado de un surreal ambiente, quizás como pocos lugares que surgieron de la utopía latinoamericana.

Para el investigador Luciano Castillo, fundador de la mediateca de la Escuela André Bazin, “se trata de un monasterio para aprender cine. Esa posibilidad de convivencia es lo que distingue a la Escuela. A veces yo me sorprendía pues en el comedor estaba en una mesa Hanna Schygulla, la musa de (Rainer Werner) Fassbinder, en otra Roberto Perpignani, editor de Orson Welles, más allá un fotógrafo que trabajó con Ettore Scola y uno se asombraba de como esos caminos convergían sin tratarse necesariamente de Roma, en un lugar en el que estaba el espíritu de (Cesare) Zavattini.

“Muchos proyectos han surgido de esa convivencia y también no pocas historias de amor, además de muchos equipos de rodaje multinacionales han surgido como fruto de esa comunidad de intereses”, declara el hoy Director de la Cinemateca de Cuba.

En ese sentido Jerónimo Labrada, fundador y director de la Escuela, hasta este año, recalca que cinematografías como la centroamericana, “tuvieron su re-nacer en este lugar”.

La EICTV, es una escuela en tanto lugar de aprendizaje constante, y aunque apartada de ambientes citadinos intenta no aislarse en condiciones de laboratorio, argumenta la coordinadora de la Cátedra Documental, Lola Mayo.

“Me gusta pensar la escuela como banco de prueba, o un lugar en el que uno se puede equivocar en cosas que luego no se puede equivocar fuera. Pero por otra parte no la concibo como una burbuja de la que saldrás y luego vendrá la vida. Porque es que estos años son la vida también y si se hace mal aquí, se hace mal en todo. Aunque los alumnos estén ejercitándose sus películas están yendo ya a festivales, ganando premios y no son consideradas como películas de una práctica de una escuela, están compitiendo en igualdad de condiciones.”

Hablar y preservar el ARTE

Para Castillo el tiempo pasado en la Mediateca fue “una labor apasionante. Tengo la satisfacción de que cineastas como José Luis Berín o Lisandro Duque en Colombia han valorado mucho el trabajo de la mediateca, sobre todo por la posibilidad que brindamos de completar filmografías de cineastas, tener las bibliografías más actualizada posible sobre cine en América Latina y pienso que la mediateca cumple sus funciones como un punto de referencia, tanto para la comunidad de la EICTV, como para investigadores extranjeros interesados en el cine. Además de colaborar con la programación de evento como el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.”

Desde que ese trabajo lo iniciara Fefé Diego y lo continuara por mucho tiempo Edgar Soberón Torchia, “los tesoros que logramos salvaguardar en la mediateca nunca han sido para la Escuela solamente, sino que tratamos de visibilizarlos y que tuviera la mayor promoción posible”, explica el investigador.

“Aunque en la Escuela tenemos un plan de estudio que lleva pensado mucho tiempo. De unos años hacia acá tratamos de insertar dentro de este programa nombres que se destaquen por su personalidad. Nos interesan personas que aparte de cineastas sean docentes para que tengan capacidad de trasmitir y que exploren lo experimental, que hablen de cine ensayo, cine procesual. Que no sea alguien que solo venga a hablarles de narrativa documental y les organiza un plan perfecto para tener una narrativa perfecta en su documental. Sobre todo, porque los alumnos que tenemos desde hace algunos años son bastantes heterodoxos, que valoran el cine diario, el video autobiográfico, pero que no sea solo a partir de una entrevista. Por eso ellos necesitan personas que le hablen de arte, de música”, indica Mayo.

La EICTV ubicada geográficamente en la Finca de San Tranquilino, nunca le ha hecho homenaje a este patronímico, el ambiente que rodea el lugar constituye un recordatorio constante de que la vida es un hervidero de ideas y sensaciones, y que el cine está para que las mismas sean filmadas.

“En las escuelas de todo el mundo el estudiante va por la mañana, se retira por la noche y termina su sesión, explica Castillo. Mientras que aquí en los pasillos de la Escuela se sigue hablando de cine. Nunca se me olvida que el actor Ralph Finnes cuando vino a Cuba, en vez de estar en un hotel en La Habana, prefirió compartir esos días en la Escuela con los estudiantes. Muchos grandes cineastas han preferido esa comunicación directa que se establece con los estudiantes que estar frente a un aula solamente o dar una clase magistral.”

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