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Una isla dos miradas

Foto: tomada del Centre Pompidou

Creo que en Europa están fascinados por lo que está sucediendo en Cuba. Primero, hay un sentimiento romántico, después, un cierto desconocimiento, de manera que la gente sabe pero no sabe exactamente lo que está sucediendo. (…)Hay algo exagerado en todo esto, pero es fascinador para nosotros.[1]

Lo romántico es un concepto que se repite en la relación de Agnès Varda con Cuba. Con ese mismo lirismo regresa la autora de Una canta, la otra no (1977) a la Isla en una retrospectiva fotográfica, que muestra por primera vez en suelo nacional, las fotografías tomadas por la cineasta en el período de 1962 a 1963. Las mismas imágenes que le permitieron hacer Salut les cubains y estrenarlo en 1964.

En una de las salas expositivas del Museo Nacional de Bellas Artes, la muestra Varda/Cuba/Cine exhibe a un Beny Moré, a un Fidel Castro, a una Sara—Sarita para la francesa—Gómez, y muchos cubanos y cubanas que formaron el mosaico histórico de Salut…, también proyectado constantemente en la exposición.

Muy clara en su rol de extranjera, o de “intrusa en el paraíso”[2],  Varda no esconde en dichas fotografías el extrañamiento necesario para declararse una visitante en la Cuba del 60. Tal sinceridad se transmite y trasmuta en el tiempo, que a veces deviene en respeto, otras en un ineludible ojo crítico a un proceso rodeado de entusiasmo, música y baile.

Salut: hola y adiós, cubanos

“(…) el proyecto recrea, entre imágenes fijas y animadas, una tensión que está en el núcleo de la obra de Agnés Varda”[3]. En ese sentido, la cineasta y feminista, ha explicado en muchas ocasiones sus intenciones de romper las barreas entre imagen fija y movida; entre ficción y documental. Es por esto que los momentos de fotoanimación de Salut les cubains buscan indagar además en el movimiento corporal de los cubanos. Cuadro a cuadro la cineasta intenta captar más que un alma individual, un alma nacional que la época reconstruía y exacerbaba como parte de sus mayores ganancias.

La música, columna vertebral de todo un sistema social-cultural que la cineasta retrata en su documental, parece ser el eje de una generación que coreaba Patria o Muerte en una conga al mismo ritmo que entonaba un son.

Junto al tercer ojo que viene a ser la cámara de la Varda, está otro ojo en Bellas Artes, el de Sarita, para la francesa, Sara Gómez para los cubanos.

El Centre Pompidou, ha concebido la expo, y la ha presentado en colaboración con Musée National d’ Art Moderne y el Museo Nacional de Bellas Artes en el contexto del Festival de Cine Francés en Cuba.

Más de un centenar de fotografías, que sirvieron de material inicial a la Varda, dialogan junto a las obras de la Gómez: Guanabacoa: crónica de mi familia (1966); Y tenemos sabor (1967); Una isla para Miguel (1968); En la otra isla (1968); Poder Local, Poder Popular (1970) y Sobre horas extras y trabajo voluntario (1973). La relación que se establece entre los materiales de ambas cineastas no solo completa la representación audiovisual de una época, sino que ilustra el intercambio entre intelectuales de aquí y de allá que generaron una construcción estética y antropológica de un tiempo que aun hoy define vidas y destinos.


[1] Diana Iznaga. Encuentro con Agnés Varda, revista Cine Cubano Nro 11, Año 3, p.4, citado en Intrusos en el paraíso, Juan Antonio García Borrero, Editorial Oriente, p.30, 2015.

[2] Concepto desarrollado por Juan Antonio García Borrero en su más reciente libro, para referirse a los cineastas extranjeros que filmaron en Cuba a los inicios del proceso revolucionario.

[3] Fragmento del texto introductorio del catálogo de la exposición.

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